Los emprendedores sociales inician su proyecto económico con objetivos que van más allá del lucro personal. Es posible crear al mismo tiempo valor social y valor económico, no son excluyentes. Este tipo de empresas están muy ancladas en el territorio.

La crisis ha castigado con fuerza nuestra sociedad. Ahí están los más de dos millones de nuevos parados cuyo retorno al mercado laboral español se augura cuando menos complicado, mientras el capital muestra una gran aversión a todo tipo de riesgo. Desde hace mucho tiempo parece evidente que para recobrar volúmenes de empleo pasados hará falta echar mano de todos los medios disponibles. Y uno de ellos, sin duda, es el de fomentar en todos los ámbitos el espíritu emprendedor. Bien, sobre ello, no existen demasiadas dudas, aunque sigue faltando un paso al frente valiente del Gobierno y una apuesta a fondo por esta vía. Además, hay una derivada que a menudo se olvida. Entre los parados, muchos pueden caer en la exclusión o generar problemas sociales colaterales. ¿Quién se ocupa de ellos? No son atractivos para el mercado y quizás en algunos casos quedan demasiado aislados para el sector público. Ahí es donde nace la necesidad de un emprendedor social. Mejor dicho, una rama de ellos, la inserción. Una idea que no es nueva, pero a la que ahora se busca poner una etiqueta por dos motivos principales: darle visibilidad para atraer nuevos emprendedores y para que los consumidores sepan quién es quién al comprar.

"Es importante que la gente visualice que se puede crear al mismo tiempo valor social y valor económico, que no son excluyentes. Y que vea también cómo este tipo de empresas están muy ancladas en el territorio. En Estados Unidos hace mucho tiempo que funcionan, en Gran Bretaña también, hace un año en Francia y ahora se les da impulso aquí", señala Alfred Vernis, profesor del Institut d´Innovació Social de Esade. "En realidad, hace tiempo que funcionan empresas con estos objetivos, pero ahora lo importante es que se les dé un signo identitario, una marca", explica David Pérez, director de la Fundació Seira. Y añade que en el planteamiento del emprendedor social no hay una forma jurídica predeterminada ni es exclusivo del sector cooperativo pero "el cooperativismo encaja perfectamente en su qué y en su cómo, por ello la Federació de Cooperatives está interesada en el movimiento".

Miquel Miró, presidente de Ara Coop - creadora de cooperativas-,afirma: "Si hablamos del qué, los objetivos sociales son claros: la atención a personas, medio ambiente, energías renovables y desarrollo comunitario. En Catalunya tenemos unas 200 cooperativas que trabajan en estos campos y todas ellas entrarían en esta etiqueta de empresas sociales". Deben ser empresas sostenibles por sí mismas, ya que una dependencia excesiva de ayudas públicas haría incierta su viabilidad. Y ello implica estar en el mercado. "En Gran Bretaña, la legislación de estas empresas prevé que al menos el 50% de sus ingresos provenga de su actuación en el mercado", añade Miró.

Pero, en realidad, tanto Miró como Pérez, ponen el énfasis en el cómo se hacen las cosas, basado en tres ejes: los trabajadores forman parte del gobierno de la empresa, la propiedad colectiva es importante y el rendimiento que se obtiene se reinvierte en la propia empresa. "Hay una doble lógica en ello", dice Pérez. "Los emprendedores quieren innovar y aúnan su medio de vida con la resolución de una problemática social o ambiental". "No olvide que, desde nuestra óptica, ganar dinero es un medio, no un fin. Esta es la diferencia entre el emprendedor normal y el emprendedor social", añade Miró.

¿Y cómo vive el potencial emprendedor este cambio? Desde el punto de vista laboral, Pérez es muy explícito: "De los últimos proyectos que entran en Ara Coop, de cada diez, siete son sociales. Esa proporción ha subido. Los emprendedores colectivos focalizan más la voluntad de entrar en esta lógica". "Hace años a nadie se le hubiera ocurrido montar una consultoría para favorecer igualdad de oportunidades o conciliación familiar. Era impensable. Eso denota una sensibilidad diferente", dice Miró.

¿Y desde el punto de vista académico? El profesor Vernis imparte esta asignatura en el MBA de Esade. "La clase está llena cada año, unos 30-35, aunque vienen más alumnos ahora. Es gente de unos 30 años que quiere ver algo más, después de años en una empresa y que, tras las prácticas, en muchos casos monta su propia empresa social".

Un último aspecto - y vital-:¿por qué comprar estos productos o servicios? "Quien compra sabe que adquiere calidad y que quien hace el producto no persigue sólo lucro, ya que en estas empresas el trabajador está por encima del capital", concluye Miró.

 


 

A la busca de iniciativas

La Generalitat lanza un programa, cuyo principal objetivo es identificar emprendedores sociales y dar impulso a sus iniciativas. En el marco del programa, se identificarán quince iniciativas emprendedoras a las que se hará un acompañamiento en su fase de creación y consolidación. Se prevéayudar a los emprendedores, formándolos en habilidades de gestión, acompañarlos en la busca de financiación y en la puesta en marcha de la iniciativa, velando por el doble objetivo de impacto social y sostenibilidad.

El programa articula un triple objetivo: búsquedade proyectos de emprendedores sociales, creación de un ´ecosistema´ de soporte técnicoy económico para que su consolidación y la difusión de buenas prácticas puedan ser replicadas. En la elección se valorarán los proyectos que sean técnicamente sostenibles, socialmente innovadores, que aporten soluciones a problemas sociales o medioambientales, comprometidos con el entorno y basados en las personas.

 


 

La empresa, un lugar amigable

Azimut 360 es una cooperativa que trabaja en el campo de la energía solar. Se ha creado este año en Barcelona. "Los tres socios habíamos probado diferentes formas laborales, asalariados, autónomos..., y queríamos algo diferente. Pensamos que el trabajo has de compartirlo con gente de tu gusto, la empresa ha de ser un lugar amigable. La jerarquía vertical en las empresas nos había cansado y montamos primero una unión y despuésla cooperativa", explica uno de los socios fundadores,

Daniel Cadilla. Están operativos en cuatro campos: ingeniería de renovables, cooperación internacional, productos energéticos colectivos y energía y espectáculos. En estos momentos trabajan fundamentalmente en varios países de África."Nuestra estrategia de crecimiento es en red, conectarnos con otras empresas y cooperativas. Hay proyectos para los que no tenemos suficientes conocimientos, pero sabemos quiénlos tiene, y viceversa. Funcionamos con convenios de asociación y nos va bien".

 


 

Los aspectos definitorios

En Catalunya, una iniciativa empresarial entra en la definición de emprendedor social cuando promueve proyectos socialmente innovadores. Sus rasgos son:

  • Actividad económica viable y sostenible
  • Genera impacto y hay una voluntad de transformación social
  • Lucro limitado
  • Propiedad y liderazgo participativo, compartido y colectivo
  • Reinvierte buena parte de sus beneficios en la propia empresa
  • Prioriza a la persona ante el capital

Acceso a Ara Coop: http://www.aracoop.coop

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