Un estudio indica que en España no sobran estudiantes universitarios, tal como insinuó el ministro Wert recientemente, sino que la universidad debe ganar eficiencia racionalizando su oferta de titulaciones y arbitrando mecanismos para combatir el bajo rendimiento de algunos alumnos. Según el estudio, sigue valiendo la pena realizar una carrera, ya que el título facilita la búsqueda de empleo.

El sistema universitario en España vuelve a estar bajo los focos: mañana jueves el ministro José Ignacio Wert explicará a las comunidades cómo reducir las partidas para educación superior y contribuir así al recorte de 3.000 millones de euros, mientras que hace apenas una semana el Gobierno dio por abierto el proceso de reforma universitaria con la creación de un comité de expertos. La Fundación BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE) se sumaron ayer al debate mediante un estudio sobre la universidad y el sistema productivo. Los autores abogan por que, para ganar eficiencia, es imprescindible que la universidad racionalice su oferta de titulaciones y que se arbitren mecanismos para combatir “el bajo rendimiento académico de parte del alumnado” (los estudiantes de las universidades públicas no se presentan a los exámenes de una de cada cinco asignaturas de las que se han matriculado).

Ambas propuestas están en sintonía con lo defendido por el ministro de Educación; sin embargo, disienten con el reiterado discurso de Wert en el que insinúa que hay muchas universidades y critica el desequilibrio entre graduados y titulados en FP de grado superior. “En España no sobran alumnos ni titulados universitarios. El problema de las universidades no es ni su número ni su tamaño”, afirmó Francisco Pérez, director del estudio Universidad, universitarios y productividad en España. El trabajo destaca que la oferta de títulos con pocos alumnos no es homogénea: en ciencias experimentales, el 31% de las carreras tiene menos de 40 alumnos de nuevo ingreso, frente al 42% en las enseñanzas técnicas y el 50% en  humanidades.

A pesar de la situación económica, concluyen que los estudios universitarios “siguen valiendo la pena”. Tal como apuntó Lorenzo Serrano, otro de los autores del estudio, “el título universitario facilita encontrar trabajo y, una vez obtenido, protege de los riesgos de perderlo, y propicia una carrera profesional a lo largo de la vida, con mejores empleos y mejores salarios. En época de crisis tiene aún más valor”. Por ejemplo, respecto a un trabajador con estudios medios, un titulado universitario gana un 10% más por cada año adicional de estudios realizados. Los autores de la investigación reconocen que el paro también está golpeando a los universitarios y muestran su preocupación por que la crisis suponga un freno para la  necesaria adquisición de experiencia.

El estudio matiza también que hay ramas del conocimiento con mayor empleabilidad que otras. Y los estudiantes deben estar mejor informados al respecto, afirman. Según sus datos, un graduado en ciencias de la salud o ingeniero tiene una probabilidad de ser activo 17,5 y 15,5 puntos mayor respectivamente que un graduado en humanidades.

Además de analizar el sistema universitario, el informe hace una serie de recomendaciones. Son partidarios de la especialización de las universidades, para que se decanten por la docencia opor la investigación, “como ocurre en otros países”. Y en cuanto a la necesaria internacionalización, piden que se actúe “con ambición y con realismo” para analizar “cuántas universidades pueden ser globales”.




Medicina empieza en cuarto de la ESO

ANA MACPHERSON

Como está terminando el quinto curso de Medicina en el Clínic (Universitat de Barcelona), ya ha contratado la academia donde en octubre iniciará la preparación del examen MIR para conseguir la especialidad que quiere, y al que se presentará quizá en enero del 2014. Todo va bien. Es ese el ritmo de Medicina. Desde los 16 años.

Andrea Sallent es buena estudiante de siempre, “aunque era de las peores entre los que entraron en el Clínic en mi año, porque la nota mínima era 8,5 y yo conseguí un 8,6. Creo que fui de los pocos que tuvieron que pagar matrícula, la mayoría estaba exenta por nota”, advierte para que se sepa el escenario en el que se mueve. Ella quiere dedicarse a la cirugía: en trauma o urología. Cuando tenía 16 años pudo asistir a una operación en un gran hospital gracias a la madre de una amiga que era la cirujana. Y quedó prendada.

sí que decidió hacer el bachillerato científico sanitario y pelear por subir nota en la selectividad, porque su media de 8,3 no era suficiente para alcanzar su objetivo. “Por si acaso hice los exámenes para ir a Pamplona, que no pedían esa nota porque es privada, y también para ir a Estados Unidos. Me aceptaron en Vanderbilt. Quería hacer Medicina a toda costa y en Catalunya, de las ocho facultades que hay, cuatro pedían más de 8”.

