Al finalitzar el 2005, la temporalitat dels joves catalans era del 62%. L 'actitud de molts d 'ells no contribueix a baixar l 'excessiva precarietat. Però aquesta és una responsabilitat compartida.

Supongamos un país en el que la maquinaria educativa sea capaz de poner en el mercado laboral a unas personas con los conocimientos que las empresas demandan. Supongamos que los canales de transmisión entre uno y otro mundo están muy perfeccionados y la información que circula por ellos es rápida y eficiente. Pues bien, en este hipotético país, las fricciones en el momento de la transición del estudio al trabajo, serán mínimas y los estudiantes se convertirán en trabajadores sin apenas enterarse del cambio. Todo encaja aceptablemente y la rueda productiva se engrasa de forma continua para renovarse y seguir su marcha. Evidentemente, el cuento termina aquí, ya que la realidad es muy diferente y, por múltiples razones, la transición del joven al mercado laboral acostumbra a ser difícil cuando no traumática. Habitualmente ésta adquiere formas no deseadas en la salida. Hay insatisfacción, o bien se transforma en paro (la tasa de paro juvenil en la mayoría de países es mucho más alta que la total) o florecen empleos pasajeros -o se adaptan para ello-que disparan la precariedad, cuando no, ambos fenómenos a la vez.

La situación en Catalunya, por ejemplo, al finalizar 2005 era de una tasa de paro juvenil a la baja -en el 15,7%-y una tasa de temporalidad al alza -en el 62,3%- cuyas evoluciones respectivas en los últimos años pueden verse en el gráfico del friso. Mientras la tasa de paro multiplica por 2,3 la total (6,6%), la de temporalidad casi se triplica. La temporalidad, pues, parece ser la tendencia que está ganando terreno. Y, ¡ojo!, aunque el 62% parezca una cifra estratosférica, en algunos sectores -sin datos oficiales-se estima mayor. ¿Cómo se ha llegado a ella? o, mejor, ¿se puede salir de ella?.

La respuesta es muy compleja porque para llegar a esta tasa de temporalidad han intervenido paso a paso y de forma activa -aportando su particular idiosincrasiacada uno de los agentes que intervienen, ya sean empresarios, jóvenes, administración o incluso el tipo de empleo que crea el mercado. Habitualmente, de entre todos ellos, administración y empresarios son los que se llevan la cuota superior -cuando no total-de culpabilidad sobre una situación ciertamente preocupante. Ahora bien, con ser ciertas, es necesario matizarlas, porque hay otros aspectos que inciden; la cultura que se está imponiendo entre los jóvenes, por ejemplo, implica en muchos casos comportamientos y actitudes que no siempre son fáciles de armonizar en este complicado laberinto.

Para Carlos Sánchez, socio director de e-motiva,consultora de recursos humanos, hay que empezar por distinguir la temporalidad adecuada -generada por trabajos de temporada-y la inadecuada, sustituir trabajo fijo por temporal y rotación. Las autoridades laborales han estimado recientemente que un 20% de los contratos temporales en vigor son ilegales. Ahí hay una responsabilidad clara de empresarios y administración. Los primeros por saltarse una legalidad vigente, empujada todavía por la prioridad del Gobierno de fomentar el empleo a toda costa. Y éste por no reparar que la aplicación nacida en 1994 -con caída del empleo y entrada de muchos jóvenes al mercado-tenía su justificación, pero no ahora.

Superado este punto previo -que debería ser fulminado por la administración-hay que preguntarse hasta qué punto interviene en esta temporalidad la actitud y la implicación de los jóvenes al dar el salto de la escuela a la empresa, sus valores y la importancia que dan al dinero. Sánchez opina que en el primer ciclo vital -cuando el joven depende aún de sus padres-entran en liza dos elementos clave. "El primero es generacional, con un rechazo a valores como la seguridad, el esfuerzo, el compromiso... y el segundo, lo que representa el dinero para ellos. De entrada, no se toma un compromiso laboral hasta no verlo muy claro. En los 90 esto no se podía hacer. Ahora, sí. En los 90 el valor de la seguridad económica era importante y ahora ha desaparecido. No tienen miedo, no saben lo que es, porque han vivido siempre con la red de los padres. El cambio se produce cuando construyen un proyecto de vida. Pareja y piso de propiedad, hipoteca... ayudan a descubrir la importancia de la estabilidad, la seguridad y se empiezan a adoptar compromisos. La rotación laboral disminuye entonces drásticamente".

