Si pasa buena parte de su jornada laboral enganchado a las redes sociales, respondiendo correos electrónicos o atrapado en Internet tiene motivos para ser un obeso digital. Este diagnóstico puede tener consecuencias nefastas para su salud personal y laboral.

Hace no muchos años, algunos conductores se jactaban de hacer un recorrido en tiempo récord. Ahora, como poco, se les tilda de kamikaces. Algo similiar puede suceder con aquellos que presumen, sin ningún criterio, del número de seguidores que tienen en Twitter o de lo que han descubierto en Internet, pensando que eso les convierte en héroes mediáticos. Los expertos auguran que si no tienen cierta mesura en poco tiempo serán tratados, como poco, de bichos raros.

Algunos de estos fanáticos de la red consiguen controlar su adición haciendo un régimen digital muy saludable: se conectan cada día sólo durante un periodo de tiempo o simplemente se lo toman como un momento muy gratificante para su creatividad. Otros, sin darse cuenta, se convierten en obesos digitales: la red consume su tiempo y su energía. Puede ser su caso, si pospone su trabajo para actualizar su estado en las redes sociales o participar en foros online que no le aportan nada desde el punto de vista profesional.

Tampoco conseguirá mantener a sus amigos o atraer la atención de sus familiares si consulta su smartphone de manera compulsiva. Ser capaz de gestionar las numerosas capas de información es un reto. Hasta el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, advirtió hace un par de años sobre ello en un encuentro con estudiantes: “Estamos continuamente bombardeados con toda clase de asuntos que nos exponen a distintas argumentaciones cuya veracidad es, por lo menos, dudosa. Con los iPod, iPad, Xbox y PlayStation la información se convierte en una distracción, en una forma de diversión más que en una herramienta de emancipación”.

Manuel Armayones, profesor de estudios de psicología de la UOC, ha estudiado a fondo esta situación y reconoce que “se necesitan otros métodos para acometer las nuevas tecnologías. Somos reactivos, no proactivos. A muchas personas les cuesta desconectar totalmente y les es imposible pasar unos minutos sin estar pendientes de su smartphone o atendiendo mensajes”. El profesor recomienda hacer un autoanálisis: ¿Realmente necesita tres móviles y varias cuentas de correo? ¿Qué pretende con ello? “Hay mucho ego y una necesidad constante de reafirmación. Parece que tener más seguidores es símbolo de poder, como las empresas que establecen sus oficinas en la cumbre de altos edificios”, asegura Armayones.

Una de las recomendaciones para evitar esta necesidad de autoestima digital la hace Andrés Pérez, consultor en posicionamiento personal: “Accedemos a casi todo sin un filtro adecuado por el desconocimiento de lo que se busca y de lo que nos proporciona cada herramienta. No es lo mismo LinkedIn que Facebook, o un blog que Twitter. Unos son más profesionales y otros, como los blogs, son menos populares pero generan una percepción de autoridad más grande”.


Cuestión de actitud

Sin embargo, a menudo el peligro no reside tanto en la elección de determinada red como en la actitud. Si desarrolla buena parte de su trabajo como usuario de las nuevas tecnologías, uno de los problemas de tenerlo todo abierto es que llegan peticiones de todo tipo, consejos para hacer tesis doctorales, recomendaciones, etcétera. “Hay personas que no contestar lo consideran una falta de educación, pero no lo es. Lo que no está bien es hacer peticiones a alguien que encuentras en la red y no valorar su esfuerzo. El 2.0 es un canal de dos vías, pero eso no implica estar pendiente de peticiones que ni son tus clientes, ni están en tu círculo, ni encajan en tu modelo de negocio”.

Vicente Condés es director de márketing y relaciones institucionales de APD, y piensa que con la suficiente mesura, las nuevas tecnologías son una herramienta muy útil: “No tengo siempre el teléfono a mano cuando llego a casa, ni leo por la noche los correos o sms; pero tengo la posibilidad de hacerlo cuando es urgente, lo que me permite atender tareas sin ir a la oficina. La tecnología es un medio, nunca un fin”.

La actitud de Condés recoge los principios básicos para una dieta digital sana. Lo más recomendable es practicarla porque, como recuerda el profesor Armayones, la obesidad digital es contagiosa: “Si está continuamente enganchado, responde a los mensajes por impulso y mantiene sus redes sociales en continua actividad acabará relacionándose con adictos tecnólogicos como usted, una rueda de la que puede ser muy difícil escapar”.

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