La crisis económica está pasando una elevada factura al bienestar psicológico de una sociedad que ha pasado en poco tiempo de la opulencia a la austeridad y, en los casos más extremos, ha sido condenada a la más absoluta miseria. Los efectos de la crisis en el estado de ánimo se pueden aliviar con pensamientos positivos.


Miedos, inseguridad, frustraciones, pesimismo... Son las consecuencias de una realidad que gana en crudeza al no ponerle nadie fecha de caducidad. Y eso agrava aún más el estado de ánimo de las personas. Una sonrisa, una actitud optimista o un esfuerzo personal para alcanzar un pequeño rayo de felicidad son, ante este desolador panorama, valores en alza que pueden ayudar a sobrellevar mejor esta situación. Hay recetas para conseguirlo, y diversos psicólogos expertos en el campo social aportan algunas de las claves para poner la mejor cara posible a tantas adversidades.

Son recetas válidas, aclara la psicóloga Helena de Marianas Ribary, para aquellas personas que tienen las necesidades cubiertas, “pero ahora se ven obligadas a vivir con menos”. Nada que ver con los casos de ciudadanos que carecen de ingresos “para atender sus necesidades básicas, como alimentación, techo o vestido; ahí no hay receta que valga”, asegura esta psicóloga con treinta años de experiencia. “Generar pensamientos positivos –añade– en una persona que pasa hambre o vive a la intemperie es prácticamente imposible”. En cambio, cuando se tienen las necesidades cubiertas, “se puede aprender a vivir con menos”, afirma esta psicóloga. Y esa tendría que ser una lección de obligado aprendizaje entre todos aquellos que, aun pasando dificultades, conservan lo imprescindible para llevar una vida digna.

De Marianas comparte el tópico de que el dinero no da la felicidad, pero en la actual situación está ganando puntos la parte final añadida a esa frase hecha: “Aunque sí que ayuda (el dinero) a conseguirla (la felicidad)”. Y añade: “Ciertamente, resulta más difícil sentirse bien cuando hay que estar constantemente midiendo el gasto y prescindir de actividades deseables”.

En esta crisis económica sobrevenida de la que la mayoría de los ciudadanos no se consideran culpables (apuntan a los políticos, especuladores y sistemas financieros), la situación se agrava por el hecho de que muchas de las personas que ahora están aprendiendo a vivir con menos “recortan cosas que hacían antes, y eso aumenta, y mucho, el malestar”, constata Helena de Marianas.

“Siempre es más difícil bajar que subir, incluso en la montaña, por lo tanto la gente que tiene que recortar su nivel de vida lo pasa peor. Lo que hay que hacer es buscar el lado positivo y, aunque el caviar está muy bien, las patatas también pueden ser un excelente plato si se saben cocinar”, afirma Victoria del Barrio, psicóloga emérita de la UNED. Y un consejo: “Hay que echarle imaginación, coraje y optimismo para pasar la mala racha”.

Andrés Cuartero, coordinador del Servicio de Emergencias del Colegio de Psicólogos de Catalunya, confiesa que puede resultar “grosero y hasta insultante” dar consejos a esas personas que se han quedado, de un día para otro, sin nada y “enlazar palabras que vayan en una dirección positiva, en vez de recurrir a las frases tan escuchadas en la actualidad que sólo destacan lo negativo y las crudezas de la realidad social que nos está tocando vivir”. Pero Cuartero, acostumbrado a trabajar con personas víctimas de grandes tragedias, considera que no hay que darse por vencido y en estos momentos, añade, “hay que lidiar, como nunca, con estas dificultades sobrevenidas para no acabar obsesionados o instalados en un pesimismo derrotista y poco esperanzador”. Y una recomendación básica pasa por “aceptar cuanto antes la situación que tenemos por delante, tolerar la frustración y la incertidumbre, que seguro que aparecerá hoy y también mañana, pero pensar que no estará siempre ahí”, añade Cuartero.

Gonzalo Hervás, doctor en Psicología y cofundador de la Sociedad Española de Psicología Positiva (www.sepsicologiapositiva.es), apunta que una de las manera de “evitar caer en un agujero negro” es mantener una rutina y plantearse pequeñas metas cada día”. Otra “estrategia de supervivencia” es mantener viva la capacidad de disfrutar de las pequeñas cosas, de tomar un café en un sitio determinado, llevar a los niños al colegio, escuchar música... y cultivar el pensamiento positivo. ¿Por qué? “Sencillamente, porque tenemos claro que el pesimismo nos conduce a la desesperación; eso lo sabemos todos y es bueno repetirlo para no olvidarlo”, indica Hervás.

Carmelo Vázquez, presidente de la Sociedad Española de Psicología Positiva, cree que en estos momentos toca “hacer de tripas corazón” y “tirar para adelante”. Eso sí, huyendo del optimismo ilusorio: “Hay que ser conscientes de la situación y, a partir de ella, actuar. Sabemos que el futuro es complicado, pero hay que buscar espacios en los que desarrollarnos. Por ejemplo, los jóvenes tienen claro, o al menos así se lo hemos transmitido, que su futuro será peor que el de sus padres. Puede ser cierto que, al menos, en lo material sea así, pero también es el momento de reconstruir nuestras vidas, hacerlas más humanas, darles otras prioridades... Quizá, al final, esa generación viva mejor que sus padres en términos de bienestar personal”.