Pilar Jiménez, directora de recursos humanos de Saba, cree que "priorizan la calidad de vida, quieren tiempo porque para ellos el ocio es clave. El ejemplo de las muchas horas que trabajan los padres lo ven como algo negativo. Por ello buscan la mejor relación salario/ horario, lo que es un acicate constante a cambiar de empleo. Probablemente esta actitud sea fruto de una educación sobreprotectora en la que los padres han hecho un gran esfuerzo para darles lo que no hemos tenido nosotros".Anna Fornés, gerente de la Fundació per a la motivació dels recursos humans refuerza esta idea al añadir que, además, "hay falta de motivación porque en muchos casos no trabajan en lo que habían previsto. Y en su educación nadie les ha hablado de frustración. Creen que todo es fácil porque desde pequeños han tenido lo que han deseado. La frustración les llega con el sueldo de entrada que no les da para lo que habían imaginado. Por ello están dispuestos a cambiar de trabajo tantas veces como sea necesario, porque les mueve exclusivamente la cifra del salario". Ello explica la fuerte rotación. Según Treball, son 3,6 contratos por año como promedio que afectan al 50% de los jóvenes (16-24 años) en Catalunya.

"Sí, el dinero es la clave, ya que el triunfo fácil es lo que se les vende desde los medios de comunicación. Y cualquier vía es buena para obtenerlo", comenta Angels Serrat, técnica de inserción de la Associació d´Amics de la UPC quien introduce un nuevo elemento de reflexión. "En nuestro observatorio de las empresas, los perfiles que éstas buscan, más allá de los conocimientos técnicos, priman cada vez más las competencias que se aprenden por experiencia". El tiempo -su percepción por parte del joven-se alza, pues, como otro factor clave de la inestabilidad laboral. "El concepto de tiempo es hoy completamente distinto para los jóvenes", apunta Jiménez.

"Cierto. estamos ante una generación que vive online y que no admite la espera en ningún ámbito de su vida. En el trabajo es lo mismo. Piensa y actúa en función de la inmediatez. ¿Cómo le explicas a un joven el sentido que tiene una carrera profesional a 10 años? Sencillamente, no la entiende. El plazo es excesivo para él", dice Sánchez. Un problema adicional, pues, está servido. Y no precisamente pequeño. Sin tiempo es evidente que no hay aprendizaje y sin aprendizaje no hay experiencia. Es obvio que en la vida han de pasar cosas, digerirlas y aprender de ellas. Son los pasos previos a la madurez. Aprender a digerir un no,por ejemplo, algo que hoy también resulta muy difícil a un joven. Pilar Jiménez recuerda que hay quien trata de suplir esta incapacidad de soportar la espera haciendo másters. "Y no es el camino".


Una responsabilidad compartida

La responsabilidad dela precariedad laboral de los jóvenes es compartida. Carles Sánchez hace una síntesis de la cuestión. "Los empresarios, en muchos casos, siguen anclados en los años noventa, cuando la situación demográfica -y el volumen de entrada de gente al mercado laboral-era radicalmente distinto al actual. Sobraba personal por todas partes e hicieron suya la cultura de que hay mucho donde escoger y así se mantienen, primando la rotación. Pero el mercado les hará cambiar en poco tiempo, ya que la escasez de trabajadores en muchos sectores es notoria. En segundo lugar, está la tipología de los empleos que se crean en nuestro mercado y en los que una parte importante ya nacen con el márchamo de la temporalidad, comoenel sector del ocio, o bien son poco atractivos para el joven. En tercer lugar, están los propios jóvenes-estoy hablando sobre todo de aquéllos que no se han independizado todavía-cuya cultura está muy basada en la inmediatez y se muestran en general poco propensos al compromiso y, en cuarto lugar, estaría la administración que no ha hecho lo suficiente para evitar que los peajes dela transición dela escuela al trabajo sean tan altos. Seguimos viviendo de contratos que se crearon con urgencia hace años en una situación laboral y demográfica muy diferente a la actual"

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