La universidad española necesita llevar a cabo una reforma. Ya no basta con ofrecer conocimientos teóricos, la nueva realidad económica mundial de competencia empresarial exige de las universidades un nuevo liderazgo.

En una encrucijada. La universidad española ha desempeñado un papel relevante en el despegue económico que ha vivido España en las últimas décadas. Nadie discute ese protagonismo, pero el ritmo ha cambiado. Con la globalización, la competitividad acorde a los nuevos tiempos, la puesta en marcha de la Declaración de Bolonia (o, lo que es lo mismo, el proceso de cambio en la universidad que persigue la construcción de un espacio europeo de educación superior), pero sobre todo con la crisis económica, se le exige un cambio de paradigma. La tarea es ardua. Porque la universidad, hoy día, debe aspirar a producir y difundir conocimiento, pero también a formar científicos y profesionales, así como a tender la mano a las empresas con el fin de que éstas puedan incrementar su productividad y competitividad. Ahora más que nunca se necesitan. Ni el mundo empresarial puede desdeñar la labor de la universidad, ni ésta puede mantenerse alejada del nuevo orden económico y debe colaborar generando valor añadido.

La universidad es un laboratorio de conocimiento y de ideas, pero es cierto que se requieren iniciativas que se puedan aplicar a la empresa. Y lo más importante: se requiere que los alumnos, una vez graduados, además de conocimientos tengan una serie de habilidades y competencias, como saber trabajar en equipo o capacidad de comunicación, para desenvolverse en una empresa. El presidente de Accenture, Vicente Moreno, recuerda los estudios realizados por la consultora que dirige y Universia, el portal que aglutina a las universidades españolas y latinoamericanas, en los que se pone de manifiesto la carencia que tienen los universitarios en cuanto a visión pragmática y visión empresarial.

El plan de Bolonia implica unos principios básicos y supone la armonización, que no homogeneización, con el fin de hacer todos los sistemas compatibles, comparables y reconocibles. Esto significa que cuando un titulado acude a otro país se reconozca la formación adquirida en el lugar de origen, ya que lo que se pretende es ampliar el concepto de Unión Europea de libre circulación al ámbito del conocimiento y de las profesiones. Con el nuevo modelo de educación superior, la moneda que rige es el crédito (un crédito equivale a entre 25 y 30 horas), esto es, el número de horas de trabajo de un alumno que equivale a la asistencia a clase, tutorías, prácticas y preparación de los exámenes. Hasta este momento, las horas estaban relacionadas sólo con el docente, y ahora contabilizan la dedicación del estudiante. Por tanto, existe un cambio de modelo basado en el esfuerzo y en el reconocimiento del alumno. La estructura de las titulaciones cambia: España ha optado por el título de grado con 240 créditos, el máximo permitido. Y se pone en marcha el máster como complemento a los estudios.

Otra novedad es la libre circulación de los estudiantes y del profesorado por las universidades europeas. El alumno dispondrá de una especie de pasaporte que le reconoce la formación recibida además de todas las actividades, capacidades y habilidades desarrolladas, independientemente del país de la Unión Europea donde vaya. Es la mochila que le acompañará a lo largo de su trayectoria profesional. Precisamente, todas estas novedades incluidas en el plan de Bolonia van acordes con las nuevas exigencias sociales. Lo explica el rector de la Universidad Politécnica de Madrid, Javier Uceda: "Ahora se formará en conocimiento y en habilidades, pero también sobre temas prácticos empresariales; además, la formación tiene que ser parte de toda la vida laboral". Y agrega que el curso de posgrado se ha convertido en un elemento clave para el desarrollo de un profesional, bien al inicio de su carrera laboral o como complemento para poder aspirar a un mejor puesto de trabajo. "Se estará mejor formado para el empleo. Es el reto", afirma Uceda.

Es el mismo deseo que expresan los empresarios y expertos consultados por CincoDías sobre los desafíos que tiene por delante la universidad española. "Europa debe acelerar los cambios que se requieren para ser más competitivos y tener instituciones educativas de más calidad", señala el abogado Antonio Garrigues, quien destaca que otra de las asignaturas pendientes de los campus españoles es el escaso acercamiento que existe al mundo empresarial. Sin embargo, aclara que no es culpa sólo de la universidad, sino que la empresa debe aproximarse más. "El interés debe ser recíproco y ha de ser una relación decisiva en los momentos que nos está tocando vivir. Tenemos 25 despachos abiertos de España y colaboramos a través de cátedras familiares, seminarios y acuerdos con las universidades de estas ciudades". Garrigues anima a las empresas a confiar sus proyectos de investigación a las universidades, "de esta manera se podría avanzar mucho más en el desarrollo de este país; deberíamos mirarnos en el espejo anglosajón".

