Todo recorrido supone un aprendizaje aunque el final no sea el deseado. Es por ello que el fracaso no nos debe asustar y debemos aprender a convivir con él, pues acostumbra a ser el resultado más frecuente de toda transformación o intento de cambio. De la gestión de los cambios y de su concienciada elección nos habla el tecnólogo y Decano de Deusto Business School Guillermo Dorronsoro en una interesante charla que tuvo lugar durante el primer TEDxUdeustoMadrid.

Elegir los cambios

La innovación y el emprendimiento fueron los protagonistas del primer TEDxUdeustoMadrid, celebrado en noviembre de 2015 y que tuvo como leitmotiv “Reiniciar”. Una de las voces que se pudieron escuchar fue la de Guillermo Dorronsoro, que defiende con vehemencia la alianza de la universidad con el mundo empresarial. En su charla, el Decano de Deusto Business School nos habló del concepto del cambio, de su importancia para el ser humano y sobre todo de por qué debemos elegir bien cuál llevamos a cabo.

El mundo está en constante reinicio, ante cada cambio volvemos a empezar; la historia no es más que una suma de cambios que propician el “empezar de cero” tras cada transformación o situación desconocida. Pero, ¿cuál es el motor que mueve el mundo y a los que vivimos en él? El ponente cita un libro de Kirmen Uribe, Lo que mueve el mundo, que precisamente acostumbra a referenciar en sus clases en la facultad.

En él, se plantean tres fuerzas motoras del mundo, correspondientes a tres teorías filosóficas distintas: la primera, con Marx a la cabeza, afirma que lo que mueve la historia es la economía, es decir, el dinero; para el principal exponente de la segunda, Nietzsche, lo más importante es el poder, lo que hacemos las personas para conseguirlo y lo que hacemos una vez lo tenemos; y, por último, es el amor lo que mueve la humanidad, según Freud y los partidarios de la tercera teoría.

¿Cuál es la correcta? Pues lo son las tres. Ni nosotros ni nuestro entorno nos movemos por una sola cosa: los tres motores están presentes en nuestro interior, además de otros motores  complementarios que pueden variar dependiendo de cada persona.

Los tiempos cambian y nunca más deprisa que en épocas anteriores, pues la historia se mueve siempre a la misma velocidad. Es nuestra perspectiva la que nos provoca esa sensación de rapidez y de vértigo. Es inevitable: cada vez que vemos que se avecina una transformación o que es necesario cambiar algo, sentimos miedo e incertidumbre.

El ponente explica que existen tres grandes escuelas de gestión del cambio que se basan en ejes diferentes:

1. La primera pone el acento en el liderazgo, en el pastor que tiene que guiar al rebaño que, por su parte, suele oponerse al cambio. El libro de referencia de esta escuela es Leading change, de Potter, que explica cuáles son los cambios que un líder tiene que realizar para transformar la organización.

2. La segunda pone el acento en la iniciativa de las personas, que no esperan que haya un líder que les diga qué hay que hacer. Cada persona puede desarrollar toda su iniciativa en equipo y al mismo tiempo pensar como una sola cabeza. Hace hincapié en la inteligencia colectiva y en las decisiones tomadas en grupo y basadas en el consenso.

3. La última es más introspectiva y toma como base que una organización no logrará cambiar nunca si no cambian las personas que la conforman. Una organización no existe por sí sola, sino que son los empleados quienes la construyen y le dan su esencia. Un país, una organización o cualquier otra institución es incapaz de cambiar si no lo hacen sus miembros, empezando por el propio líder. Para cambiar el conjunto primero hay que cambiar las pequeñas piezas del engranaje.

Al final lo que tenemos es una combinación de las tres escuelas, ya que seguimos necesitando líderes que nos guíen, también nos dirigimos hacia un liderazgo cada vez más colectivo y para llegar a él es importante transformarse internamente.

A lo largo de su carrera, con más de quince cambios de empleo, Dorronsoro se ha dedicado a acompañar a empresas en los procesos de cambio y ha aprendido dos cosas:

1. El motor que mueve los cambios son las emociones, pero éstas son un arma de doble filo. No puedes cambiar nada si no hay implicación emocional pero, una vez construyes con implicación emocional, luego tienes que vivir con ella. Cuando pones el corazón en un tema después se queda ahí enganchado.

2. Una vez que enganchas el corazón a un cambio te das cuenta que siempre fracasas. La convivencia con la frustración que supone fracasar es dura y hay que aprender a vivir con ello: hay veces que fracasas porque no consigues cambiar la realidad, no consigues que el rebaño vaya por donde tiene que ir o que las personas como equipo piensen como una sola cabeza. No consigues los objetivos marcados y esa sensación es frustrante; puedes fracasar por un cambio de dirección, los que te habían dicho que querían una cosa y te habían incitado a que produjeras un cambio, cambian ellos mismos de opinión. Lo que antes servía ahora ya no sirve y vuelves a fracasar; y, por último, se puede dar también que consigas hacer los cambios pero entonces descubras que todavía hay que seguir cambiando. Tienes que levantarte otra vez, reiniciar y trasladar la energía emocional puesta en el cambio anterior hacia otros nuevos cambios.

Dorronsoro concluye diciendo que lo más importante es escoger los cambios por los que queremos trabajar, ya que éstos nos exigirán lo mejor de nosotros, nos desgastarán y puede que no siempre nos satisfagan, ya que es muy fácil rozar la línea del fracaso. Pero si realmente ese cambio era nuestro objetivo y estábamos implicados en él, olvidaremos el fracaso y seguiremos hacia adelante, reiniciando, con el fin de que el cambio se produzca, probando todo tipo de estrategias, pero siempre con corazón. Porque desde la parte racional todo acaba resultando mecánico y lo mecánico no es creativo. Lo más importante es haber elegido un cambio que merezca la pena, que todo el camino recorrido haya sido importante y haya generado un aprendizaje.

Los grandes personajes del primer Renacimiento fueron unos fracasados: Dante Alighieri, expulsado de Florencia; Maquiavelo, precursor de la política moderna, también desterrado; Galileo, juzgado y a punto de ser quemado. No consiguieron cambiar las cosas, lo intentaron pero fracasaron. Sin embargo lucharon hasta el final y se implicaron y por eso hoy son recordados, no por fracasar sino por haber hecho cosas que merecían la pena.

 

También puedes ver la ponencia de Guillermo Dorronsoro en el siguiente enlace: https://www.youtube.com/watch?v=N4ir0hKXnqA

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