La crisi econòmica ha accelerat el procés de renovació després de la crisi econòmica mundial. Les escoles de negocis volen una formació de gestió més responsable i algunes fins i tot aposten per fer juraments hipocràtics per accedir a la professió.

El MBA y las escuelas de negocios se enfrentan a su examen más difícil: cómo renovarse y afrontar la nueva década después de la hecatombe económica mundial que ha puesto en entredicho algunas de las prácticas de gestión empleadas por la clase ejecutiva y empresarial.

No es la primera vez que sucede en la historia del management, que se inició en 1881 con la puesta en marcha de The Wharton School, una de las escuelas de mayor prestigio del mundo, y desde 1908, cuando Harvard creó la primera graduación en Administración de Empresas (MBA). A lo largo de este tiempo, han aparecido algunos gurús, como el profesor canadiense Henry Mintzberg, una autoridad dentro de la formación ejecutiva y que en su libro Directivos, no MBA 's, realizó una crítica a la dirección de empresas y a la formación empresarial.

Resulta que Mintzberg, estudiante de doctorado en el Massachusetts Institute of Technology (MIT), decidió analizar cómo se comportaban los directivos y comparó su trabajo cotidiano con lo que realmente se enseñaba sobre cómo debían comportarse.

Una vez más la teoría y la práctica iban por caminos diferentes: los directivos suelen trabajar bajo presión, sin tiempo para tomar decisiones o para analizar detenidamente todo lo que acontece a su alrededor, donde es muy difícil separar lo urgente de lo importante. Mintzberg demostró que la alta dirección invierte la mayor parte de su tiempo atendiendo crisis e imprevistos, sin tiempo para planificar.

Este devenir diario está alejado de lo que se aprende en una escuela de negocios, donde la herramienta formativa habitual es el método del caso, que el estudiante analiza en solitario para más tarde debatirlo con sus compañeros, y posteriormente contrastarlo en aula con el profesor.

La crisis ha puesto en entredicho la reputación de la alta dirección, y esto está haciendo saltar las alarmas en las escuelas de negocios, encargadas, en parte, de velar por la buena imagen.

El profesor de Administración de Empresas de Harvard Business School Nitin Nohria, que el próximo mes de julio se convertirá en el décimo decano de esta institución, abordó en un artículo titulado Es la hora de hacer del management una verdadera profesión la necesidad de implantar un código deontológico que garantice las buenas prácticas en al gestión empresarial. Harvard es una de las escuelas más cuestionadas por la crisis financiera, dado que la mayor parte los directivos que gestionan Wall Street tienen un posgrado en este centro. Esta declaración de intenciones se suma a la corriente que surgió al hilo de los últimos escándalos financieros, que han desencadenado la presente crisis mundial, conocido como juramento hipocrático en los negocios.

El debate en España también existe aunque más veladamente, y los datos que manejan las escuelas de negocios demuestran que el Master in Business Administration (MBA) no corre peligro, de momento.

Según explica el director general de IESE, Jordi Canals, hay un factor esencial que contribuye a la incertidumbre en el citado programa. Por un lado, "una caída" en Estados Unidos y en Europa, donde aquí se puede hablar sólo de estancamiento, en el número de solicitudes para hacer el GMAT, nomenclatura del Graduate Management Admisssion Test, que no es otra cosa que una prueba específica para acceder al MBA.

Para Canals, habría que analizar por qué hay menos americanos interesados en cursar un MBA, pero esta caída se compensa con un crecimiento en el número de solicitudes en Asia y en Europa del Este. A pesar de ello, asegura que el MBA de las escuelas de negocios "sigue siendo reconocido como la mejor forma que existe para avanzar en la formación de las capacidades directivas de los jóvenes". Y la demanda crece sobre todo en las escuelas de mayor prestigio y disminuye en las que menos reputación tienen, a esto contribuye que las universidades, debido a la declaración de Bolonia, han incorporado a su oferta un abanico de másteres en todas sus disciplinas. "La crisis la notan sobre todo las escuelas que no tienen capacidad para captar solicitudes".

Por ejemplo, para cursar el MBA del IESE, que cuesta 69.250 euros, se reciben cada año unas 2.000 solicitudes, y este año esperan aumentar las peticiones un 12%. De éstos entran alrededor de 280 alumnos. El decano del IE Business School, Santiago Íñiguez, señala que el máster sigue y seguirá vigente y con mayor fuerza. Alega que las razones se deben sobre a la necesidad de formación continua que requieren los profesionales, acrecentado además con el retraso de la edad de jubilación. "Una persona que se jubile con 70 años acumulará a lo largo de su vida una media de tres másteres para adaptar sus conocimientos a un entorno cada vez más cambiante", afirma Íñiguez.


Las trabas a los emprendedores

Australia y Reino Unido se están convirtiendo en destinos interesantes para los alumnos de MBA. La razón no es otra que los visados que consiguen de 18 meses para permanecer en el país una vez finalizados sus estudios. En España, la realidad es bien distinta. "Existen numerosas trabas para conseguir que los alumnos se queden aquí, y es una pérdida porque muchos de ellos tienen proyectos para crear sus propias empresas y no pueden hacerlo por la burocracia", afirma el decano de IE Business School, Santiago Íñiguez.

