5.000 entidades de raíz alternativa y dedicadas a la acción solidaria, que implican a más de 100.000 personas, fundan una red europea en Barcelona. Se reivindican como solución a la crisis porque, dicen, trabajan justo de forma contraria a la de las empresas que -aseguran- son las causantes de la actual crisis.

Cooperativas agrícolas autogestionadas, empresas o fundaciones de inserción laboral, entidades que se dedican al reciclaje apoyadas en el trabajo de personas discapacitadas, cooperativas de consumo, banca ética, mercados de intercambio, canales de comercio justo, turismo responsable, proyectos de desarrollo local, centros de recursos... Son ejemplos de economía social y solidaria. En toda Europa hay 5.000 empresas, cooperativas o iniciativas de este tipo (con 100.000 personas directamente implicadas) y acaban de fundar una red en Barcelona.

Ha sido durante el Congreso Fundacional de la Red Intercontinental de Promoción de la Economía Social y Solidaria, que ha reunido a 150 representantes españoles, de Alemania, Austria, Bélgica, Flandes, Hungría, Italia, Luxemburgo, Portugal y Suiza. Se reivindican como solución a la crisis porque, dicen, trabajan justo de forma contraria a la de las empresas que -aseguran- son las causantes de la actual crisis.

El director de Arç Cooperativa y coordinador del congreso, Jordi Via, explica que, sea cual sea la personalidad jurídica de las entidades de economía social, comparten tres aspectos: "Una gestión democrática y participativa, orientan su actividad a la satisfacción de las necesidades de las personas y contribuyen a la mejora de la sociedad". "Existimos, no somos entidades de carácter paliativo, sino una forma diferente de entender la economía: somos la solución a muchos de los problemas que tiene la economía hegemónica", subraya Via.

La necesidad de un cambio de paradigma económico con relación a los valores, a una economía más justa y transparente, ha sido una constante en tres días de congreso en el que también han participado invitados de Egipto, Túnez y Marruecos. Durante el encuentro se ha hablado de consumo responsable y crítico, y también se ha reivindicado el poder de los consumidores para cambiar actual modelo. "Tres cuartas partes del planeta no forman parte de la sociedad de consumo; mientras, el modelo que consume, el resto, tiene consecuencias fatales, porque es sobreexplotador, excluyente, elitista y depredador", argumenta la politóloga y portavoz del ámbito, Anna Fernández.

Las finanzas éticas, con empresas que dirigen el ahorro a la construcción precisamente de esta economía, también han estado presentes en las jornadas. "Se trata de entender el ahorro como un instrumento, no una finalidad", defiende Jordi Marí, director de Fets (Finançament Ètic i Solidari). Otro de los aspectos relevantes para los ponentes ha sido la vinculación de las empresas, cooperativas o fundaciones al territorio. "Cuando la economía social confluye con el desarrollo local pueden surgir salidas a la encrucijada en la que estamos", defiende el sociólogo, economista y asesor de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) Jordi Estivill.

Todos ellos apelan a la Administración e invitan a las instituciones a que, en su voluntad de cambio, "adopten actitudes de compra crítica y de consumo responsable", apoyando a la economía social. El uso de las nuevas tecnologías y el debate sobre si el crecimiento de las iniciativas puede desnaturalizar sus valores también son cuestiones que se han debatido durante las jornadas.

 

 


Maximizar las potencialidades del territorio

Después de estudiar en Barcelona, un grupo de hijos del Pirineo, del Pallars Sobirà, regresaron para "hacer las cosas de otra forma y aprovechar la potencialidad del territorio". Lo cuenta Vanessa Freixa, responsable de Montanyanes junto con Eva Tarragona. La entidad detecta necesidades y crea proyectos para dar valor a los recursos naturales, además de buscar financiación. "Es una locura despreciar el recurso que tienes a mano", subraya Freixa.

El proyecto más conocido de Montanyanes es Rurbans, la escuela de pastores. "En pleno relevo generacional y en un sector anquilosado en la queja, pero esencial porque produce nuestros alimentos, vimos que había explotaciones sin nadie para continuar y, al mismo tiempo, gente que se quería dedicar al pastoreo". En 2009 solo hubo demanda en el Pirineo, pero este curso hay alumnos y explotaciones adheridas de toda Cataluña. Ahora ya planean una evolución del proyecto: un banco de tierras a punto para explotar.

Xisqueta es otro invento de Montanyanes: se trata de aprovechar la lana de las ovejas de la raza Xisqueta, que hacía décadas que los ganaderos tiraban porque llegó a ser más caro esquilarlas que hacerlo.


"Nuestros clientes son coproductores"

En 1974, cuatro estudiantes de Barcelona se marcharon a Vallbona de les Monges, una zona en regresión demográfica, para vivir en el mundo rural y buscar alternativas agrícolas. Nacía L'Olivera, una cooperativa que hoy produce unas 120.000 botellas de vino y el aceite que dan 20 hectáreas de olivos, y lo hace en buena parte con el trabajo de 20 personas con discapacidad intelectual procedentes de la zona.

Metido de lleno en la vendimia de este año, el presidente del consejo rector de la cooperativa y director del L'Olivera, Carles de Ahumada, define el proyecto como de "agricultura social, porque aprovecha los recursos de la zona, con producciones ecológicas y dando respuesta a personas con problemas muy concretos".

En total, L'Olivera, que en los últimos tres años ha realizado una inversión de 1,5 millones de euros, emplea a 20 discapacitados y 26 profesionales, entre el área de ventas, la bodega, ingenieros agrónomos, payeses y educadores. De Ahumada cree firmemente en las posibilidades de la economía social: "Es una forma de funcionar alternativa al modelo, con una estructura empresarial diferente, una forma de hacer diferente y también con un cliente diferente".

El director de L'Olivera añade sobre los clientes que acuden a empresas de economía social: "La economía social no es argumento de venta, pero sí de compra; nuestros clientes son coproductores, son muy militantes, saben qué escoger y lo que hay detrás. Le llamamos coproductor porque con su compra está invirtiendo".



Ahorros que alimentan proyectos ético-sociales

El origen de la cooperativa de servicios financieros Coop 57 se remonta a los últimos 57 trabajadores de la editorial Bruguera, que a finales de los ochenta destinaron su indemnización a tres proyectos. Uno, en Nicaragua; otro, del Sindicato de Obreros del Campo, y el tercero, un fondo de financiación de proyectos sociales. El proyecto ha crecido y actualmente tiene 380 entidades asociadas y 1.700 personas: de todas ellas recoge el ahorro y lo reinvierte en financiar economía social. El año pasado cerró con ocho millones de euros de aportaciones y seis millones en préstamos. Tienen implantación en Cataluña, Andalucía, Madrid, Aragón y Galicia.

El director adjunto de Coop 57, Raimon Gassiot, explica que la cooperativa no financia cualquier proyecto. Excluyen las sociedades mercantiles y someten a un filtro "ético-social" los proyectos que les piden financiación. "Evaluamos cuestiones como la aportación que hacen al territorio, que creen puestos de trabajo estables y de calidad, que su actividad no tenga impacto negativo y que los beneficios, si los hay, se repartan de forma equitativa".

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