Según una encuesta, más de la cuarta parte de las empresas turísticas -cadenas hoteleras, de restauración, agencias de viajes, etc.- tiene dificultades para atraer a personal clave, y a un 13% le cuesta además retenerlo.

"María se va todo el verano a Australia", comenta una joven adolescente a su padre. "Pues sí que tiene poco trabajo", responde el progenitor. "Es que ha dejado Biología y estudia Turismo", justifica la hija. "¿Turismo? ¿Y eso es estudiar? ¡Eso no es nada!". Esta conversación intrascendente se producía ayer en un ascensor sólo unas horas después de que Exceltur, la asociación que agrupa a 27 de las mayores empresas turísticas del país, presentara el Libro Blanco de los Recursos Humanos del Turismo en España, entre cuyos diagnósticos figura tanto la mala reputación como empleador que tiene el sector como la falta de personal cualificado de que adolece.

Según la encuesta realizada por la consultora PeopleMatters en el marco de este libro blanco, más de la cuarta parte de las empresas turísticas - cadenas hoteleras, de restauración, agencias de viajes, empresas de ocio, de transporte aéreo o de alquiler de vehículos- tiene dificultades para atraer a personal clave, y a un 13% le cuesta además retenerlo. "Hace unos años el problema del sector era la escasez de capital, pero ahora es la escasez de recursos humanos, en todos los niveles y en todos los sectores; no encontramos equipos capaces de conseguir los objetivos de desarrollo que podemos asumir", asegura Amancio López, presidente de Hotusa.

Esta escasez de personal cualificado se produce además en un momento en que el sector ha asumido que el modelo tradicional español de turismo de masas, basado en crecer por volumen y a base de competir por costes y precios, está agotándose y la supervivencia inplica la diferenciación y la calidad. "Muchos competidores tienen más sol y más playa, y tampoco nos podemos posicionar ya por precio, de modo que en lo que nos podemos diferenciar es en el servicio, en la calidad que ofrecemos, y detrás de eso están las personas", apunta Joan Gaspart, presidente de Husa.

Pero, a juzgar por el diagnóstico efectuado por PeopleMatters, la política de recursos humanos no ha sido ni es una de las prioridades del sector. "Los directivos rehúyen la industria turística, que tiene imagen de sector de tercera división a pesar de ser la principal industria del país", comenta el socio director de la consultora, Alfonso Jiménez. Y explica que no es sólo que las empresas turísticas tengan una imagen deteriorada como empleadoras por los incómodos y prolongados horarios de trabajo, salarios poco competitivos, baja estabilidad, frecuentes remuneraciones en dinero negro o pocas perspectivas de desarrollo profesional, sino que también presentan un notable retraso en la aplicación y desarrollo de políticas de gestión de personal habituales ya en otros sectores empresariales. "Hace falta que las empresas turísticas fijen una estrategia de recursos humanos del mismos modo que fijan una estrategia de compras o de financiación; tienen que mejorar sus políticas de selección, de formación, de compensación y sus relaciones con los empleados; sólo si consiguen involucrar a los empleados lograrán que sientan la camiseta y puedan aportar calidad al servicio", apunta Jiménez.

A este respecto, el vicepresidente ejecutivo de Exceltur, José Luis Zoreda, cree que el modelo convencional de negocio turístico de sol y playa "ha favorecido una gestión de los recursos humanos más táctica y enfocada a asegurar la eficiencia operativa, a contener costes y a evitar conflictos sociales, pero las condiciones de ese modelo están cambiando aceleradamente y, desde esta perspectiva, la gestión de recursos humanos se convierte en una de las políticas clave para generar un entorno de trabajo en el que los empleados den lo mejor de su talento".

El presidente de Exceltur y presidente de Hoteles Playa, José María Rossell, asume que el reto del sector está en potenciar los recursos humanos. Pero matiza el diagnóstico que se desprende de los estudios que han servido para elaborar el libro blanco. "La industria turística española engloba desde un bar con dos empleados o un restaurante con cinco a un gran hotel o una compañía aérea, con más personal que una industria química, y se produce un efecto contaminación por el que la economía sumergida o las retribuciones por debajo de convenio que puede haber en algunas pequeñas empresas dañan la imagen de todos, también de las que cumplen a rajatabla con salarios, horas extras...", justifica Rossell. Como otros empresarios del sector, reclama a las administraciones una adecuación de la normativa laboral aplicable al sector y una reforma del sistema educativo que potencie los estudios de turismo. "La impresión de los empresarios sobre las escuelas de turismo es que hay abundancia en número y falta calidad, cuando tendríamos que aspirar a que España fuera la escuela mundial del servicio turístico", admite Jiménez.

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