Ni enfrentamiento con los no fumadores ni malos humos. La ley Antitabaco fue recibida con resignación y cumplimiento por la mayoría de los fumadores.Se cumplió, sobre todo, en las grandes empresas y en los negocios de cara al público.

Los fumadores han dado la talla, al menos en las 48 horas de la entrada en vigor de la ley del Tabaco. Pese a las innumerables voces que vaticinaron enfrentamientos entre fumadores y no fumadores -sobre todo en el trabajo donde se ha prohibido por completo el cigarrillo-, la realidad es que la norma está en la calle sin confrontaciones dignas de mención. Al contrario, los fumadores han hecho gala de su educación -lo que no quiere decir que todos estén de acuerdo con la ley-, respetando en términos generales los espacios libres de humo en favor del 70% de la población española que no fuma.

Ayer, primer día efectivo de la ley al ser jornada laboral, la tónica general fue de respeto a la norma, sobre todo en los centros laborales, lo que no es óbice para que hubiera quienes se la saltaran o que algunos colocaran carteles contrarios. Es el caso de una panadería cafetería, ubicada en la calle Núñez de Balboa de Madrid, que impedía la entrada a menores de 18 años al declarar el local zona de fumadores. Sin embargo, según establece la ley, no se puede fumar en este establecimiento al elaborarse en su interior alimentos, ni tampoco dice nada la norma de impedir que un menor entre a comprar el pan.

Ante el clima de normalidad, el Ministerio de Sanidad, a través del director general de Salud, José Martínez Olmos, expresó su satisfacción por el cumplimiento de la norma y destacó el "optimismo" con el que los ciudadanos han recibido la ley. Olmos señaló que la acogida en los centros de trabajo "ha sido buena" y se mostró convencido en que en breve los beneficios de la normativa serán valorados por no fumadores y no fumadores.

En casi todas las grandes empresas de oficinas de la Diagonal de Barcelona, había algún empleado que fumaba en la calle, pese al aire helado de primera hora de la mañana. "Cada media hora sale alguien a fumar", según un vigilante de la sede central de La Caixa, Muchos oficinistas de estas empresas grandes explicaban que en su empresa ya estaba restringido fumar (salvo en las salas de fumadores o en la cafetería), y ya se habían acostumbrado a no tener todo el tiempo un cigarrillo entre los dedos.

Aun así, a María Jesús le molesta la ley por el engorro que le supone tener que bajar a fumar a la calle, lo que hizo en tres ocasiones ayer por la mañana. "Me molesta esta ley porque siento que coarta mi libertad. Yo procuro no molestar a nadie cuando fumo y como yo hay otros muchos fumadores. Creo que se podían haber mantenido las salas de fumadores y no ser tan radicales".

Mucho más relajado se mostraba Alfonso, empleado de una inmobiliaria de Madrid. "Lo mismo me da irme a la sala de fumadores que bajar a la calle. Si me apuras, casi mejor, porque en el tiempo que llevo trabajando sólo he bajado una vez. Quizá deje de fumar".

En la misma línea se pronuncian dos trabajadoras del edificio de Caja Madrid, en Barcelona. A la puertas han depositado grandes ceniceros y Rosa ha colgado un chiste que pone "estoy que muerdo", aunque no es verdad. O no del todo. Dice que le está costando no fumar, pero lo soporta. "Estoy pensando comprarme unos parches de nicotina", indica.

En empresas más pequeñas o despachos donde no había restricciones para fumar, la prohibición tiene más impacto. Jose María, de una empresa eléctrica en un polígono industrial de Badalona tiene ahora que salir a fumar a la calle, cuando antes lo hacía cuando le apetecía. De momento ayer, él que es fumador empedernido, fumó menos: dos cigarrillos por la mañana: uno con el desayuno y uno que fumó fuera (sin contar los que fumó antes del trabajo y en la comida). Como otros empleados, lo lleva regular, aunque afirma no estar más nervioso ni irritado.

Lo primero que oyó Anna, comercial de Barcelona, cuando se despertó fue "primer día de trabajo sin humo". Para darse ánimos, se fumó un cigarrillo. A media mañana llevaba cuatro. "Otro día, llevaría ocho", asegura. En la oficina, de ocho trabajadores fuman tres. Bajarán a la calle cuando quieran, así que no cree que haya problemas.

