Cuando una societadad pone en marcha iniciativas para mejorar la situación de las mujeres, no mejoran solamente éstas si no toda la sociedadHacerlo bien es posible. Admiración y esperanza es lo que me transmitieron Immaculada y Joana Amat con su discurso cuando, el pasado 4 de junio, recogieron el VII Premio Factor Humà Mercè Sala en representación de AMAT Immobiliaris.


(Vídeo en catalán)

Me quedó claro que Imma y Joana son excepcionalmente valientes e innovadoras: adelantándose a su tiempo introdujeron la conciliación laboral y familiar hace 25 años, cuando nadie hablaba de ello y en un sector especialmente masculinizado.

A pesar de no ser fácil, lejos de "tirar la toalla", han persistido en su empeño de hacer de su empresa un lugar humano en el que trabajar, y estaremos de acuerdo en que siendo una PYME, el mérito es infinitamente mayor.

Ello no es fruto de la casualidad ni de modas, sino de un trabajo tenaz basado en Integridad, Coherencia, Perseverancia, Prudencia, Disciplina, Generosidad y Austeridad, valores que definen AMAT, y en mantener la mirada a largo plazo, generando así una empresa sostenible y duradera en el tiempo.

Esta firme apuesta por el valor de las personas las impulsó a mantener la plantilla durante los tiempos difíciles de la crisis económica y a posicionarse claramente contra fórmulas de precariedad laboral existentes en su sector. AMAT es un claro ejemplo de los beneficios de tener una plantilla estable y fidelizada, especialmente cuando se trata de una empresa de servicios que vela por una atención personalizada.

Imma y Joana dedicaron este premio a su madre, Concepción Amigó, quien se quedó al frente del negocio después de enviudar. Joven y con dos hijas, la imagino como una mujer excepcional, una mujer que hace más de medio siglo tuvo el valor de salir del rol en el que la sociedad la encasillaba.

Y así se hizo realidad aquello que explican, entre otras, la Harvard Business School y que las hermanas Amat ilustran perfectamente:


“Hay pocas cosas que tienen un efecto tan claro en la desigualdad de género como el hecho de tener una madre trabajadora”


Esos estudios evidencian que las hijas de madre trabajadora (fuera del hogar) cuando, ya adultas, se incorporan al mercado de trabajo, tienen más posibilidades de desarrollo profesional y mayores ingresos, entre otros beneficios. En cuanto a los hijos, los hombres criados por madres incorporadas al mercado laboral contribuyen más a las tareas domésticas y de cuidado.

Joana e Imma continuaron con la rueda mágica que puso en marcha su madre. Velando para que las mujeres tuvieran oportunidades en el mercado laboral pusieron en marcha políticas valientes de conciliación y así la influencia que Concepción tuvo en sus hijas continúa en las trabajadoras de fincas AMAT y en las hijas e hijos de éstas.

¡Eso es impacto social!

Todo ello me ha hecho pensar en la importancia clave de la generación de referentes para las nuevas generaciones y la responsabilidad que nosotros, como mujeres, hombres u organizaciones tenemos. En la obligación de ofrecer a los que vienen detrás nuestro un nuevo espejo donde poder vislumbrar un mejor futuro libre de estereotipos de género; un futuro donde poder desarrollar todo su potencial.

Concepción lo hizo, Joana e Imma siguen trabajando para hacerlo realidad y, sin duda, las nuevas generaciones Amat seguirán con la tarea. Está escrito en su ADN.

Ellas nos dejan un claro ejemplo de liderazgo femenino; un espejo real en el que, como mujeres adelantadas a su tiempo, muestran lo que tienen que hacer las empresas y, sobre todo, un mensaje:

Hacerlo bien es posible.

No hay excusas y si no, se lo preguntáis.

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