Un estudio de Linkedin determina que los perfiles con un nombre corto tienen más posibilidades de ser directivos, mientras que los ingenieros suelen tener nombres largos. Según el mismo estudio, en Recursos Humanos predominan las mujeres llamadas Emma, Katie o Claire.

Para ser director ejecutivo hay que llamarse Peter, Bob, Jack, Bruce, Fred, Bill, Ron, Christian, Alexander o Don. Por este orden. En el ámbito comercial también funcionan Trip, Trey y Chad. El poder de la sílaba única. En cambio, los ingenieros, al parecer, se llaman Rajesh, Jeremy o Andrew.

Éstas son algunas de las conclusiones de un estudio realizado por la red social profesional Linkedin, que ha analizado más de 100 millones de perfiles de usuarios para determinar si el nombre hace la profesión. La tesis del informe es afirmativa, claro. Y, por ende, mediática.

Los restauradores tienen nombres de más de siete letras, como Philippe, Laurent o Thierry. Los profesionales relacionados con el ejercicio de la abogacía se llaman Billy, Darrell, Pete, Rodney o Troy. Y los Recursos Humanos están hechos para las Emmas, Katies o Claires. Porque sí. Los datos son los datos.

Al parecer, todo está escrito. Pero no de la misma forma en todos los países. En Europa, los CEO se llaman Tony, Charles, Gilles, Guido o Xavier, que también son nombres cortos. Frank Nuessel, profesor de Lengua en la Universidad de Louisville y editor de Names, A Journal of Onomastics, citado en el blog oficial de Linkedin, tiene una explicación al respecto:  “Es posible que los profesionales de las ventas y los hombres con perfiles ejecutivos usen versiones cortas de su nombre como una forma de mostrarse más accesibles hacia sus clientes”, dice.

En el caso de las mujeres, sin embargo, pasa justo lo contrario, continua el linguista. Cuanto más largo es el nombre, mejor, porque “quieren ser tomadas más en serio”. Así, mandan las Deborahs, las Sally, Debra, Cyntia, Carolyn, Pamela, Ann, Cheryl, Linda y las Janet.

Monica Rogati, de Linkedin, le pone el colofón marketiniano al tema asegurando en Forbes que si los profesionales sólo consideran sus logros laborales y educativos como base de su marca personal, pueden estar perdiendo oportunidades. No precisa si eso significa que uno puede llegar a ejercer la profesión para la que está destinado o si, en caso de desajuste, tiene que pensar en cambiarse el nombre.

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