La relación entre universidad y empresa, afirma el catedrático de Wharton School University of Pennsylvania, Mauro Guillén, ha de ser simbiótica. "La mejor manera de progresar en este terreno es involucrar a los antiguos alumnos, pero la universidad no hace ningún esfuerzo por preguntarles qué tipo de conocimientos son útiles".

Vicente Moreno. Accenture. "Hemos de ser un país que atraiga estudiantes extranjeros"

El modelo educativo está en entredicho. El presidente de Accenture, Vicente Moreno, asegura que habría que revisar fundamentalmente los criterios relativos a la docencia y la investigación. "Existen grandes profesionales, pero la enseñanza tradicional ya no es válida. Hay que adaptarse a las nuevas tecnologías y cambiar el rol del profesor". En cuanto a la investigación, asegura que este es un déficit tradicional en España, que, curiosamente, mide más la cuantificación de la inversión que la calidad de los resultados.

"Habría que reenfocar el concepto y focalizarlo en la mejora de la eficiencia. Haría falta algo así como un gran proyecto de eficiencia global en la investigación que, con el respaldo público y privado necesario, garantizase que aun invirtiendo menos se consiguiera más, analizando los resultados obtenidos en cada momento sin quedarse sólo en la inyección financiera requerida", explica Moreno, quien insiste en que se ha de generar una cultura de investigación e innovación en todos los ámbitos aprovechando el poder de la innovación colaborativa y abierta, algo intrínseco al propio espíritu de Bolonia. "Hemos de convertirnos en un país que atraiga estudiantes extranjeros y que compita en capital humano".

Gabriel Masfurroll. USP Hospitales. "Existe un verdadero desfase que es negativo para la sociedad"

La universidad forma bien teóricamente. "Ofrece una base buena en este aspecto, pero luego, la praxis debe adquirirse por parte de los ex alumnos en las empresas, en el terreno", dice el presidente de USP Hospitales, Gabriel Masfurroll, para quien esto es perjudicial y empeora la productividad y la eficiencia del proceso de integración.

El empresario cree que "si la universidad no está en contacto directo con el mundo real, será incapaz de impartir la pedagogía adecuada para que sus alumnos adquieran los conocimientos y habilidades necesarios para interactuar en un mundo en innovación constante". Y añade que hay un verdadero desfase que es negativo para la sociedad en general, a la vez que la universidad española teoriza demasiado y practica menos todavía.

Una de las soluciones pasa, según Masfurroll, por incluir en sus programas la experiencia del mundo real, esto es, empresarios, emprendedores, directivos, profesionales de todo tipo, que no fueran únicamente teóricos y pudieran compartir experiencias, conocimientos, ideas y proyectos con unos jóvenes entre los cuales la mayoría, "y lo digo por experiencia, están ávidos de aprender".

Javier Uceda. Rector de la Politécnica de Madrid. "Tenemos que intensificar nuestra capacidad investigadora"

En proceso de transformación y de reforma. Así define el rector de la Universidad Politécnica de Madrid, Javier Uceda, el momento que vive la universidad española dentro del marco dictado por el plan Bolonia, "con el fin de ofrecer más calidad y formación". Porque el objetivo es conseguir que las universidades sean más internacionales y con mayor prestigio. "Nuestro reto debe ser la investigación, debemos intensificar nuestra capacidad investigadora, tener planteamientos estratégicos en ese sentido, con el fin de tener unidades científicas e investigadores de calidad y cantidad, así como conseguir la consolidación de los parques tecnológicos".

Según Uceda, es necesario transferir la ciencia al sistema productivo. Como ejemplo, pone el de las universidades politécnicas que han conseguido desarrollar una amplia y fructífera relación con las empresas. De hecho, la Politécnica de Madrid ingresa 120 millones de euros al año en concepto de investigación para la Administración y para las empresas. "Tenemos una gran tradición en cooperación y cada vez se establecen más alianzas estratégicas y se mantienen con el sector privado relaciones más estables, aunque debemos tener mayor iniciativa", agrega el rector.

Mauro Guillén. Wharton School University of Pennsylvania. "Tiene que formar parte de la economía"

Lo más importante, dice el profesor de la escuela de negocios Wharton School University of Pennsylvania Mauro Guillén, es que la universidad se convierta en parte de la economía y no en parte del Estado de bienestar, que es lo que ha venido siendo. "Esto no implica de ninguna manera que las humanidades pierdan peso. Todo lo contrario".