Sostiene que Estados Unidos está saliendo de la crisis gracias al número de empresas que se están creando, al calor de las ideas creativas de los jóvenes emprendedores. "En España esto no sucede y debemos impulsar el espíritu emprendedor desde distintos ámbitos, que incluye el estímulo fiscal, para favorecer la creación de empresas".

Entre las propuestas que lanza el decano de esta escuela de negocios se incluye la protección a las start-ups, sobre todo en su etapa más frágil, en la que necesita para que cuaje un mayor amparo legislativo que pasa por una flexibilización del mercado laboral.

"No estamos en condiciones de desperdiciar talento cualificado y emprendedor", agrega Íñiguez, que traslada este problema también a la contratación de docentes extranjeros. "Es muy difícil poder contratar a un profesor de Harvard".

En esto también coincide Jordi Canals, director general de IESE, que señala que "es una pena que España no haga un mayor esfuerzo con el talento internacional". Y anima a la Administración pública a facilitar los trámites administrativos a los profesionales cualificados y a los emprendedores que quieran crear empleo. "No pueden ser procesos tan complejos porque no estamos en condiciones de desperdiciar nada".


Jordi Canals, IESE: "Nos jugamos nuestra credibilidad"

"Tenemos que conseguir que el grado de responsabilidad de los alumnos crezca al mismo nivel que sus conocimientos", sostiene Jordi Canals, director general del IESE. La actual crisis supone para las escuelas de negocios un aliciente para seguir avanzando. "Nos jugamos nuestra credibilidad y tenemos que proponer respuestas a las demandas de la sociedad". Asegura que la presión existe en todos los ámbitos e instituciones, pero hay que saber gestionarla y no sólo "ofrecer resultados a corto plazo sino entender las claves de un mundo emergente que se define en un concepto de actividades emprendedoras al margen de hedge funds, con otras formas de financiación".

Sobre el tema de la ética y de la responsabilidad, Canals opina que no se puede improvisar y que todos estos conceptos deben impregnar "el corazón del programa". De esta manera, tenemos que ayudar a los alumnos a reflexionar sobre lo que sucede en la sociedad, poniendo la mirada en los entornos internacionales. Sobre las salidas profesionales de los alumnos del MBA, asegura que la situación ha empeorado, y los alumnos no tienen tantas ofertas como hace unos años, pero ahora disponen de al menos una o dos opciones laborales.


Santiago Íñiguez, IE Business School: "Actualizamos los contenidos cada año"

Los MBA se actualizan permanentemente. Por ello, asegura el decano de IE Business School, Santiago Íñiguez, no corre peligro de desfase ante los permanentes avances de la sociedad. "Es un programa adaptado a su entorno, el 25% de los contenidos se modifican cada año, sobre todo para poner mayor énfasis en el desarrollo y en las capacidades directivas". Por ejemplo, señala que en los últimos dos años se ha impulsado la formación en humanidades de los directivos, ya que se requiere una mejor preparación de los equipos globales. También se han añadido, al menos en IE Business School, módulos en diseño, con el fin de que "el directivo mejore sus dotes reflexivas".

Con la crisis también se han incorporado a los programas contenidos como la evaluación de riesgos, tal y como sucede en la carrera de Arquitectura. "Los arquitectos evalúan el riesgo de manera completa, y el directivo tiene que hacerlo también".

También tiene importancia la Historia en la formación de los gestores, por su carácter cíclico, "tenemos que saber qué ha sucedido anteriormente para entender mejor lo que ocurre actualmente". Porque para Íñiguez, la economía no es otra cosa que el reflejo de lo que acontece en la sociedad.


Manuel Escudero, Deusto Business School: "Hay que formar directivos comprometidos"

Es uno de los impulsores del Secretariado de los Principios para la Educación Responsable en Gestión en Estados Unidos, donde ya están adscritas 320 escuelas. Este dato conduce a Manuel Escudero, director de Deusto Business School, a afirmar que "estamos en un momento de reflexión a nivel global, con más carga en los países desarrollados que en los emergentes". Porque lo que no duda es que las escuelas de negocios viven a caballo entre el mundo académico y empresarial. Y es en las empresas donde había comenzado el debate. "La sostenibilidad es una corriente que ha empezado en las empresas y ha salpicado a las escuelas de negocios".

Y gestos como el juramento hipocrático en los negocios, afirma Escudero, contribuyen a que exista un replanteamiento en la figura del gestor, no tan vinculado al valor accionarial a corto plazo, sino planteado como director de orquesta que no sólo busca maximizar la financiación a corto plazo. Porque lo que deben perseguir las escuelas, prosigue el ejecutivo, es "formar directivos con el compromiso de trabajar por una economía global más justa e influyente, donde se respeten los derechos humanos, los estándares laborales y la lucha contra la corrupción".

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