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El test de la golosinaUn niño recibe una golosina y una instrucción clara: se puede comer la golosina de inmediato, o esperar cinco minutos y comerse dos golosinas. ¿Qué hará? ¿Y qué indica su decisión acerca de su comportamiento futuro? Este sencillo experimento, ideado en los años 60 por el psicólogo Walter Mischel, supuso una auténtica revolución y le convirtió en el primer experto mundial sobre autocontrol. Ahora Mischel explica cómo se puede conseguir el autocontrol y aplicarlo a los retos de la vida cotidiana.

Entrevista al autor: "Hay que educar a los niños para afrontar la frustración", en La Vanguardia del 04/05/2015.


Después de medio siglo de investigación, el profesor de Psicología Walter Mischel, de 85 años, le ha dado un giro a Descartes. Si el filósofo y matemático francés formuló el principio “pienso, luego existo”, Mischel lo ha reescrito: “pienso, luego puedo cambiar mi existencia”.

A mediados de los años sesenta, cuando ejercía en la universidad californiana de Stanford, él y su equipo iniciaron el denominado test de la golosina. En un colegio de preescolar asociado a esa institución, pusieron a los niños en una encrucijada. Uno a uno, los dejaban solos, sin saber que les vigilaban, con un plato con una galleta, otro con dos y una campana en medio. Querían ver su capacidad de autocontrol.

Podían comerse la galleta de inmediato, pero si esperaban, la recompensa sería zamparse las dos del otro recipiente.

Pasaron los años y, en el seguimiento, certificaron que los que más resistieron de niños, de adultos soportaban mejor las frustraciones y el estrés. La editorial Debate ha publicado ahora su libro del 2014, en el que relata ese largo trabajo bajo el mismo título: El test de la golosina.

Mischel reside en Nueva York, cerca de la Universidad de Columbia, donde sigue impartiendo docencia, en un luminoso apartamento con visión panorámica del río Hudson. Luce muy lozano, entusiasmado con su labor.

La lectura de su obra hace pensar en las cosas cotidianas.


El libro ofrece serios trazos para desarrollar las habilidades necesarias que permitan disponer de opciones y no ser víctimas de las golosinas o de las galletas, del alcohol, del tabaco, o de lo que sea. Que dispongamos de la libertad de elegir y decidir.

Invita a la introspección.


Ese es exactamente el punto del libro. Que las personas piensen sobre ellas mismas, como cambiar quiénes son y qué han de hacer si quieren tener un mejor control de la dirección de su vida.

Su fórmula consiste en activar el sistema cognitivo frío (el cerebro) y enfriar el sistema emocional caliente (el impulso). Parece muy fácil, pero...

Lo primero es identificar el problema, el punto caliente. Y se ha de hacer un plan. El autocontrol es una batería de habilidades. Si las desarrollas, serás capaz de utilizarlas cuando quieras.

Por ejemplo, dejar de fumar, como usted hizo.

Pues sí. Lo que no me gusta es ser una víctima. No me gusta que nadie sea víctima. Me gusta tener el control al máximo.

Cada día es un experimento.


Al menos una vez al día. A diario debemos hacer elecciones. No me preocupas tú, sino lo niños que se hallan en condiciones difíciles, con gente que no mantiene sus promesas bajo según que circunstancias.

¿Qué le parece esta cultura tan extendida de decir siempre a los niños “buen trabajo”, aunque sea un verdadero desastre?


Los niños no aprenden a diferenciar entre lo que está bien y lo que está mal. El niño no tiene oportunidad de aprender que si hace algo bien tiene un premio. Aprender sobre las consecuencias, la relación entre lo que hago y lo que consigo, es fundamental en lo que es la educación. Que vean que todo no está bien ayuda a los niños a ver como pueden mejorar. Han de sentir que si hacen un esfuerzo serán mejores. Se debe poner el acento en el esfuerzo y observar lo que desarrollan antes de darles la golosina.

No afrontan la frustración.


No, y es muy importante que cuando tienen cinco o seis años aprendan a encarar la frustración. Lo que intento en este libro es mostrar los caminos por los que transitar para que sea más fácil manejarse en las situaciones difíciles. Los niños pueden aprender a hacer frente a la frustración.

Hay padres que creen que ese autocontrol va contra la creatividad de sus hijos...

Tonterías. Cada persona creativa, cada pintor, escritor o estrella del R&R, sabe que para ser creativo ha de tener disciplina, practicar, concentrarse. La creatividad significa control. La creatividad viene exactamente de la misma parte del ­cerebro que utilizas para el autocontrol.

Sostiene que este autocontrol se educa, se adquiere.


El autocontrol es algo que se puede enseñar. ¡Es más fácil que la aritmética! Las escuelas deben cambiar su currículum e introducir esta materia. En el colegio se enseña educación sexual, ¿por qué no educar en el autocontrol? No es una broma. Si los niños, cuando los motivas, no son capaces de esperar para llevarse dos golosinas, entonces es que no están listos para aprender, carecen de capacidad para estar concentrados. Esto afecta a todo el ciclo y los preparas para fallar.

¿Qué ha cambiado en este medio siglo de trabajo?

Dos cosas. El número de tentaciones se ha incrementado. Pero también tengo la impresión, y hay evidencias, de que los niños desa­rrollan más habilidades de autocontrol gracias a los juegos del ordenador. Les hace usar la parte fría del cerebro.


Mischel, Walter. "El test de la golosina: Cómo entender y manejar el autocontrol". Debate, 2015. ISBN 978-84-99925-04-2

Libro en castellano.

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