L 'Administració Pública de molts països té sistemes de selecció que no permeten atreure el talent i estructures que dificulten el desenvolupament professional del seu personal. The Economist analitza la situació del funcionariat a diversos països.

Con 25 años y armado con un master en Gestión del Agua, Andrew Reeves tiene la interesante combinación de juventud y conciencia ecológica que muchos gobiernos afirman necesitar. Sin embargo, al acudir este otoño a una feria de trabajo organizada por el gobierno canadiense en Toronto, se marchó a los 20 minutos sin haber entregado un solo currículum.

Hizo cola frente a un stand del Ministerio de Recursos Naturales canadiense sólo para que le dijeran que podría encontrar mejor información sobre vacantes en la Web del ministerio. “Hubiera preferido hacer todo el proceso a través de e-mail,” se queja. Tal fue su frustración que al final se acabó decantando por una pequeña ONG especializada en reciclaje.

En un momento en que muchas Administraciones de países ricos se enfrentan a una inminente escasez de talento, ya que un gran número de funcionarios está a punto de jubilarse, cualquiera podría pensar que los gobiernos se están esforzando mucho, y de manera más inteligente, por atraer estudiantes brillantes que ahora terminan la universidad.

No es sólo cuestión de sustituir un conjunto de funcionarios por otro: en una época en que la mayor parte de los temas políticos (desde el cambio climático hasta la inmigración) trascienden los límites de ministerios y estados, los funcionarios del mañana tendrán que ser pensadores laterales, no sólo administrativos. Para lo bueno y para lo malo, un resultado de la recesión global en los próximos años será una regulación más estrecha sobre los sistemas económicos y financieros mundiales.

Especialmente en los países de habla inglesa, los gobiernos dicen estar tratando seriamente de atraer cierta “energía” del sector privado hacia todos los sectores de la Administración Pública, también en cuanto a selección. Entre el legado de Tony Blair como Primer Ministro de Gran Bretaña está la idea de que “los servicios ofrecidos” por el gobierno pueden ser monitorizados casi con tanta precisión como los beneficios de una empresa privada.

Y la Administración de Gran Bretaña sufrió una sacudida hace tres años cuando a Gill Rider –Socio de Accenture, una consultora de management- se le encomendó la ingente tarea de reestructurar radicalmente la manera en que el personal era gestionado y recompensado. Los resultados se han seguido con mucha atención desde lugares como Canadá, Australia e Irlanda. Las reformas en el Sector Público pueden funcionar mejor en territorios más bien pequeños –Dinamarca, Finlandia, Escocia, Gales, las provincias canadienses- afirma Tony Dean, un canadiense nacido en Gran Bretaña que ha pasado de ser funcionario a estudiar Gestión Pública (Fuera de los ámbitos inglés, nórdico y teutónico, uno de los pocos países a menudo citados como modelo para la reforma de la Administración es Singapur, que paga bien a sus funcionarios como medida para contener la corrupción).

No obstante, las reformas internas bien planificadas podrían no ser suficientes para solucionar el problema básico –común a la mayoría de las democracias industrializadas- de la competencia por el talento con el sector privado y las organizaciones sin ánimo de lucro, y de mantener la fidelidad de una generación cambiante y escéptica. “Si nos queda alguna energía después de las pruebas a las que nos somete la universidad americana, pasamos a entidades privadas, si tenemos deudas por liquidar, o al sector sin ánimo de lucro, si queremos mejorar el mundo,” afirma Robert Ochshorn, que se acaba de graduar en Informática por la Cornell University.

En términos numéricos simples, la falta de personal que se entrevé es grande. Un informe de la OCDE indica que en 13 de sus países miembros, al menos el 30% de los trabajadores de la Administración Central tienen 50 años o más. En muchos casos, las generosas provisiones en prejubilaciones suponen que muchos abandonen sus puestos bastante pronto. Para sustituirlos, los gobiernos tendrán que ofrecer algo más que la vida estable que atrajo a la antigua casta de funcionarios. “Somos una generación inquieta,” admite Tyler Hunt, un estudiante de la University of Toronto que está a punto de empezar a buscar trabajo. “La idea de quedarse en un mismo trabajo durante 30 años simplemente no es atractiva.”

Las personas de hoy día con ambiciones desean carreras multidisciplinares, capacidad de promocionar hasta tan arriba y tan rápido como sus talentos lo permitan, y libertad de poder entrar y salir del trabajo en la Administración, afirma Linda Bilmes, Catedrática en la Harvard’s Kennedy School y coautora (junto con Scout Gould) de un libro [The People Factor: Strenghtening America by Investing in Public Service (“El Factor Humano: Fortalecer América mediante la inversión en el Sector Público”). Brookings Institution Press] que predice una crisis en la Administración de EEUU.

La rígida estructura de las carreras en la Administración de la mayoría de países de la OCDE tiene poco en cuenta estas nuevas realidades: el talento que se marcha es poco probable que vuelva.

