Los expertos en recursos humanos recuerdan que, también en crisis, hay que mimar a la plantilla. El mensaje es claro: hay que cuidar al talento para lograr una mayor retención cuando acaben las dificultades económicas. Para ello es importante generar una cultura organizacional que favorezca la conexión de los trabajadores con el proyecto de la compañía.

Antes de la crisis estaba muy de moda hablar del talento: las empresas sabían que para triunfar necesitaban atraer a los mejores profesionales, y cuidarlos para que no se fuesen a la competencia. Ahora, en cambio, no se habla de personas sino de números: cuántos euros debe recortarse el presupuesto del departamento, en qué porcentaje se va a reducir la nómina, cuántos puestos habrá que recortar en el próximo ERE… Mientras, los expertos en recursos humanos (RRHH) insisten en un mensaje que ya nadie parece escuchar: empresas, cuidad a vuestros empleados porque lo que les hagáis durante la crisis se os puede girar en contra cuando acabe.

“Sólo saldrán de la crisis las empresas que sean capaces de cuidar el talento y ser creativas en sus políticas de recursos humanos”, aseguraba hace unos días Ricardo Alfaro, presidente de la Asociación Española de Dirección y Desarrollo de Personas de Catalunya (Aedipe), en el I Foro Barcelona para el desarrollo del talento y productividad de las organizaciones, organizado por la propia Aedipe. En un contexto donde los responsables de RRHH se ven obligados a estar pendientes de los resultados a corto plazo, el foro recordó la importancia de que las empresas vean más allá y piensen en su competitividad futura. “No es que las personas sean el factor más importante de una organización, es que son la organización –recuerda Alfaro–. Los directores de RRHH estamos ahora centrados en la dirección de corto alcance, en reajustes que ayudarán a la empresa a acabar el año, pero no a que sea más competitiva a largo plazo”.

Para cambiar esa visión, los expertos que participaron en el foro lanzaron algunos consejos a las empresas: ahora, más que nunca, hay que generar una cultura organizacional que favorezca la conexión de los trabajadores con el proyecto de la compañía. “Pero no tiene sentido pedir compromiso a los empleados si la propia empresa no les da confianza: ahora hay más compañías poco comprometidas con sus trabajadores, que empleados poco comprometidos con su trabajo”, advierte Marcos Urarte, director y consultor estratégico en Pharos.

Según un estudio de Mercer, en España el 30% de los trabajadores está considerando dejar su organización. “Las consecuencias para el negocio de esta erosión de la confianza de los empleados podrían ser significativas –explica Rafel Martínez, socio de Mercer–. Los empleados que se quedan están menos comprometidos, lo que genera problemas potenciales de rendimiento, productividad y clima laboral”.

Por tanto, los profesionales no son los únicos que deben poner de su parte para superar la crisis. “La única forma que tiene una empresa de progresar es dejar que fluya el talento, y para que eso suceda la propia organización debe crear las condiciones adecuadas”, explicó en el foro Pere Ribes, director de recursos humanos de Catalana Occidente. Para ello, según Ribes, la empresa debe dar confianza a sus profesionales, por ejemplo delegándoles responsabilidades; y orientarles en su actividad, dejándoles claro qué espera la empresa de ellos y ofreciéndoles feedback sobre su trabajo. “Además –destaca Ribes–, la empresa  debe ser coherente, y para ello los directivos deben estar al servicio de sus colaboradores y ser un modelo que seguir para el resto de la plantilla”.

 


General Francisco Gan, ha dirigido una expedición al polo Norte

“Ante la adversidad, hay que gestionar muy bien a las personas”

“En época de adversidad, gestionar las personas que integran una organización es básico para triunfar”. Esta máxima es aplicable a una empresa pero también a una expedición de aventura. Lo dijo en el I Foro Barcelona para el desarrollo del talento y productividad de las organizaciones el general Francisco Gan, director de la Academia General Militar de Zaragoza y participante del programa Al filo de lo imposible, que ha conquistado el Everest y los dos polos. En Barcelona y ante directores de recursos humanos, Gan habló de su expedición al polo Norte para demostrar la importancia de cuidar a las personas que forman un equipo. Gan llegó al polo Norte junto a tres personas cuidadosamente escogidas. “Como en cualquier empresa, la selección fue muy exigente y se basó no sólo en su competencia técnica sino también en la calidad humana, el carácter y la capacidad de trabajo en equipo”, explicó. Competencias imprescindibles para superar los 60 días que debía durar la expedición, caminando 18 kilómetros diarios sobre el peligroso suelo del Polo. Las condiciones del hielo no fueron las esperadas, lo que trastocó los planes del grupo dificultando su avance. “Ante la adversidad hubo que sacar la capacidad de adaptación, por ejemplo para dosificar los alimentos”, explica Gan, haciendo un paralelismo con la flexibilidad que debe mostrar la empresa en época de crisis. No fue el único escollo: la frustración de los aventureros y la atomización del grupo en ciertos momentos de la marcha obligaron a Gan a buscar motivación para el equipo. “Los problemas se solucionaron hablando, animando a los compañeros a fijarse en los demás, y en algunos momentos críticos hizo falta disciplina para mantener las buenas relaciones”, reconoció Gan. Al final, la meta polar les trajo la última lección, también aplicable a las empresas: “Hay que evitar la intoxicación del laurel y agradecer a todos los que han contribuido al éxito”.

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