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Resumen del artículo de la Revista Workforce. Una trabajadora nos presenta su opinión sobre la ética de los sindicatos y de las personas asociadas, todo ello acompañado de ejemplos y casos reales. Una trabajadora nos presenta su opinión sobre la ética de los sindicatos y de las personas asociadas, todo ello acompañado de ejemplos y casos reales. Al empezar Alicia Colon destaca que no le desagradan los sindicatos, lo que le molesta son:
  • los trabajadores que al pertenecer a un sindicato empiezan a gandulear
  • que los sindicatos se hacen muy poderosos, incluso para sus propios asociados.
Uno de los primeros trabajos de Alicia fue en una Aerolínea canadiense, en la que el ambiente de trabajo era excelente, así como la relación entre empleados y empleadores. Ninguno de los trabajadores estaba afiliado a ningún sindicato, y uno sindicato hizo su aparición para captar trabajadores. Después de esta aparición nació en las personas de la organización la sensación de temor a perder el trabajo. Nuestra protagonista recomendó no unirse al sindicato por diversos motivos, principalmente por el buen funcionamiento en el ambiente de trabajo dentro de la organización. Tiempo después, Alicia dejo la empresa y entonces se llevó a cabo la unión con los sindicatos, desde entonces se rompió la unidad de la organización, los sistemas de remuneración disminuyeron... Años después trabajó en un call center de un centro de negocios de NY y para trabajar era necesario ser miembro del sindicato. La mayoría de los empleados tenían en espera el máximo número de llamadas, los teléfonos sonaban constantemente, pero nadie tenía prisa en contestar, se tomaban largos descansos, el cliente nunca tenía la razón... Es cierto que no todos los trabajadores que pertenecen a un sindicato responden así, pero en algunas áreas industriales reguladas por agencias gubernamentales, los sindicatos son un anacronismo. Algunas industrias sí requieren una protección de los sindicatos en contra de empleados que sólo piensan en su beneficio en lugar se de ser justos con el trabajo. La autora reflexiona que sería conveniente que los sindicatos hiciesen un esfuerzo para que los trabajadores afiliados hiciesen el trabajo que les corresponde; y a su vez, los empleados tendrían que exigir una mejor motivación por parte de los empleadores. Normalmente los contratos ja prevén condiciones de despido, pero este proceso es innecesariamente lento y costoso. Finalmente decir que existen sindicatos ejemplares, pero también otros que merecen fuertes críticas. En alguna ocasión las huelgas son formas de extorsión. Acceso al artículo completo

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