“Cuando necesites ayuda pídela en voz alta y de un modo que permita aumentar la probabilidad de que el otro diga que sí y que, a su vez, le haga sentir bien por haberte ayudado”, recomienda Heidi Grant, escritora y psicóloga social. Lo explica en un reciente evento TED, durante el cual recuerda que no debería avergonzarnos o hacernos sentir incómodos el hecho de pedir ayuda en cualquier ámbito, incluido el profesional.

Cómo pedir ayuda y que nos digan que sí

En una charla TED que tuvo lugar en junio de 2019 en Estados Unidos, Heidi Grant, experta del NeuroLeadership Institute y del Motivation Science Center de Columbia, habla de la importancia que tiene pedir ayuda a los demás cuando es necesario. Lo ejemplifica de forma sencilla a través de una anécdota vinculada a su propia vida: cuando ella era niña su familia organizó un viaje familiar en coche y en el transcurso del trayecto se perdieron. Su madre y ella misma quisieron pararse y pedir orientación a alguien con el fin de retomar la dirección correcta, mientras que su padre se negó a hacerlo con el pretexto de que no se habían perdido sino que estaban explorando lo que había en ese desconocido lugar. Eso nos demuestra que en varias ocasiones existe una cierta incomodidad a la hora de pedir ayuda pero, ¿cómo puede superarse la inquietud que nos genera el hecho de reconocer que necesitamos a los demás?

Según esta psicóloga social, la manera de sentirnos cómodos pidiendo ayuda es aprendiendo a hacerlo bien. Por un lado, Grant recomienda que la petición realizada sea siempre específica, puesto que si las demandas son imprecisas e indirectas se dificulta que la persona que va a brindar la ayuda valore si esta va a ser útil o no. En este sentido, plantea como ejemplo una situación que se da habitualmente en algunas redes sociales como Linkedin: una persona desconocida te invita, por ejemplo, a tomar un café. En este caso, la persona que recibe la invitación desconoce qué quiere el/la otro/a y qué tipo de ayuda espera. Es por eso que la escritora recomienda que desde el primer contacto se concrete la demanda y se hable con claridad, explicitando el motivo por el cual se ha iniciado la charla.

Además, con el fin de aumentar las probabilidades de que la petición de ayuda sea aceptada, se recomienda evitar las excusas y las disculpas. Por un lado, el hecho de utilizar expresiones como “no sabes cuánto lamento tener que pedirte esto” o “no quiero molestarte” para evitar dar una impresión de debilidad o egoísmo puede tener un efecto contraproducente. Así pues, se puede dar el caso de que quién recibe la petición se plantee por qué debe brindar su ayuda a la otra persona si a esta le disgusta pedirla. Es por eso que Heidi Grant recomienda alejarse de este tipo de actitud, como también desaconseja el soborno.

En este sentido, la psicóloga social afirma que “no es negativo pagar a un extraño para que nos haga favores, pero hay que tener mucho cuidado cuando se incentiva a amigos y a compañeros para que te presten su ayuda”. De hecho, puede darse el caso de que el ofrecimiento de dinero dé lugar a un distanciamiento en la relación personal y, en consecuencia, desaliente la ayuda por parte del otro. Sin embargo, no está mal visto tener un detalle espontáneo para mostrar agradecimiento.

Heidi Grant hace otras dos recomendaciones para aumentar las probabilidades de obtener una respuesta satisfactoria a la petición de ayuda y favorecer que pueda mantenerse la colaboración en un futuro. A pesar de que pedir ayuda a través de canales como el correo electrónico o el mensaje de texto puede resultar más cómodo, es mejor optar por otras vías menos impersonales como el teléfono o el encuentro personal. Además, los estudios respaldan dicha recomendación, puesto que las probabilidades de que alguien acceda a una demanda hecha personalmente aumentan hasta un 30% con respecto a las peticiones formuladas por correo. Por otra parte, Grant plantea la importancia de mantener el contacto con la persona a la que le has pedido ayuda para poder mostrarle los resultados de la misma. En este sentido, recuerda que “lo gratificante de ayudar a otro es saber que la ayuda sirvió, que se ha logrado algo”. Si no se conoce el impacto de la ayuda, ¿cómo puede alguien sentirse gratificado por haberla ofrecido?                                            

En definitiva, no es fácil pedir ayuda pero no podemos pretender que los demás conozcan nuestras necesidades y nos brinden su apoyo de forma espontánea, sin haberlo expresado. Es por eso que debemos aprender a confiar en los demás y debemos ser conscientes de que pedir ayuda no nos hace más vulnerables, ni en la vida personal ni en el terreno laboral. Además, en este último caso, es importante tener en cuenta que en el entorno profesional actual es difícil que alguien pueda desempeñar su trabajo en soledad.

 

Acceso a la conferencia TED Salon: Brightline de Heidi Grant: https://www.ted.com/talks/heidi_grant_how_to_ask_for_help_and_get_a_yes?language=es

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