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Workplace by FacebookFacebook ha decidido conquistar un territorio hostil: el mundo laboral donde, a pesar de su juventud, no es un extraño. Por eso, aunque ya existen herramientas parecidas —como por ejemplo Slack o HipChat—, la red social más utilizada del mundo tiene el viento a favor.

Su nomenclatura es conocida. Todo el mundo sabe donde están los iconos en el muro del techo azul: privacidad, visibilidad, notificaciones, me gusta, seguir. Hablando en plata: no hay que hacer ninguna formación. Y es que según un estudio de The Global Web Index, el 80% de los encuestados de entre 16 y 64 años tiene una cuenta de Facebook.

Workplace es gratuita para escuelas y para entidades no lucrativas. Para el resto de organizaciones el coste oscila entre uno y tres dólares norteamericanos, según el número mensual de usuarios activos. Las entidades que se subscriban antes del 1 de julio no pagarán hasta el 30 de septiembre. Las que lo hagan a partir del 1 de julio tendrán un periodo de 90 días de prueba. El precio de Slack y HipChat es parecido, pero estas dos competidoras sí que ofrecen una versión gratuita —con limitaciones. Mientras tanto, Microsoft prepara el lanzamiento de Teams para este año.

Actualmente, unas mil organizaciones han adoptado Workplace, entre las cuales hay grandes nombres como Danone, Booking, Save the Children, Oxfam o Royal Bank of Scotland. Se puede consultar desde teléfonos y tabletas inteligentes.

Una red social en la empresa

La benjamina de Facebook funciona como una red social para las personas con un mismo correo corporativo. En ese sentido, puede cohesionar plantillas geográficamente dispersas, pero también hay el riesgo que genere ruido, puesto que en ella conviven interacciones formales e informales.

Workplace es la sala de reuniones y también es el espacio alrededor de la máquina de café. Esta es una diferencia con Slack, que se organiza en canales para trabajar en un proyecto y que permite que participen personas de otras entidades.

Workplace importa al lugar de trabajo nuestra forma de relacionarnos —en línea— fuera del trabajo. En las redes sociales hablamos con amigos y conocidos, pero también buscamos información, pedimos opinión, formamos comunidades, compartimos una parte de nosotros que pensamos que se lo merece. Hacemos y hacemos ver. Es un lugar donde estamos, donde nos relacionamos. No es una actividad: es un lugar donde llevamos a cabo actividades.

Como sus primas hermanas, puede ser una herramienta de comunicación interna poderosa, pero difícilmente hará desaparecer la sensación de un lunes por la mañana, de un siete de enero o de un uno de septiembre. Muros, grupos, acontecimientos, mensajes privados.

La comunicación en el entorno profesional genera mensajes constantemente. Copos de nieve. Y muchos trabajadores sienten que si interrumpen ese flujo, un alud los sepultará.

Los retos de las organizaciones continúan siendo los mismos en el entorno físico y en el virtual, con o sin Workplace. La tecnología avanza más deprisa que nuestra capacidad para adaptarnos a ella. El entorno es volátil, incierto, complejo y ambiguo. La "modernidad líquida" también impregna la oficina. Ni el ya desaparecido Zygmunt Bauman, padre del término, tenía una respuesta a estos interrogantes. El uso, el abuso y el derecho a la desconexión queda, aquí y de momento, en manos de las organizaciones y de los usuarios.

 

Acceso a Workplace: https://workplace.fb.com/

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