Vázquez insiste en la necesidad de afrontar las dificultades sin hundirse, porque “no vale de nada” y sólo conduce a la depresión. ¿Cómo hacerlo? “Jorge Semprún contaba que sobrevivió a los campos de concentración porque cada día se ponía como meta lavarse la cara; ese sencillo gesto para él significaba mantener su dignidad”, señala.

Y un consejo importante: “Las riendas de tu vida las llevas tú, no puedes permitir que tu vida sea dominada por Rato o Botín. No le des más carne al enemigo”, recalca Vázquez. Victoria del Barrio recuerda que “la ciencia muestra que los optimistas lo tienen mejor en la vida: se ponen menos enfermos, les va mejor en el trabajo y les va mejor con la pareja”. Así que recomienda una sonrisa ante el mal tiempo, puesto que, aunque lo último no lo controlamos (por ahora), la expresión de la cara y nuestra actitud “sí dependen sólo de nosotros”

El buen humor, instrumento para salir de la crisis

Gonzalo Hervás, doctor en Psicología, profesor de la Universidad Complutense de Madrid y cofundador de la Sociedad Española de Psicología Positiva, cree que el pesimismo instalado en la sociedad española tiene mucho que ver con la percepción de que el poder político y social controla los hilos, impidiendo al ciudadano ejercer control alguno. Sin embargo, Hervás tiene claro que el optimismo es uno de los instrumentos clave para salir de la crisis. ¿Cómo? Si el gobierno de turno diera a los ciudadanos lo que quieren –más justicia social y actuaciones regidas por la ética–, eso despertaría un estado positivo generalizado en todos los sectores, tanto empresariales como de los trabajadores, e incluso entre los parados. Y esto movería la economía, dinamizando el consumo... “Está más que comprobado que el estado de ánimo influye en la economía. Si los gobiernos ejercieran una política valiente, con miras altas y un grado de ambición, darían un balón de oxígeno a los ciudadanos”, señala Hervás. En este momento, el estado de ánimo en España está muy deteriorado, entre otras causas porque los ciudadanos se sienten impotentes ante una situación que no controlan y en la que no participan.



Recetas para el optimismo

Hay técnicas para ver la vida con optimismo que permitan sobrellevar esa nube negra que a veces gravita sobre el individuo? Los expertos aseguran que sí y que, además, no son nada difíciles de poner en marcha, aunque deben ir acompañadas de la voluntad y el deseo de cambiar. Quizá esta última sea la parte más difícil. Antonio Grego, doctor en Psicología y autor del blog Psy’n’thesis, y Andrés Cuartero, coordinador del grupo de emergencias del Colegio de Psicólogos de Catalunya, proponen algunas recetas para intentar ser optimistas en tiempos difíciles:

Practicar el mindfulness o atención plena
. Focalizar la atención en el momento presente, en el aquí y ahora, mientras se dejan fluir sensaciones y pensamientos, o concentrarse en un estímulo externo. Por ejemplo, focalizar la atención en la respiración, tomando conciencia del ciclo de inspiración-espiración y de las sensaciones asociadas (cómo entra el aire frío, se expande el tórax...). La base de esta técnica es que “muchas veces la razón de la infelicidad está en que nos obsesionamos con el pasado o el futuro y nos olvidamos de vivir el presente”, explica Grego.

Gratitud. Reservar un momento cada día para pensar o escribir aquellas cosas que nos han ocurrido durante la jornada por las cuales nos sentimos agradecidos. “El fundamento de esta técnica está en reorientar nuestra atención y nuestra memoria hacia acontecimientos positivos que de otra forma nos pueden pasar desapercibidos”, señala Grego. En esta línea, Cuartero recomienda “valorar lo que tenemos de positivo. Ya sabemos lo que no tenemos, lo que nos preocupa, y no porque le dediquemos más tiempo va a desaparecer aquello positivo que hay en nuestras vidas, en nuestro entorno, en las personas que queremos y que nos quieren”.

Alejarse del foco del problema temporalmente. Poner distancia entre nosotros y lo que nos preocupa, darnos permiso para no estar encerrados en un círculo vicioso. Podemos fijarnos rutinas que nos alejen, aunque sea temporalmente, del foco de los problemas. Además, Andrés Cuartero recomienda no sobreexponerse a los pesimistas natos, puesto que no necesitamos que nos digan a todas horas lo mal que está todo.

Tiempo para actividades placenteras.
También ayuda a mejorar el estado de ánimo el hecho de reservar cada día un tiempo para realizar una actividad que resulte placentera (cocinar, pasear, leer, ver una película...). Hay dos tipos de actividades que parecen especialmente eficaces: realizar ejercicio físico y actividades que implican interacción social (con la pareja, los amigos, la familia...).

Trabajar los pensamientos. Una característica de las personas deprimidas es que presentan un estilo cognitivo conocido como “tríada de pensamiento negativo” sobre uno mismo (“no valgo para nada”), los demás (“la gente no me quiere”) y sobre el futuro (“esto siempre irá a peor”). Un objetivo para mejorar el ánimo es dar la vuelta a esos pensamientos y convertirlos en otros positivos referidos a uno mismo (“soy capaz de salir adelante”), los demás (“hay gente que me quiere y me ayuda”) y el futuro (“¡esto va a salir bien!”). Una forma de promover este cambio positivo es tratar de recopilar evidencias en el día a día que hablan a favor de estas frases más optimistas.

Solidaridad. Los actos prosociales o altruistas tienen efectos beneficiosos no sólo para quien los recibe sino también para quien los hace. Ayudar a otros refuerza la autoeficacia, fortalece las relaciones sociales y aumenta las posibilidades de obtener refuerzos.

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