Una dulce experiencia de éxito internacional a través de la gestión por competenciasUna victoria del equipo de España en la Copa del Mundo de Pastelería, dos años después de haber quedado penúltima, demuestra que la gestión por competencias puede dirigir hacia el alto rendimiento a equipos de cualquier tipo, tamaño o sector, incluso en el ámbito de la alta gastronomía.

 

 

Pocas veces se olvida el recuerdo de una mala experiencia. Y eso es precisamente lo que ocurrió con el equipo que representó España en la Copa del Mundo de Pastelería 2009. España hizo el peor de sus desempeños quedando, en esa edición, en el penúltimo lugar del ranking de competidores (los mejores 20 países del mundo).

Este fue exactamente el punto de partida del equipo que tomó el relevo de la representación en la competición en el 2011. Su capitán, que era el único miembro que repetía experiencia, entendió que era preciso lograr una notoriedad en la competición para alcanzar el resultado que se esperaba, ganar la Copa del Mundo. Pero ¿qué es lo que España podía ofrecer que no ofreciera ningún otro país? ¿Cuáles eran los elementos diferenciadores de la identidad que podrían contribuir a la construcción de tal promesa?

Rápidamente se tomó conciencia de que el equipo debía crear valor, no sólo para reconstruir la percepción y la opinión de todos los stakeholders de la competición, sino para potenciarla al máximo y para así generar una reputación como nunca España había tenido. Para ello, se diseñó una puesta en escena basada en tres aspectos clave: la cultura “corporativa” del equipo, las competencias (el conjunto de conocimientos, habilidades y actitudes), los comportamientos de sus miembros y la comunicación.

El primer paso consistió en identificar los elementos diferenciadores de la identidad que podrían impactar para crear una ventaja competitiva respecto a los otros equipos. Para ello, se debía entender cuáles eran los factores determinantes del éxito. A través de dicho trabajo se identificaron 5 elementos: profesionalidad, organización, fluidez, impecabilidad y elegancia. Estos factores, atributos o, en definitiva, valores, fueron la base sobre la que se diseñaron las competencias y los comportamientos vinculados a todas y cada una de ellas, que los miembros del equipo debían entrenar para potenciar al máximo su nivel de excelencia.

Además, era preciso construir una propuesta poderosa para responder de forma creativa a los requerimientos del concurso. En un mundo donde imperaba lo masculino (territorio no sólo perteneciente a los hombres), apareció como una gran oportunidad concebir una propuesta desde lo femenino (por supuesto, no sólo concerniente a las mujeres). La idea encajaba a la perfección con un concepto que combinaba de forma alquímica la tecnología con las emociones. Se descubrió una forma de generar un vínculo fuerte entre los jueces, los comisarios, la prensa y del resto de los stakeholders del concurso y el desempeño del equipo español: crear una experiencia tecnoemocional a través del despliegue de todo el talento del equipo. Ese era el valor añadido del equipo, lo que nadie podía ofrecer, lo que les hacía diferentes y auténticos respecto a sus competidores.

Precisamente, al aspecto de la comunicación se le dio una importancia crucial durante las 9 horas de concurso. Entre otras cuestiones, los mensajes que los speakers debían comunicar en el momento del pase de degustación de España estaban planificados y diseñados por el mismo equipo. Se comunicó exactamente lo que se debía comunicar en el momento más conveniente para generar el impacto que se pretendía.

A través de una propuesta consistente, rigurosa y original, el diseño de competencias y el correspondiente despliegue de comportamientos orientados al éxito, y la proyección de liderazgo como elemento dinamizador, se consiguió el resultado deseado. Este equipo de alto rendimiento capitaneado por Jordi Bordas y formado además por Josep Maria Guerola y Julien Álvarez consiguió lo que ningún otro equipo español hizo nunca: ganar la Copa del Mundo de Pastelería incorporando en sus prácticas un sistema estratégico propio de grandes corporaciones.

Esta experiencia demuestra, una vez más, que el modelo de gestión por competencias es una herramienta que aporta valor a los resultados de los equipos en diversos contextos organizacionales y que en el desarrollo de un equipo de alto rendimiento es imprescindible.

 

Para más información:

Bordas Santacreu, Montserrat. "Caso práctico: lecciones sobre equipos de alto rendimiento en la Copa del mundo de pasteleria". Harvard Deusto Business Review, septiembre 2011. http://montsebordas.com/portfolio/harvard-deusto-septiembre-2011

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