Els països industrialitzats estan combatent l 'envelliment de la població i la magra taxa de natalitat amb xecs, regals i altres mesures per conciliar la vida familiar i laboral. França és el referent de les polítiques de natalitat a Europa.

La nueva ‘obsesión’ de los gobiernos industrializados es tener bebés. Bebés, bebés y más bebés para que las poblaciones no encojan y se evaporen los efectos perversos del envejecimiento y la baja natalidad. En algunas provincias de Rusia se ha instaurado el Día de la Concepción, una invitación a procrear, y se han ideado concursos en los que las parejas con niños menores de nueve meses pueden ganar suculentos premios. Japón y Singapur incluso fomentan los encuentros ‘a ciegas’ de solteros y dan consejos para ‘ligar’.

Al margen de estas anécdotas, sin embargo, lo cierto es que los ejecutivos occidentales –incluidos Rusia o Japón– se ciñen a las vías más tradicionales para que la cigüeña venga más cargada de niños: desde los cheques-bebé hasta la extensión de la red de guarderías públicas pasando por las ventajas fiscales. Y todos lo hacen, con salvedades y matices, con la intención de emular a Francia, un referente de éxito en natalidad desde el siglo XIX. En España, por ejemplo, el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero ha prometido un ‘regal0’ de 2.500 euros por hijo nacido. Italia, Polonia o Rusia hacen pagos similares.

Pero la nómina de ejemplos va más allá del continente europeo, donde hay cierta tradición de premiar la llegada al mundo de un nuevo hijo. Incluso en Estados Unidos, donde las políticas familiares brillan por su ausencia, los políticos están empezando a hacer promesas pronatalistas con la vista puesta en las elecciones presidenciales de 2007. La candidata demócrata Hillary Clinton ha sido la que más lejos ha ido: un cheque de 3.541 euros para las parejas que se animen a concebir. Y eso que Estados Unidos es la excepción a la regla en Occidente, pues su tamaño demográfico sigue agrandándose. Singapur ha diseñado incluso un plan más ambicioso: 2.100 euros para el primer hijo, 6.370 para el segundo y 12.700 para el tercero.

El sociólogo y ex director del CIS, Joaquín Arango, dice que las políticas de natalidad se pueden dividir en dos grupos básicos: las que son directamente pronatalistas y las que se reducen a medidas ‘amigas’ o friendly policies. “Las primeras se traducen en subsidios, tanto en el momento del nacimiento como de forma sostenida en el tiempo, y pueden ir acompañadas de algún tipo de desgravación fiscal. Además, se incide sobre todo en la importancia de alcanzar el tercer hijo.

El segundo tipo de políticas no se propone incentivar automáticamente la natalidad sino crear un entorno positivo para la familia. Éstas ponen más énfasis en la conciliación de la vida familiar y profesional, la flexibilidad laboral, las guarderías públicas, etc”, dice el experto. En el primer grupo entrarían Francia y Corea del Sur; en el segundo los países nórdicos –los estados ‘femeninos’, según le han tildado algunos conservadores–, Holanda, Austria o Luxemburgo. ¿Y España? “Nuestro país casi no entra en ninguno de los dos grupos porque el gasto en apoyo a las familias es muy bajo. Aunque la medida del chequé-bebé nos sitúa cerca del primer grupo, su impacto sobre la natalidad es dudoso. Lo mejor hubiese sido potenciar más las guarderías”, añade el sociólogo.

Muchos países industrializados, sobre todo Europa y Japón, exhiben una tasa de fecundidad baja, insuficiente para impedir el empequeñecimiento de la población. “El declive demográfico es un problema en Europa. A nivel mundial la población crece en cerca de 200.000 personas al dia, añadiendo el tamaño de Suiza cada seis semanas”, dice Katinka Barysch, del Centre for European Reform. La proyección es que los habitantes de la Unión Europea podrían pasar de ser 482 millones a 454 en el horizonte de 2050.

La baja tasa de natalidad de los países del Sur del Viejo Continente, como Italia y España, es de sobra conocida. Pero el cada vez menor goteo de bebés alemanes ha pillado por sorpresa. De hecho, hay proyecciones muy agoreras en las que la Alemania de 82 millones pasaría a ser un país liliputiense de poco más de 30 ó 40 millones de personas.

¿Sirven de algo los premios monetarios?

Las políticas natalistas suelen ser efectivas, aunque todo depende del marco general de las políticas familiares y de poco sirven los premios aislados. En Francia funciona. Y en los países nórdicos también. Aunque también es cierto que Estados Unidos tiene una tasqa de fecundidad que supera el dos por ciento y le permite seguir ganando peso demográfico mundial. La clave, dicen los expertos, están en la solidez de una buena red de guarderías públicas y en la flexibilidad laboral para concicilar las vidas laboral y familar. Esta es la conclusió de un informe del think-tank americano Rand Corporation.

Francia, el espejo en el que se miran los otros gobiernos Francia es el referente de las políticas de natalidad en Europa y la envidia de muchos países, incluida su vecina Alemania. Las políticas pronatalistas del país galo datan de la década de los años setenta del siglo XIX. Su tasa de fecundidad -número de hijos por mujer- es de dos, muy cerca de la tasa de reposición necesaria para no perder tamaño. La fecundidad media de Europa es de 1,5 hijos. La particularidad del sistema para la ‘maman’ francesa es que los incentivos económicos repuntan a partir del tercer hijo de modo que se puede llegar a recibir mil euros mensuales a lo largo del año. Además, gozan de 16 semanas de excedencia obligatoria con la totalidad del sueldo asegurada. También está garantizada siempre la vuelta de la mujer al puesto de trabajo. Francia ha dejado de ser un país de emigrantes desde la década de los ochenta.

Aunque durante estas fechas se registró un retroceso en el número de hijos en los noventa ha vuelto a escalar hasta el punto de que los demógrafos hablan de un nuevo ‘baby boom’. Recientemente, los inmigrantes no han representado menos de un tercio del incremento de la población. El Instituto de Estadística galo dijo en 2006 que “el incremento natural de la natalidad es de 300.000 personas, un nivel que no se había alcanzado en desde hace 30 años. La inmigracion neta es de apenas 93.600 personas. “Alemania afronta la situación contraria, una fuerte caída de la natalidad que hace temer por el tamaño demográfico del país más poblado de la Unión Europea. Las mujeres no consiguen conciliar la vida laboral y familiar. Las madres alemanas, tradicionalmente consideradas madres “cuervo”.

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