También asegura que las universidades deben especializarse más. "No tiene sentido que todas quieran ser punteras en todos los campos. Hay que asignar recursos de manera que unas universidades sean líderes en ciertos campos y otras en otros". También defiende que cada universidad y cada departamento pueda contratar a los profesores que desee, "ya que se pueden crear grupos de trabajo coherentes". La universidad, afirma Guillén, salvo las ingenierías, ha operado a espaldas de la empresa. "También es cierto que la empresa no ha ayudado y la relación ha de ser simbiótica, y la mejor manera de progresar en este terreno es involucrar a los antiguos alumnos". Opina que el proceso de Bolonia implica un esfuerzo por crear un espacio común, pero que el mejor beneficio puede venir por el lado de la movilidad de alumnos y profesores.

Alberto Terol. Círculo de Empresarios. "Necesita ser más competitiva y abierta a la sociedad"

La principal asignatura pendiente de la universidad española es la calidad. Así lo cree el presidente del Comité de Educación del Círculo de Empresarios, Alberto Terol, quien alaba el enorme esfuerzo de inclusión y el aumento del número de estudiantes en las últimas décadas, "pero la calidad de nuestra enseñanza universitaria sigue siendo baja, en comparación con los países de nuestro entorno". Y asegura que "necesitamos una universidad más transparente, más competitiva, más abierta a la sociedad y con unos criterios de gestión menos burocráticos y más profesionalizados".

En su opinión, "se echa en falta una mayor comunicación entre la empresa y la universidad, y que ésta adapte sus enseñanzas a lo que el mercado laboral demanda". En este terreno, se requiere mayor transparencia e información a los estudiantes de las demandas futuras de empleo, algo que sería muy necesario.

En cuanto a la declaración de Bolonia, asegura que se trata de una gran oportunidad, si no se queda en un cambio superficial. "Uno de los objetivos es abrir más la universidad a la sociedad y al mundo empresarial. Tenemos una gran oportunidad que no podemos permitirnos el lujo de desperdiciar".

Antonio Garrigues. Garrigues Abogados. "Hay que exigirle una mayor capacidad autocrítica"

Los dos retos que tiene por delante hoy día la universidad española, según el abogado Antonio Garrigues, son los mismos que hace unos años: la modernización y la internacionalización. "La universidad española se ha quedado atrás y no es fácil resolver todas las tareas que tiene por delante en poco tiempo. No se puede quedar atrás, pero para ello necesitará años".

Uno de los temas que más le preocupa a Garrigues es la evaluación a la que deben someterse las universidades. "Tiene que haber un análisis profundo de lo que hacen y lo que no hacen". En este sentido, destaca la labor realizada por la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (Aneca), pero considera que si realmente se quiere ser competitivo y jugar en la primera liga de las universidades del mundo es necesario que el alumno disponga de información objetiva cuando elige un campus para cursar sus estudios superiores.

Cree que el modelo a seguir es el anglosajón y que es necesario apostar por una evaluación privada, que incluya a los catedráticos, con el fin de incrementar el nivel de exigencia. "Se debe profundizar en estos temas para que sirvan como un estímulo a la excelencia. Las propias universidades deben tener mayor capacidad autocrítica".

Ignacio Garralda. Mutua Madrileña. "Debería adecuar sus enseñanzas a una realidad cambiante"

La formación superior en España es de alta calidad, pero, dado que las necesidades del ámbito empresarial varían continuamente y a gran velocidad, la universidad debería adecuar más sus enseñanzas a una realidad cambiante. Son palabras del presidente de Mutua Madrileña, Ignacio Garralda, para quien es necesario "un mayor grado de convergencia y generalizar la combinación de la docencia teórica y práctica, así como incrementar la internacionalización". También cree que ningún estudiante debería obtener hoy su título sin demostrar un alto conocimiento del inglés.

La universidad cree que aporta una formación fundamental a los futuros profesionales, que habrán de completar con su trabajo en empresas o en otros organismos. "Estas instituciones también son responsables de ello, y no sólo las universidades", opina Garralda, que cita, como ejemplo, los acuerdos de colaboración que tiene Mutua Madrileña con varias universidades de los que se han beneficiado 160 becarios que han realizado prácticas remuneradas en los últimos años. Para este ejecutivo es necesario que exista una mayor relación entre universidad y empresa, con el fin de mejorar la inserción laboral de los recién titulados.


La cifra

15 campus de excelencia españoles competirán ante un comité internacional con sus proyectos científicos, tecnológicos y empresariales.

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