El 16% de los abusos y discriminaciones sufridos por homosexuales y transexuales son en el trabajo. El temor a perder el empleo en plena crisis hace que la mayoría de las víctimas decidan aguantar.

Pasar ocho horas un día tras otro en un lugar que alguien está empeñado en convertir en un infierno es un mal trago por el que pasan decenas de catalanes por el simple hecho de ser homosexuales o transexuales. En muchos casos, el acoso desemboca en un despido. Según las estadísticas del Observatori contra l’Homofòbia del Front d’Alliberament Gai de Catalunya, el 16% de las agresiones denunciadas por homosexuales y transexuales tienen como escenario los centros de trabajo; una tasa en aumento que ha crecido el 5% en dos años. Pero el miedo a perder el empleo, sobre todo en tiempos de crisis, lleva a oenegés y fiscalía a sospechar de la existencia de una «gran cifra negra» de personas que sufren esas situaciones y que no denuncian. Miguel Ángel Aguilar, fiscal especial de Catalunya para delitos de odio y discriminación, explica por qué la tasa de denuncias de acoso homófobo en el trabajo es baja. «Primero, es difícil conseguir pruebas. Además, la gente tiene miedo a perder el trabajo. Y en el actual contexto de crisis ese temor se multiplica», dice el único fiscal de España especializado en delitos de discriminación.

CONDENADOS A LA MARGINALIDAD / Aguilar alerta de la discriminación laboral que sufren los transexuales, a los que en muchos casos directamente no se da trabajo o bien se les despide en el momento en que cambian de sexo. «A muchos de ellos les es imposible encontrar empleo y se ven abocados a la marginalidad y a la prostitución para sobrevivir», comenta con preocupación.

A falta de estadísticas oficiales (España es uno de los cinco países de la UE que no contabilizan los delitos por discriminación), los únicos datos disponibles son las denuncias que llegan al Observatori contra l’ Homofòbia. En el curso 2008-2009, de las 327 agresiones denunciadas ante el Observatori, 52 (el 16%) fueron en el entorno laboral. El curso anterior, fueron denunciadas 48 (el 15%) y en el 2006, 34 (el 11%). Algunos de los denunciantes han acudido ya a los tribunales a defender sus derechos. Hasta ahora, en Catalunya por la vía civil se han juzgado cuatro casos de discriminación laboral por homofobia, de los que se han ganado tres y uno está en apelación.

La Justicia ha dictado sentencia en el caso de una transexual a la que despidieron de un geriátrico por su identidad sexual; en el de un directivo de una multinacional holandesa al que echaron tras cambiarse el sexo; en el de una lesbiana que fue puesta en la calle por la cadena de supermercados en la que trabajaba cuando sus superiores supieron su orientación sexual y en el de dos gais que perdieron su puesto en una clínica tras hacerles la prueba del sida. Además, el juzgado número 33 de Barcelona acaba de admitir a trámite una querella criminal de dos trabajadores homosexuales contra su jefe.

SIN TESTIGOS / Según Eugeni Rodríguez, coordinador del Observatori contra l’Homofòbia, «las víctimas de acoso laboral homófobo suelen ser personas que en un momento dado comentan en su entorno laboral que son homosexuales». «Es a partir de ese momento cuando su situación en la empresa cambia. Pasan a ser tratados de otra manera y empiezan el acoso», cuenta.

El acosador suele ser el jefe o, en el caso de los directivos, la dirección de la empresa. «En ocasiones es porque el superior es una persona que odia a los gais. Otras veces todo responde a que la dirección teme perder clientela por tener un empleado homosexual. Por eso, se les veta para los puestos de cara al público», dice Rodríguez, que destaca otro denominador común: «Lo más habitual es que ningún compañero quiera testificar a favor del demandante».

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