La amenaza de la automatización del trabajo es algo muy real. El economista inglés Daniel Susskind lo afirmaba en una jornada TED organizada en Darmstadt, Alemania. No obstante, el ponente desmontaba tres mitos sobre la introducción de la Inteligencia Artificial en el mundo laboral y que, aseguraba, no dejan ver con claridad el verdadero futuro de la convivencia entre el empleo humano y el robotizado: los mitos del exterminador, de la inteligencia y de la superioridad.

Tres mitos sobre el futuro del trabajo (y por qué son falsos)

“Sabemos que va a haber cambios, lo que no sabemos es cómo van a ser. El futuro es al mismo tiempo inquietante y excitante.” Así inicia el economista inglés y autor del libro The Future of the Professions: How Technology Will Transform the Work of Human Expert, Daniel Susskind su charla en TED@Merck KGaA en Darmstadt, Alemania.

Como investigador de la influencia tecnológica en el empleo, reconoce que la amenaza de la automatización del trabajo es real, pero igualmente es un fenómeno con sus ventajas. Teniendo en cuenta la incertidumbre, Susskind desmonta en su ponencia tres mitos que impiden ver claramente cómo será este futuro automatizado.

El primero es el mito del exterminador: “Los humanos pensamos que las máquinas vienen a sustituirnos en nuestro puesto de trabajo. Es cierto que en algunas tareas específicas lo pueden hacer, pero en otras nos complementan y nos ayudan.” Según Susskind, ayudan de manera directa, por ejemplo, a los taxistas mediante los dispositivos GPS. No obstante, también lo hacen indirectamente, ya que a medida que el progreso tecnológico se implementa, aumentan la productividad y crecen los ingresos y la demanda.

Después de esta primera leyenda desmontada, Susskind se refiere ahora al segundo mito, el de la inteligencia: “Hasta hace poco, había economistas que predecían que complejas tareas como conducir, hacer un diagnóstico médico o identificar un pájaro no podían ser automatizadas. Pero actualmente lo son. Se equivocaron porque creían que para que una máquina pudiera ejecutar una tarea tenía que imitar la función humana, y no tiene por qué ser así.” El speaker lo ejemplifica con un diagnóstico médico: “Una máquina no interpreta los síntomas subjetivamente como hace un humano, si no que analiza 129.450 casos anteriores en su base de datos y los compara con el actual para extraer el diagnóstico más probable. Eso un humano no sería capaz de hacerlo.”

En tercer lugar, el ponente habla del mito de la superioridad. Para introducirlo, Susskind asegura que quienes se olvidan de las ventajas del progreso tecnológico caen en lo que el economista británico David Schloss denominó “la falacia de la cantidad fija de trabajo”. El speaker explica el concepto con la siguiente historia: “Schloss conoció el caso de un estibador. Éste se sentía mal porque utilizaba una máquina para fabricar arandelas muy rápidamente, esos pequeños discos metálicos que mantienen apretados los tornillos. El trabajador pensó que hacía lo incorrecto porque dicha productividad podía estar privando de empleo a otras personas. Sin embargo, el estibador no veía que al usar la máquina y aumentar su producción, el precio de las arandelas caería, la demanda crecería, surgiría la necesidad de hacer más arandelas y habría más trabajo para sus compañeros. La cantidad de trabajo, en definitiva, aumentaría.” Actualmente se habla de la falacia de la cantidad fija de trabajo para referirse al futuro de todos los empleos. No hay una cantidad fija de trabajo que deba dividirse entre las personas y las máquinas. Sí, es cierto que las máquinas sustituyen a los humanos y así disminuye inicialmente la cantidad de trabajo, pero también los complementan y la cantidad de trabajo final se transforma y aumenta. 

Susskind, de todos modos, desmonta a continuación el mito de la superioridad: “Es correcto pensar que el progreso tecnológico aumenta la cantidad de trabajo. Algunas tareas se valorizan, nuevas tareas aparecen. Pero es incorrecto pensar que necesariamente los humanos estaremos en mejores condiciones de hacer dichas nuevas tareas. Efectivamente, la cantidad de trabajo puede ser mayor y cambiar, pero a medida que las máquinas se hacen más capaces, es posible que asuman esa cantidad extra de trabajo. El progreso tecnológico, más que complementar a los humanos, complementa a las máquinas.”

En definitiva, las máquinas siguen siendo cada vez más capaces, invadiendo cada vez más las tareas realizadas por seres humanos, robusteciendo la fuerza de la sustitución del trabajo por máquinas y debilitando la fuerza de las complementariedades humano-máquina. Y en un punto, la balanza se inclina a favor de las máquinas más que de los seres humanos. Este parece ser el inquietante camino que hoy estamos transitando.

De todas formas, el economista considera que esta incertidumbre también tiene sus ventajas: “Con el despegue de la tecnología y de la riqueza en términos absolutos de los últimos 100 años, se ha conseguido que todo el mundo reciba una porción mayor de la ‘tarta económica’.” No obstante, Susskind asegura que dicho éxito provoca otra cuestión: con la evolución hacia un futuro con trabajo automatizado, o directamente sin trabajo, ¿cómo seguiremos recibiendo nuestra porción? Es el desafío colectivo que hay que enfrentar en un mundo donde, el empleo, el mecanismo tradicional de redistribución de la riqueza, se debilita y puede incluso desaparecer.

Una alternativa como la renta básica universal se empieza a entrever en el horizonte y ya se está ensayando en lugares como Estados Unidos, Finlandia y Kenia.

 

Acceso a la charla de Daniel Susskind en TED@Merck KGaA Darmstadt: https://www.ted.com/talks/daniel_susskind_3_myths_about_the_future_of_work_and_why_they_re_not_true?language=es

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