Entrevista de "La Contra" de La Vanguardia a Bruno S. Frey, dir. Institute for Empirical Research in Economics, Universitat de Zuric: "Els empleats puntuen més baix en nivells de felicitat com menys poder de decisió tenen sobre les seves pròpies vides. "

Tengo 68 años: la puntuación de felicidad disminuye tras los 30 y aumenta tras los 50. Nací en Basilea: los suizos somos más felices porque tenemos más autogobierno. No tengo hijos... que yo sepa: eso aumenta el grado de felicidad. Colaboro con el Centre Ernest Lluch.

Aquel gurú me vio estresado al llegar y me pidió que apagara el móvil y el reloj...

...

Y entonces respiré: tal vez la felicidad consiste en no correr tras ella.

Mire: ese gurú puede permitirse esa vida tranquila gracias a gente como usted y como yo que sí miramos el reloj y nos estresamos con el móvil, los aviones y los taxis...

Me reconforta usted.

... Y esos gurús cogen aviones y usan el móvil sólo cuando les apetece y después le explicarán cómo ser feliz antes de pedirle dinero.

Usted también vive de la felicidad.

Yo sólo soy un investigador social: me he limitado a compilar datos de encuestas y cruzarlos y analizarlos en busca de correlaciones, pero no tengo ningún consejo; ni siquiera sabría cómo definir la felicidad.

Nadie sabe definirla cuando está, pero todos la echan de menos cuando no está.

No me meteré en ese jardín. La felicidad, como el amor o la amistad, no tiene una definición universal y objetiva, pero eso no quiere decir que no exista: Aristóteles ya hablaba de eudaimonia,una especie de realización personal, y esa sensación se puede medir en las encuestas.

¿Cómo?

Preguntando. Mi instituto recopila estadísticas publicadas en todo el mundo sobre el bienestar y su relación con otras variables.

¿Qué estadísticas?

La del Instituto Gallup - es casi universal-además del Panel Socieconómico Alemán, la Encuesta de Hogares Británicos y la Encuesta Social Europea, de la UE, y otras de instituciones de los cinco continentes.

¿Qué miden esas estadísticas?

La gradación de felicidad - déjeme llamarla así-de todos los ciudadanos.

¿Y somos más felices cada día?

Para empezar, déjeme decirle que hay muchos desgraciados con móvil, reloj y una agenda apretada que se declaran - de 1 a 10: una media de 8-muy felices.

¿Cuál es la nota habitual?

La inmensa mayoría de los encuestados del planeta se sitúa entre 6 y 8.

¿Cuántos suspenden?

Sólo un 2 por ciento dice menos feliz que 5.

Gracias a Dios.

No sé si de Dios, pero ser religioso ayuda, aunque seas ateo: incluso los no creyentes que viven en comunidades creyentes son más felices que quienes viven rodeados de ateos. Las relaciones ayudan: amistades, familia extensa y no nuclear, amigos, conocidos y saludados. Y con los años, más: ¿quién cree usted que es más feliz, un señor de 40 o de 80?

No envidio los achaques de la senectud.

¡Yerra! Los jóvenes se declaran más felices y la puntuación desciende entre los 30 y los 50 para remontar tras los 50. ¡Fíjese en los ancianos con buena pensión cómo sonríen!

¿Por qué?

Mi explicación - una hipótesis-es que los jóvenes tienen expectativas que compensan los sinsabores del presente y que los séniors ya han aprendido a aceptar sus vidas y a aceptarse y disfrutar de lo pequeño.

¿Y los cuarentones y cincuentones?

Son los que peor puntúan. Tal vez porque viven de pleno el desengaño de la realidad.

¿La felicidad es genética y hereditaria?

Hemos seguido líneas parentales, y sí: hay al menos un 60 por ciento de porcentaje hereditario en esas declaraciones de felicidad.

¿Los genes ricos son más felices?

¡Correcto! Existe una clarísima correlación entre nivel socioeconómico y felicidad. Los ricos son más felices, pero llega un punto en que más patrimonio no produce más satisfacción en las puntuaciones.

¿Es más feliz el casado-a o el soltero-a?

Los que esperan casarse. La puntuación de felicidad aumentan a medida que se aproxima la boda para caer en picado tras ella.

¿Por qué el matrimonio puntúa bajo?

Demasiadas personas dicen esperar que su pareja arregle sus problemas, pero los problemas personales son personales.

¡Ah! Pero los hijos lo arreglan todo.

Falso. En todos los países las parejas sin hijos son más felices que los padres. Y si los encuestados admiten tener algún hijo con problemas, entonces la puntuación de felicidad se desploma sin paliativos.

Y encima no se quieren ir de casa.

¡Échelos! Cuando los hijos abandonan el hogar paterno, la puntuación de felicidad de los padres se dispara.

Siempre queda el refugio de la oficina.

Sólo si en ella tu amo eres sólo tú. Los empleados puntúan más bajo cuanto menos poder de decisión tienen sobre sus propias vidas. Cuanto menor rango y menos capacidad de organizarse, menos felices.

Ser empresario da menos disgustos y si eres empresaurio sólo los das.

Incluso si eres un empresario pequeñito eres más feliz que un empleado. Un taxista, un tendero o un fontanero - mientras sea autónomo y se autoemplee-se declara más feliz que un trabajador por cuenta ajena, aunque trabaje más por menos dinero.

¿La política da o quita felicidad?

El poder de decidir sobre todos los aspectos de tu vida te hace más feliz. Los ciudadanos de democracias se declaran más felices que los autoritarios, y los de países descentralizados, más que los centralistas: los ciudadanos son más felices cuanto más autogobernados. De ahí que la confederal Suiza sea segunda en felicidad tras Dinamarca.


El poder de decidir

Te hace más feliz equivocarte que dejar que otro acierte por ti. Es el principio de las encuestas de Frey, que apuntan otro en consecuencia: nuestra satisfacción personal es proporcional a la capacidad de decisión que tenemos sobre todas las áreas de nuestra existencia. Incluso para meter la pata. A partir de ahí, el hombre feliz de Frey - nada de idílicas armonías-es un ser contradictorio: joven o viejo, pero no en la plenitud de la vida; está a punto de casarse, pero si se casa no tiene hijos y si los tiene ya se ha librado de ellos; trabaja mucho, pero no le duele porque es su propio amo y, sea ateo o no, vive rodeado de creyentes; es un ser independiente que depende de todos sus familiares, amigos y conocidos.

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