En cualquier caso, antes de poder pensar en retener a los mejores empleados, tienes que pensar en cómo hacer que llamen a tu puerta. Como apunta Bilmes, hay anuncios de empleo incluso para puestos modestos “llenos de jerga, acrónimos y requerimientos sin explicar como ‘eligibilidad bajo 5CFR330.60(b)’.”

A corto plazo, la recesión seguro que incrementará el número de titulados dispuestos a superar todos estos obstáculos. Pero en la competición por las habilidades verdaderamente comerciales, el gobierno a menudo estará en desventaja. Para un joven bioquímico, trabajar para una gran empresa farmacéutica es mucho más tentador que una investigación gubernamental. Lo mismo pasa con las personas formadas en legislación sobre propiedad intelectual o en telecomunicaciones.

En los peldaños bajos de la escala profesional, los salarios en el sector público americano pueden ser bastante competitivos con los del sector privado; pero en los niveles más altos, la diferencia es abismal. En el sector privado, y sobretodo en el sector financiero, los profesionales de éxito ganan varias veces más que funcionarios con grandes responsabilidades. Una pega añadida para los futuros funcionarios americanos es que los puestos más altos a menudo son ocupados por designación política, no por méritos.

En algunas democracias ricas, el problema de personal se siente sólo en áreas específicas. En Australia, por ejemplo, la élite funcionarial sigue atrayendo a candidatos brillantes, pero contratar contables e informáticos para puestos menos importantes es más complicado, afirma Peter Shergold, un exsecretario de gabinete.

Desde su punto de vista, el Sector Público debería estar buscando no solamente altos coeficientes intelectuales sino una nueva habilidad: la de negociar con las muchas agencias (incluyendo organizaciones sin ánimo de lucro y entidades privadas) que el gobierno contrata. Las viejas burocracias verticales están poco adaptadas a dicha tarea; los jóvenes flexibles tendrán que hacerlo mejor. Por esta razón, quizás, Kevin Rudd, Primer Ministro australiano, recientemente pidió al principal responsable del funcionariado del país un plan para reestructurar radicalmente su Sector Público.

Si existe una democracia rica donde la Administración se respete, esa es Francia. La competición por entrar en instituciones de élite como la École Nationale d’Administration (ENA) -un trampolín para funcionarios y políticos- sigue siendo extremadamente meritocrática. Para comienzos de 2009, 1.352 solicitantes se presentaron a las pruebas para sólo 80 plazas. Los puestos gubernamentales están muy demandados. En 2007, aproximadamente 178.000 aspirantes hicieron el examen para los tres grados más altos del funcionariado y que solamente cuentan con 24.000 plazas. Un 44% de los nuevos reclutados estaban en realidad sobrecualificados.

Hay además una dura competición por los puestos en la Administración de la Unión Europea, cuya cultura está muy afrancesada. Vale la pena sortear los obstáculos para alguien a quien le gusten los estimulantes ambientes multilingües y multiculturales, afirma Aurelien Juliard, un candidato seleccionado de un lote reciente de 200 puestos. 19.000 aspirantes acudieron al primer examen, que superaron sólo 600; éstos se enfrentaron a un segundo examen y a la composición de un trabajo, a partir de los que 300 fueron convocados para una entrevista oral. Los funcionarios de Bruselas no disfrutan de la misma estima pública que los funcionarios de París, pero son bien recompensados de otras maneras.

En lugares como Canadá, donde por lo menos se reconoce la necesidad de contratar y utilizar al personal gubernamental de manera más racional, algunos cambios sensatos han tenido resultados inesperados. La contratación en el Sector Público canadiense ha sido descentralizada, permitiendo a aquellos que están más cerca del trabajo hacer la selección. Y la movilidad dentro de la Administración se ha incrementado, creando el tipo de ambiente deseado por las jóvenes incorporaciones. Sin embargo, un informe de la Comisión de Servicio Público de Canadá, que supervisa la contratación y bienestar de 210.000 funcionarios federales, ha detectado ciertos inconvenientes. Casi un tercio de encuestados para dicho informe afirmó haber tenido tres o más supervisores distintos durante los últimos tres años y la mitad afirma en otra encuesta que la rotación de personal ha causado problemas.

En la era Obama las cosas pueden ser diferentes –no sólo en Estados Unidos, sino en todas las democracias que emulan la del país norteamericano. Tal y como señala Ochshorn de 21 años de edad, “Los políticos a los que elegimos han creado desde hace mucho tiempo la impresión de un gobierno trasnochado e inundado de burocracia… aunque mis coetáneos están orgullosos de haber elegido a Obama y eso ha mejorado la imagen del gobierno.” Si esperanzas como esta acaban resultando exageradas, la juventud inteligente no tardará demasiado en darse cuenta.

Acceso a la noticia: http://www.economist.com/world/international/displaystory.cfm?story_id=14753826

Articles relacionats / Artículos relacionados

Subscriu-te gratuïtament als nostres butlletins

Rep notícies i idees en Recursos Humans.
Subscripció

Utilitzem cookies per oferir a les nostres visites una millor experiència de navegació pel nostre web.
Si continues navegant, considerem que acceptes la seva utilització.