En cambio, Ana, Begoña y Bea, de una empresa de telefonía, no pueden salir cuando les apetece y aprovechan para fumar en los descansos que tienen: dos de 10 minutos y uno de 40 minutos. "Hay un momento en que te apetece mucho y fastidia", se queja Bea. Supone que se acabará acostumbrando a fumar menos. En una empresa de azulejos de Madrid, ni se fuma ni se dan minutos a los fumadores para hacerlo. "Simplemente, se aprovecha la pausa del bocadillo", explicó un encargado.

"Nosotros llevamos unos meses en que no se puede fumar en las instalaciones y no ha supuesto grandes problemas. Nos preocupa más la regularización laboral que quiere hace la empresa que la ley del Tabaco", afirmaban dos empleados de Unilever en Barcelona.

"Cuando se decidió que no se fumaba dentro, creí que iba a ser muy duro. No lo fue tanto. A la sala de fumadores sólo iba una vez cada dos horas. Ahora, bajaré a la calle, si bajo", señala Manuel, de 31 años, empleado de Endesa en Madrid.

En cada empresa, la situación varía pero se coincide en que se cumple la ley, hay normalidad y los fumadores, en general, están resignados y creen que podrán soportarlo.

Frederic Monell, portavoz de UGT en Catalunya, indicaba que no existe la percepción de que vaya a haber conflictividad. Ayer no la hubo. "Las empresas han de ir adaptando la ley a sus características, y habrá conflictos, pero muy puntuales. Se actúa civilizadamente y con sentido común y lo que hemos recomendado a nuestros delegados es que se busquen acuerdos y eviten conflictos innecesarios", explicó.

"La ley no tiene por qué dar pie a guerras laborales, pues tiene un objetivo positivo que es mejorar la salud tanto de los no fumadores como de los fumadores; hubiéramos preferido que fuera algo más flexible, pero ahora lo que hay que hacer es aplicarla con cierta flexibilidad y sin estigmatizar a nadie", apuntó Monell. Considera que, según las empresas y tipo de trabajo, sin establecer pausas específicas para fumar, en unos casos se podrá permitir a los fumadores que echen un pitillo cuando quieran y en otros, deberán hacerlo aprovechando los descansos establecidos.

La consellera de Salut, Marina Geli, abogó también por buscar acuerdos y señaló que la Generalitat centrará la inspección en los puntos de venta de tabaco, la venta a menores y la publicidad, aunque advirtió que está previsto hacer seguimiento de las denuncias que haya.

UGT sí reclama que las empresas y la Administración pongan a disposición de los trabajadores programas de deshabituación. Con todo, Monell rechaza la queja de la patronal de que la ley puede reducir la productividad, porque los fumadores paren para fumar o porque por sentir ansiedad, rindan menos.

En empresas pequeñas, con un dueño y dos o tres trabajadores había ayer algún incumplimiento. En una carpintería madrileña, donde trabajan un padre y un hijo, el primero fuma. "¿Qué le voy a decir a mi padre? dentro del local, nadie le ve", dice el joven. En cambio, en comercios, los empleados no fumaban en el interior y los clientes apagaban el cigarrillo antes de entrar. Eso sí, en el suelo.


Bares y restaurantes pequeños dejan fumar

La gran mayoría de los bares y restaurantes de menos de 100m2ha optado por seguir como estaba: deja fumar. Algunos no tenían aún ayer cartel que lo indicara, pero la explicación más extendida es que el 90% de clientes fuma. Y eso, pese a que las recientes encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas y el Departament de Salut coinciden en que sólo fuma un 26% de la población.

El presidente del Gremi de Restauració de Barcelona, Gaietà Farràs, corroboró que el 90% de locales pequeños deja fumar, aunque cree que la tendencia de algunos será prohibirlo y se acabará con un 70% que dejen fumar y un 30% que no. Dependerá de la demanda. Ayer, algún cliente se quejaba de que pese a la ley, seguía desayunando con humo. Según una encuesta del gremio, entre un 15% y 20% de restaurantes y bares de menos de 100 m2está dispuesto a prohibir fumar. La Generalitat quiere que la mayoría de los locales pequeños sean espacios sin humo, y si en un año no aumentan significativamente, se plantea obligarlo por ley, como recordó ayer la consellera Marina Geli.

Entre los locales que han optado por ser espacios sin humo, hay algunos cuya superficie les permitía habilitar área de fumadores. La razón principal para no hacerlo es que la obra de partición era muy complicada. "Un área separada era inviable en el local - dice Josep Cos, director del Pipers Tavern, cafetería que ha prohibido fumar-. Algunos clientes fumadores han venido y fumado fuera. No ha habido muchas quejas".

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