Las relaciones sociales en España son algo habitual y cotidiano en el mundo de los negocios, y son las que en muchas ocasiones desbaratan las jornadas laborales. Otro elemento que descabala la agenda de los profesionales son las comidas de trabajo.

Todas las semanas suelo entrevistar al menos a un par de altos ejecutivos, y a todos les pregunto cuántas horas trabajan. La respuesta suele ser siempre la misma: 'Me da vergüenza decirlo, pero unas 12 horas al día, y los fines de semana me llevo algún informe o asunto pendiente a casa '. La mayoría reconoce que son demasiadas horas, pero que desconoce la fórmula mágica para desarrollar sus funciones con un horario más reducido. Uno de los argumentos que esgrimen en su defensa es que la propia dinámica de la compañía para la que trabajan no les deja otra escapatoria: suelen trabajar en multinacionales y muchas veces se ven obligados a reportar a la casa matriz, y en su contra juega la diferencia horaria. Otro elemento que descabala la agenda de los profesionales españoles son las denominadas comidas de trabajo, por no hablar de las cenas, que aunque cada vez menos, también existen. Y es que las relaciones sociales en España son algo habitual y cotidiano en el mundo de los negocios, y son las que en muchas ocasiones desbaratan las jornadas laborales.

Los ejecutivos afirman que ellos, sin embargo, fomentan la flexibilidad horaria entre la plantilla y que muchas veces salen del despacho para decirles a sus empleados que se vayan a casa. ¿Pero, a qué hora se lo dicen, cuando ya han sobrepasado con creces el horario o cuando han terminado ese informe que les ha obligado a permanecer en la oficina haciendo horas extras? Lo que cuesta creer es que los empleados se vayan a ir a casa y dejar la oficina desierta si el jefe no ha llegado todavía de una comida de trabajo. Muchas veces ellos deberían predicar con el ejemplo, y ser los primeros en cerrar el despacho y no prolongar en exceso la jornada.

Al margen de la alta dirección, hay un dato que puede avalar las maratonianas jornadas laborales que se viven en las empresas españolas. Dice el último informe de Eurostat sobre el mercado laboral que los asalariados españoles trabajan una media de 39,6 horas a la semana frente a las 37,3 de media de la Unión Europea (aquí no se tiene en cuenta la decena de países tras la ampliación). En la Europa de los 25, la media está en las 37,9 horas y en la eurozona en 37,6. Pues bien, los españoles trabajan dos horas más. Y añaden una más con respecto al año pasado. Los trabajadores varones superan las 40 horas de jornada legal, hasta situarse en 42,4. El de las mujeres es de 35,4 horas.

Dentro de la Europa de los 15, sólo los griegos trabajan más horas que los españoles, con una media de 42,4 semanales (44,5 los hombres y 39,1 las mujeres). Por el contrario, los holandeses trabajan sólo 31,4 horas, pero eso se debe también a que los empleos a tiempo parcial representan el 46,2% del total, frente a un 20,3% en la Unión Europea y un 12,8% en España.

A pesar de sus largas jornadas, España no se encuentra ni mucho menos entre los países con mayor productividad de Europa. Es más, es un país muy poco competitivo. Y eso también es preocupante porque nos encontramos en la categoría tortuga, como se califica en términos empresariales a los países más lentos en competitividad, frente a los tigres, aquellos que más despuntan.

La economía española y sus empresas no han mejorado, en este sentido, ni un ápice durante 2005. Y pese a estar entre las diez principales economías del mundo, sigue estancada en el puesto 23, por detrás de países como Estonia, Emiratos Árabes o Chile, en el ranking de competitividad que elabora cada año el Foro Económico Mundial (WEF, en sus siglas en inglés) tras evaluar a 101 países.

Otro estudio, éste elaborado por el Instituto de Empresa y Adecco, destaca que 'los ciudadanos de los países más competitivos -en este caso, Suecia y Finlandia- están más satisfechos con su entorno y nivel de bienestar '. También se pone de manifiesto que los trabajadores de entornos más competitivos son más autónomos, libres de organizar su trabajo y asimismo participan en la dinámica de la empresa. No es el caso de España, aunque el debate ya está en la calle, sobre todo desde que el Gobierno anunciara que desde el 1 de enero de este año entran en vigor las medidas del Plan Concilia en la Administración, que recoge una serie de medidas para avanzar en la conciliación de la vida laboral y personal.

Entre las nuevas medidas, se concede a los padres 10 días de permiso por paternidad, se ofrece la ampliación en cuatro semanas de la baja por maternidad y se flexibilizan los horarios de los funcionarios, de manera que nunca podrán extenderse más allá de las 18.00 horas.

Cuando presentó el proyecto, el ministro de Administraciones Públicas, Jordi Sevilla, tranquilizó a los que aún recelan de la flexibilidad laboral y opinan que cuantas más horas se esté en la silla en el trabajo, mejor le irá a la empresa. 'Los empleados públicos no van a trabajar menos. Van a trabajar mejor '. Así de tajante, pero lo cierto es que a lo que deben aspirar las organizaciones modernas es a tener en sus plantillas equipos de profesionales comprometidos, responsables y motivados. Y eso no se consigue teniéndoles atados a la mesa del trabajo, se obtiene haciéndoles responsables de sus propias funciones y tareas e implicándoles en la estrategia y en la marcha de la compañía.

No queda otra salida porque en pleno siglo XXI, con la mujer incorporada de lleno al mundo del trabajo, con la irrupción de las nuevas generaciones que no quieren renunciar a su tiempo libre en favor de una carrera profesional de éxito, las políticas de equilibrio entre la vida personal y laboral se convierten en una herramienta de gestión necesaria para atraer y retener talento y para mejorar la productividad.

En esa línea lleva trabajando varios años la consultora Comunicación de Valor Añadido (CVA), pionera en lanzar la campaña Hacia el equilibrio de la vida profesional y personal, cuyo broche lo pone la entrega de los premios Empresa Flexible. Varias empresas han destacado ya por sus iniciativas en cuanto a flexibilidad de tiempo, espacio, beneficios sociales, apoyo profesional o políticas de servicios para sus empleados. Para tomar nota, vayan por delante algunos ejemplos: Caja Madrid ofrece la opción de reducir la jornada en un mínimo de una hora y un máximo de la mitad de la jornada para el cuidado de hijos menores. IBM dispone de flexibilidad horaria de 8.45 a 17.30 horas, con media hora de margen a la entrada y la salida y una pausa de 45 minutos para comer. En Vodafone no hay control presencial y sólo se exige que el servicio no se vea afectado. Nokia permite trabajar dos días por semana desde casa, eso sí, bajo aprobación del jefe. Esta medida ha llevado a que el 80% de los empleados de la empresa de telefonía finlandesa utilice el teletrabajo. Por algo se empieza.

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