El sistema formativo español no está en sus mejores momentos, según la gran mayoría de los expertos como Federico Durán. Este mal momento tiene claras y directas consecuencias en la calidad del mercado laboral español.

El sistema formativo español no está en sus mejores momentos, según coinciden en señalar la gran mayoría de los expertos. Este mal momento tiene claras y directas consecuencias en la calidad del mercado laboral español, tal y como explica Federico Durán, catedrático de Derecho Laboral y responsable del departamento Laboral de Garrigues: 'El nivel educativo de los estudiantes que llegan a la universidad y luego a la empresa es muy bajo ' y añadió que la formación universitaria es 'un pequeño desastre ' y que la generación actual 'no es, ni mucho menos, la mejor formada '.

Con estas afirmaciones arrancaba un debate sobre la formación continua en las empresas organizado por Cinco Días y Adecco, que tuvo como ponente a Federico Durán y en el que participaron los responsables de Formación y de Recursos Humanos de varias empresas de distintos sectores.

Todos ellos coincidieron en resaltar que los problemas de deslocalización de empresas a los que ya ha empezado a enfrentarse España, así como las elevadas tasas de temporalidad y precariedad laboral tienen su origen en el bajo nivel formativo de gran parte de la mano de obra.

En opinión del director de Recursos Humanos de Indra, Francisco Martín, 'hay dos vías para crear empleo estable: ser los más baratos o se los más formados '. Los participantes en este encuentro se mostraron de acuerdo en que la ventaja comparativa que suponían los bajos costes laborales en España se ha agotado con la llegada de nuevos países a la UE con costes similares o más bajos y trabajadores mejor formados y con la incorporación al comercio mundial de países como China o India.

'Por el precio sólo es imposible diferenciarse porque España nunca va a producir al precio que se produce en China o en el sudeste asiático, la combinación entre costes bajos y trabajadores formados es la más acertada ', asegura Duran.

Esta situación obliga a las empresas a ser competitivas por la vía de realizar producción de calidad, que cuide el valor añadido del producto y eso exige una mano de obra formada. Pero para aplicar esta apuesta por la formación es imprescindible, según los responsables empresariales, que existan mayores conexiones entre las empresas y las universidades, sobre todo en los últimos años de la titulación. La falta de este nexo es la traba principal que objeta el mundo empresarial en la actualidad. 'Si la empresa acude a la universidad a buscar profesionales se encuentra con una impermeabilidad infranqueable ', asegura Isaac Vitini, responsable de formación de Uni2. Este obstáculo está provocado, según explicó, porque los responsables universitarios rechazan 'el esfuerzo que conlleva adaptarse a un ritmo de evolución del conocimiento más rápido, que es el de la empresa '.

En esta misma línea se manifestó Francisco Martín, de Indra, al señalar que 'la universidad se basa demasiado en el conocimiento y éste caduca y, por el contrario, se focaliza demasiado poco en otras competencias y habilidades '.

Se refería con esto último a la poca dedicación de las universidades a enseñanzas como hablar en público, elaborar informes o memorias o trabajar en grupo. 'Nosotros nos hemos encontrado más de un ingeniero que no sabía redactar un informe o tenía verdaderos problemas para acudir a una reunión a Bruselas por no saber hablar inglés ', se queja Mercedes Muñoz, secretaria general de Tecniberia, quien considera un 'verdadero problema la carencia de idiomas, sobre todo cuando la empresa quiere internacionalizarse '.

El problema de los idiomas está bastante extendido, a juicio de los expertos, y la culpa podría buscarse en este caso en la educación básica y secundaria. Paloma Lorenzo, de GDM, reprocha 'la falta de inversión en la enseñanza pública en los últimos años ' en favor de colegios privados 'que tienden al aprobado y al negocio ', sin importarles la calidad de la enseñanza.

Si bien Federico Durán discrepó sobre este punto, haciendo hincapié en que 'no ha habido un proceso de desinversión en la enseñanza, sino que ha habido fondos muy mal utilizados, sobre todo en la universidad '.

El problema del aprendizaje de una segunda lengua, generalmente el ingles, es, sin embargo, a juicio de Francisco Martín 'una carencia social española, que es muy difícil de solucionar '.

Para solventar la falta de agilidad a la hora de desarrollar habilidades empresariales como las citadas, Jorge González, responsable de formación de Asefa, propone la creación de una asignatura obligatoria que sea 'prácticas empresariales ' y que se imparta en los últimos cursos de cualquier carrera universitaria, con el objetivo de que los estudiantes se familiaricen con el mundo de la empresa.

Además de este tipo de habilidades, las empresas reclaman otro tipo de enseñanzas que deben impartir ellas mismas y que sólo una reforma de la Formación Profesional podría incluirlas. 'Echamos en falta conocimientos específicos en el sector de la distribución ', manifiesta Siro Pérez, de Leroy Merlín.

'La Universidad no da respuesta a las empresas '

Ningún estamento del sistema educativo se libra de las críticas empresariales pero quizás es en la universidad donde encuentran más lacras. Federico Durán lo dice claramente: 'La universidad va por libre, no da respuesta a las necesidades de las empresas '.

Durán se remonta a la época de la transición española para encontrar el origen del deterioro universitario. 'En la transición se pensó que las normas democráticas eran aplicables a cualquier institución y, por tanto también a la universidad, que debía adaptarse. Eso es un error, porque la Universidad debe tener sus propias normas de funcionamiento, que no son las procedimentales democráticas ', sino las suyas propias. En su opinión, esto ha provocado un funcionamiento de la universidad 'con una calidad muy tendente a la baja ', que se ha manifestado en dos cosas: los niveles de exigencia, cada vez menores, y la selección del profesorado, también mucho menos exigente.

Este deterioro está generando en las empresas a la hora de contratar a sus trabajadores una exigencia creciente de acreditación formativa a los jóvenes. Dicha exigencia, según los expertos, proviene probablemente de los déficit del sistema educativo en todos sus niveles. Si tuviéramos un sistema educativo bueno, bastaría con la formación correspondiente para desempeñar su trabajo.

Para suplir estas deficiencias cada vez se exigen más cursos formativos. El problema viene, según explican los responsables de las empresas, cuando en la gran mayoría de los casos esos cursos están también elegidos sin ninguna planificación, con lo cual terminan por no servir para nada y es la empresa la que tiene que formar al trabajador.

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