"Es desagradable ser tú, pero no tenemos otra opción." Así de contundente se muestra el escritor experto en liderazgo Simon Sinek en su alegato para defender la causa millennial, una generación tachada de perezosa, egoísta y difícil de manejar, pero que según Sinek es víctima de las circunstancias. Habla de todo ello en una entrevista para InsideQuest que se ha hecho viral.

La verdad sobre los millennials

He aquí un millennial infeliz explicando por qué los millennials no somos felices. Un poco redundante, lo admito. Se debe a muchos motivos que los jóvenes nacidos más tarde de 1984 tengamos síntomas comunes de estar perdidos en el mercado laboral: falta de rumbo, poca ambición y, sobre todo, infelicidad.

Simon Sinek es un escritor y experto en motivación inglés experto en liderazgo. Ha publicado Start with Why: How Great Leaders Inspire Everyone to Take Action y Leaders Eat Last: Why Some Teams Pull Together and Others Don't, pero lo que realmente le ha lanzado a la popularidad han sido sus charlas TED. Su primera intervención en este acontecimiento fue en mayo del 2010, y ahora mismo su charla sobre Cómo los grandes líderes inspiran la acción cuenta con más de 30 millones de reproducciones, casi nada.

Para nuestro cometido, descifrar a los millennials, Sinek parte de una circunstancia contradictoria, algo muy común en nuestra generación: “cuando consiguen lo que aparentemente quieren, no les hace feliz." Para el motivador inglés, a los millennials nos falta una pieza del puzle que a su vez se puede dividir en cuatro características o razones tangibles: la educación, la tecnología, la impaciencia y el ambiente.

En primer lugar, existe una “estrategia fallida de educación”. A  los miembros de esta generación se les ha dicho desde pequeños que son especiales, que tendrían todo lo que quisieran por el simple hecho de desearlo; algunos recibieron premios pese a no merecerlos o incluso buenas notas solo porque sus profesores no querían enfrentarse a sus padres.

De modo que cuando esta generación crece, se gradúa y entra en el mercado laboral, se da cuenta que no es especial, que no tendrá todo lo que quiere por el simple hecho de desearlo, que los padres no estarán allí para conseguirles un ascenso y que no serán recompensados solo por no entrar en conflicto. Eso construye la falta de confianza y de autoestima característica de la generación millennial.

El segundo factor es la tecnología. Sinek hace referencia a estudios científicos que demuestran que interactuando con las redes sociales y con nuestros smartphones, se segrega una sustancia en el cerebro llamada dopamina. Dicha sustancia es altamente adictiva y también se libera con el consumo de alcohol, tabaco o cuando apostamos. Todos ellos hábitos regulados y con restricciones de edad. De modo que, según las propias palabras de Sinek, no restringir el uso del móvil o de las redes sociales es como "abrir la licorería y decirles a los adolescentes: mira aquí si tu adolescencia te pone triste."

Esto es importante sobre todo porque el  camino de la adolescencia es duro para los jóvenes, que pasan de necesitar la aprobación de los padres a necesitar la de sus iguales. Por ello, en un momento tan importante y estresante de la vida, muchos necesitan aliviar el estrés y si por accidente descubren el alcohol (y el efecto relajante de la dopamina), este se vuelve indispensable para sobrepasar el momento. Cuando esto se transforma en un hábito, se queda programado en su cerebro y, en lugar de acudir a una persona cuando se sienten mal, acuden directamente a la botella o, en el caso de los millennials, al smartphone.

La consecuencia de esto es que toda una generación carece de las habilidades para sobrellevar el estrés y tampoco sabe cómo crear una relación profunda con otra persona. El desequilibrio en el consumo adictivo, demuestra que existe una depresión importante en los millennials. "Y como toda adicción –asevera el escritor inglés- con el tiempo destruirá relaciones, costará tiempo, dinero y hará peor tu vida."

La tercera característica a destacar es la impaciencia. Vivimos en un mundo que mide el éxito a corto plazo, necesitamos recompensas inmediatas para todas nuestras acciones y pensamientos. Algo muy ligado a las redes sociales y a la tecnología, puesto que estamos a un clic de absolutamente todo lo que podamos querer: una cita, una película, unas zapatillas, etc.

Es necesario mostrar a los millennials que todo lo que vale la pena necesita su tiempo, necesita paciencia y requiere esfuerzo. Pasa con las relaciones sociales y también con la satisfacción laboral, donde “no existe una app," afirma Sinek.

La cuarta característica es el ambiente. En referencia a las empresas, Sinek sentencia que a las organizaciones les importa más el año fiscal, que la vida de un ser humano. El ambiente laboral en el que se ven inmersos los miembros de esta generación no les está ayudando a estar más equilibrados, ni a mejorar su autoestima, ni a aprender como relacionarse con otras personas. Y precisamente esa es la clave para Simon Sinek, las empresas deben darse cuenta de la responsabilidad que tienen y trabajar muy duro para "compensar el déficit y ayudar a esta generación asombrosa, idealista y fantástica a construir su confianza."

Tanto para el que escribe estas líneas como para Sinek, la peor parte de todo esto es que los millennials creemos que es culpa nuestra y muy pocos son capaces de huir de esa realidad. Por ello, ante la mediocridad reinante, hoy más que nunca es necesario un liderazgo en el mundo que renueve los valores de nuestra sociedad.

 

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