Ramon Aymerich: "Hay una cosa clara: la manufactura es trabajo. Y en un momento en que Occidente se ha quedado sin demanda, la industria es la única capaz de crear empleo."

La industria manufacturera puede parecer el pasado, pero no hay otra actividad capaz de crear tanto empleo.

El otro día, el socio del bufete de abogados que ha diseñado las últimas operaciones industriales en Catalunya, la compra de los activos de empresas multinacionales como Sony o Sharp por grupos locales como Ficosa o Cirsa, dibujaba sobre un papel los elementos en juego. Estaba la empresa multinacional que se marchaba y dejaba instalaciones y plantilla; estaban los grupos locales dispuestos a hacerse con lo que dejaba atrás la multinacional siempre y cuando obtuvieran a cambio herramientas tecnológicas que les permitieran hacer el salto a otras actividades con más contenido innovador. Y había todavía un tercer elemento, el compromiso con el territorio donde la fábrica estaba instalada. O dicho de otra manera, los puestos de trabajo.

Hace sólo quince años un planteamiento como este, donde se juega con la complicidad de todos los actores y de la administración, habría sido imposible. Las empresas industriales se marchaban. Decían que era inevitable y la huida se veía como un mal menor en plena burbuja inmobiliaria. En la mitad del 2000, cuando Samsung, Lear y otras compañías deslocalizaban, el trabajo básico de los sindicatos era negociar y organizar la percepción de las indemnizaciones.

Hoy eso no sería posible. Esta crisis nos ha hecho conocer de manera dolorosa la importancia de un empleo. Muchos economistas piensan que la política industrial es pura nostalgia: el futuro, razonan, está en la economía del conocimiento. No tiene sentido, por tanto, malgastar recursos para frenar una tendencia inevitable... las economías ya se adaptarán y encontrarán su especialización. Pero ese día no llega (¡Silicon Valley revoluciona el mundo, pero Facebook sólo da trabajo a 2.000 personas!) y los gobiernos más inteligentes no tiran la toalla.

En Michigan, la administración Obama ha invertido 2.500 millones de dólares para crear una gran concentración de empresas dedicadas a la fabricación de baterías de litio para el coche eléctrico y otras industrias. ¡Han llegado a comprar fábricas coreanas porque en los Estados Unidos ya no quedaba nadie que supiera cómo funciona eso! Ahora ellos (y nosotros también), descubren que haber permitido en los 80 y 90 que muchas actividades "emigraran" a Asia, ha impedido entrar ahora en nuevas tecnologías.

Hay una cosa clara: la manufactura es trabajo. Y en un momento en que Occidente se ha quedado sin demanda, la industria es la única capaz de crear empleo. "Las grandes compañías americanas de los últimos años han puesto el foco en la investigación y la definición del producto... eso ahora ha cambiado. Hay muchos sectores donde estas actividades van estrechamente ligadas a la producción" dice Suzanne Berger, del MIT. Quizás ha llegado la hora de ser más ambiciosos. Ya no basta con defender lo poco que queda. Es hora de pasar a la acción. Y buscar el empleo allí donde está.

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