Pudo matricularse en la Universidad de Barcelona y entrar en el Clínic, para ella, su mejor opción. La única duda le sobrevino en primero, cuando tuvo su primer suspenso, en Bioquímica. “Si no llega a ser por Anatomía y por los ánimos de un profesor, quizá lo hubiera dejado”. Ha pasado por cuatro hospitales en las prácticas, Dedica cada día entre ocho y diez horas a prácticas, clases y estudio. “Aparte, trabajo en otras cosas para conseguir algo de dinero; piensa que mientras yo busco academia, mis amigas ya buscan trabajo”.

El año próximo, sexto y preparación de MIR. El siguiente curso, intensivo MIR y el examen, probablemente en enero del 2014. Ese mayo, si todo sale según lo previsto, comenzaría a trabajar como residente de traumatología o de urología. Cinco años de especialidad, y al mercado. “Espero que no esté como ahora, que terminan el MIR y muchos no tienen trabajo: no hay guardias, ni quirófanos de tarde...”. Recortes. Durante las prácticas ha detectado un ánimo muy bajo entre los profesionales. “El cardiólogo te dice que no te dediques a lo suyo, que están fatal, lo mismo cada especialista. Sólo se oye que esto no tiene futuro. Confío en que mejore la situación y sigan necesitando traumas. No puedo, ni tampoco quiero, cambiar de ruta”.

¿Demasiado largo? “No, al contrario. Se me hace corto para todo lo que tengo que aprender. Trabajo con la salud de las personas”. Y cuando termine se plantea pasar dos o tres años fuera. “Ya me he comprado los libros para los tres exámenes que exigen para ejercer en EE.UU.”.

Los estudiantes de Medicina piden que se reduzca el número de alumnos. En el 2005 creció para atender la falta de profesionales y ahora el escenario ha cambiado mucho. Cada año se licencian 4.500, pero hay cursos con 7.000. Y las plazas de MIR se han reducido un 8% en Catalunya.




"Renunciar a la vocación es un error"

SALVADOR ENGUIX

Dice Alicia Gallego que en muchas ocasiones se pregunta si hubiera hecho la carrera de Periodismo conociendo como conoce ahora la realidad laboral de esta profesión, pero que no tiene una respuesta clara. Que no sabe tampoco qué contestar cuando algún conocido le pide consejo sobre cursar o no estos estudios de grado en esta o en otra titulación de humanidades. “Mi primera reacción siempre es decirle a esa persona que opte por unos estudios técnicos, pero después lo pienso bien y reconozco que si uno tiene vocación debe dar respuesta a esa vocación o cometerá un error personal importante”.

Alicia Gallego, natural de Torrent, Valencia, tiene 21 años y cursa cuarto de grado de Periodismo en la facultad de Filología de la Universitat de Valencia. Logró plaza en la universidad pública gracias a las excelentes notas obtenidas en los estudios de bachillerato y selectividad. Sus calificaciones actuales son muy buenas y se la puede valorar como una alumna brillante. “Siempre quise ser periodista, desde pequeña, y antes de matricularme sabía ya que las salidas profesionales eran pocas, incluso mi familia me insistía en que cambiara la opción, ya que con mi nota podía tener otras posibilidades como Medicina, que quiere cursar mi hermana, o alguna ingeniería”.

Con el tiempo, el escepticismo inicial ha ido a peor. Porque, como subraya, el mercado laboral “ha empeorado mucho en general, pero especialmente en periodismo” y, además, “la carrera ha sido un tanto decepcionante en cuanto a los contenidos”. A pesar de esto, dice respecto al tiempo en la universidad y los estudios de grado: “Me han enseñado que debo buscarme la vida, que debo ser yo quien ha de observar las salidas, y estar preparada para adaptarme”.

Esta estudiante defiende que el mercado laboral no debe condicionar en exceso la existencia de un tipo de titulaciones. “¿Tendría sentido que desaparecieran las humanidades?”. “Yo creo que no, porque son tan necesarias e importantes como las ingenierías o las carreras técnicas”, responde. Pero asume que “no tiene lógica” que se oferten en exceso plazas en determinadas carreras “sin tener en cuenta a ese mismo mercado laboral”. Y añade que no vale la pena “lanzar al mercado cada año 300 periodistas en la Comunidad Valenciana o 500 abogados si las tendencias profesionales son otras y cuando no sólo no se crean puestos de trabajo, sino que los que hay se destruyen”. E incluso considera que “en ocasiones hay disciplinas en las que apenas se ofertan plazas, o apenas hay titulaciones, y sin embargo tienen más salidas laborales”.

Alicia Gallego ha financiado todos sus estudios con una beca. Y lucha por encontrar alguna opción de trabajo aunque sea de fines de semana, para “ganar un dinero” que le “permita ampliar estudios”. Ahora está estudiando la posibilidad de ir a Madrid a mejorar su especialización dentro del área de la comunicación. “Soy consciente de que sólo con el grado de Periodismo no voy a ningún lado”. Pero sueña, eso sí, con la posibilidad de poder ejercer de periodista. “A pesar de todo, es lo que sigo queriendo ser, por mucho que intenten quitarme la ilusión”.

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