César Nombela, Catedrático de la Universidad Complutense. Vicepresidente del Club ITM: "Hay problemas estructurales en la universidad pública, como su gobierno, que facilitan más la satisfacción de los intereses internos que la calidad del trabajo."

En un reciente encuentro, relajado y cordial, con empresarios españoles de notable relevancia, constaté la valoración tan pobre que algunos tienen de la universidad pública española.

Me comentaron que, para una posible incorporación a su empresa, sólo consideran candidatos titulados por unas pocas instituciones privadas, ignorando cualquier candidatura de titulados en universidades públicas.

Comenté que, con seguridad, podrían estar perdiendo la oportunidad de emplear a gente con mucho talento, pero mi comentario no pareció hacer mella en sus convicciones. Aludieron, como ejemplo, al rechazo que han encontrado en alguna universidad pública, de las más destacadas, por presentar a su empresa y la tarea que desempeña, y hacerlo en inglés, la lengua franca para muchas cosas.

La conversación a la que aludo se circunscribe al empleo de graduados en temas de economía y negocios; es decir, una fracción reducida de los que alcanzan titulaciones universitarias. Pero, como profesor que ha consagrado su vida profesional a la universidad pública, no puedo sino sentir inquietud por el deterioro de nuestra imagen en muchos ámbitos.

Nada tiene de homogénea la universidad pública española. Junto a grupos de gran actividad y nivel, coexisten otros de nivel muy bajo. Pero en nuestras universidades públicas presta servicio, ahora, más personal docente e investigador, preparado y bien formado, que en cualquier otra etapa anterior.

Un tercio de los profesores de centros públicos tiene capacidad para generar recursos competitivos de investigación, mientras que la mitad participa en tareas investigadoras con repercusión internacional. Ninguna universidad privada en España puede cubrir una actividad académica integral comparable en el conjunto de los campos que abarca la actividad universitaria.

Dificultades crecientes

Bastantes años atrás quedaron los encendidos debates sobre si la Universidad debería definirse como servicio público. Hoy existen ya un buen número de centros universitarios privados, y está muy bien que así sea. Incluso algún gobierno autonómico ha llegado a crear universidades privadas.

Sin embargo, las dificultades para competir en el mercado de la formación de más alto nivel son crecientes para la universidad pública. Hay problemas estructurales, como el gobierno de la institución, que facilitan más la satisfacción de los intereses internos que la calidad del trabajo. Las consecuencias se extienden cada vez más a la selección del profesorado.

Algunas dificultades de la universidad pública para aportar todo su potencial a la sociedad española se ponen de manifiesto con la nueva estructura de los postgrados tipo máster. Su coste en centros privados españoles puede llegar a importes entre 30.000 y 45.000 euros, o superiores. Muchas familias o individuos particulares se afanan en lograr acceso a estos estudios, ya sea mediante ahorro, préstamo o subvención.

Frente a ello, la universidad pública ha de ofrecer enseñanzas de máster reglado por un coste treinta veces menor, independientemente de los medios económicos de los candidatos. La financiación disponible limita, impide en la práctica, la participación de expertos externos o el despliegue de medios especiales. Además, el desarrollo de las titulaciones resulta complejo y excesivamente burocrático.

En conclusión, se puede ser innovador y creativo en investigación, pero mucho menos en docencia. Todos los planes docentes reglados, grado y postgrado (máster), han de pasar por filtros que lastran la creatividad y capacidad de progreso que los profesores, mientras que la financiación de estos estudios ha de someterse al criterio homogenizador común.

En este aspecto, la universidad pública está en desventaja frente a la privada, cuando más falta hace poner en marcha nuevos procesos de formación que resulten innovadores. De no hacer algo, seguiremos con las tendencias actuales. Gran parte de los mejores profesores trabajan en la universidad pública, que debe materializar todo su potencial en la enseñanza postgraduada. A mi juicio, los espacios de libertad para la actividad formativa deben ser amplios, abiertos a lo que cada cual pueda desarrollar, incluida la universidad pública.

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