Cal qüestionar-se la manca de sensibilització i formació sobre la realitat del treball en grup. Hem d 'adquirir coneixements i tècniques ("talent") i al mateix temps desenvolupar destreses i habilitats per posar en pràctica aquests principis ("tarannà").

“El todo es más que la suma de las partes”

Un cuento oriental describía la historia de un pez que buscaba insistentemente el Océano. Su sorpresa fue mayúscula cuando constató que siempre había estado inmerso en él. No es muy distinta nuestra experiencia cuando descubrimos la importancia de los grupos en nuestra existencia.

El ser humano es el producto final de aquellas interacciones sociales, vivencias de grupo en su mayoría, por las que haya pasado. Para poder nacer dependemos de la relación de dos seres y nada más que nos asomamos a la vida, necesitamos los procesos de socialización para poder llegar a ser personas. ¿Podríamos lograr un desarrollo cognitivo, una maduración afectiva, la expresión de emociones, el lenguaje, la posición bípeda, etc., sin un adecuado aprendizaje social? Así, los pocos casos de “niños salvajes” descritos están más cerca de “ciertos monstruos de la naturaleza” que del personaje literario de Tarzán.

Estamos tan inmersos en esta realidad grupal que no le damos importancia. Si nos parásemos un momento para realizar una descripción diaria de nuestras actividades. No es raro, que nos sorprendiésemos de que la mayoría, si no la totalidad de nuestras tareas, son interacciones humanas: familia, trabajo, amigos, asociaciones, etc. Sin embargo, ¿cómo nos han preparado para trabajar en grupo? ¿Cuántas asignaturas en nuestros planes formativos se han dedicado a sensibilizarnos para colaborar con otros? La experiencia nos demuestra que nos jactamos de hablar del trabajo en equipo, cuando en la práctica, más bien, éste brilla por su ausencia. Lo poco que vamos asimilando de las dinámicas grupales es a través del aprendizaje por “ensayo y error”, sobre las experiencias negativas o positivas que hemos tenido en nuestra relación con los demás.

Trabajar en equipo no es la mera suma de las aportaciones individuales. Dos más dos no son necesariamente cuatro. Pueden ser más diez o menos veinte. Si se conectan bien las diversas interacciones o “sinergias” de sus miembros el resultado final puede ser muy enriquecedor. Si hay rechazo y bloqueo, esas fuerzas pueden volverse contra todos y anular el trabajo en grupo. De ahí que trabajar en equipo no sea sólo un estar juntos y que cada uno haga lo suyo. Es un cuidado determinado para realizar una actividad laboral y asumir un conjunto de valores. Es un espíritu que anima un modo de ser entre las personas que lo constituyen. Es un estilo, que está basado en la confianza, la comunicación, la sinceridad, etc. Es asumir la actividad del equipo como propias. Es planificar y realizar conjuntamente las tareas. Es solucionar los conflictos como una oportunidad de enriquecimiento mutuo, etc., que conlleva una actitud de aprendizaje permanente. Es un “talento” y sobre todo un “talante”.

No es extraño observar que existe un desfase entre lo que se dice en los foros oficiales y lo que realmente se realiza en la actividad laboral diaria. En teoría se valora el trabajo en grupo, en la práctica si se puede se evita. ¿Qué nos pasa?¿No será que quizás no hayamos asimilado las claves para un correcto trabajo en equipo? He aquí algunos modos de proceder sobre el que hemos elaborado el que denominamos:


Decálogo del “Llanero solitario” o antigrupo

  1. “Cuida de ti mismo ya que nadie lo hará por ti”. “Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente”. Sé realista, si no te valoras y defiendes, ¿quién lo hará?
  2. “Masas ni de obispos”. Trabaja solo, es más efectivo y productivo que el trabajo en grupo, cuando se juntan varias personas lo único que consiguen es perder el tiempo.
  3. "En comunidad no muestres tu habilidad". No saques tus capacidades en un grupo, ya que los otros se “inutilizarán” y nadie "sabrá hacer nada".
  4. “Critica que algo queda”. Crea un mal clima grupal y desprestigia al resto, es la mejor manera de promocionarte.
  5. "El que da primero, da dos veces". Destaca frente al grupo, los segundos siempre van detrás del primero.
  6. “Si puedes apuntarte un tanto solo, no cuentes con los otros”. “Ande yo caliente, ríase la gente”. Fomenta el individualismo, es la mejor manera de que te reconozcan frente a los demás que son “inútiles”. Es mejor ir de “llanero solitario” por la vida.
  7. “Desconfía de tus compañeros”. Los otros son tus enemigos. “Si no los eliminas, te eliminarán a ti”.
  8. “No delegues”. Fomenta la sensación de ser imprescindible. “Es evidente que los demás no pueden hacer nada sin ti”.
  9. “Mantén a la gente en la incógnita y la incertidumbre”. No comuniques, es mejor que adivinen lo que tienen que hacer, ya que es un buen ejercicio de “motivación” para el grupo.
  10. “Compite con tus compañeros”. La rivalidad anima y fomenta la productividad.

Hagamos un pequeño experimento, pasemos este decálogo a varias personas y pidámosles que indiquen si es verdadero o falso lo que presenta respecto a la experiencia que vivan en su organización. ¿Cuáles son los resultados? ¿Confirman el decálogo? ¿Lo cuestionan?

De ahí que tengamos que ser conscientes de que no sólo hay que tener buena voluntad sino que hay que saber hacer bien las cosas. ¿Por muy buena persona que sea un amigo le dejaríamos que nos operara si no tiene la especialización médica en Cirugía? Hay que cuestionarse la falta de sensibilización y formación sobre la realidad del trabajo en grupo. Por un lado, debemos adquirir conocimientos y herramientas (“talento”) y al mismo tiempo, desarrollar destrezas y habilidades para poner en práctica esos principios (“talante”). Si de algo podemos estar seguros es de que tenemos que convivir con otros. Nos guste o no es una evidencia de la cual no podemos escapar. Incluso el aislamiento más absoluto se percibe como tal por la experiencia de soledad y ausencia de los otros.

No decimos nada nuevo si afirmamos que hoy en día, las aplicaciones psicológicas a las diversas áreas de la existencia humana se han puesto de moda. De ahí que las organizaciones no puedan pasar por alto esta realidad. Como ejemplo, uno de los que ha sido distinguido como premio Nobel de Economía en el año 2002, D. Kahneman, es un catedrático de Psicología cuyas investigaciones han girado en torno a la toma de decisiones en situaciones de inseguridad e incertidumbre.

Algunos alegarán que quizá no se deba a un planteamiento de principios, sino a un mero pragmatismo. Si bien, aunque sólo sea por la evaluación positiva de las consecuencias, -un aumento de la satisfacción personal y una mayor eficacia productiva- es aconsejable potenciar el trabajo en equipo en las organizaciones.

Esperemos que esta inquietud actual de sensibilización por las relaciones sociales y por tener en cuenta a los sujetos que las hacen posible, no se quede sólo en una estrategia comercial. Queramos o no, las organizaciones funcionan gracias a las personas y es nuestra responsabilidad crear entornos de trabajo más humanos y con una alta calidad de vida.

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