Paz Álvarez de Cinco Días: "Este viernes entrevisté a un ejecutivo que me decía que él se lo pasaba en grande en el trabajo y que no veía motivos para irse antes a su casa, que a la familia ya le dedicaba el fin de semana. Se quedó tan ancho."

Dice el director de este periódico, Jorge Rivera, a propósito de la propuesta que, desde esta misma tribuna, se le hacía hace un par de semanas, que está dispuesto a que la redacción de este periódico sea pionera y disfrute de una jornada laboral mucho más racional que la que tenemos en la actualidad, al igual que lo están empezando a hacer otras compañías.

Es el caso de Iberdrola, la primera empresa del Ibex en aplicar la jornada continua para una buena parte de sus empleados. Eso sí, advierte el director, que como casi todos los ejecutivos no da puntada sin hilo, que para que esto suceda, el equipo de profesionales que componen la redacción ha de trabajar con ahínco para conseguir publicar informaciones exclusivas diarias y para que no merme la calidad del periódico. Y comenta que si las principales compañías españolas, generadoras de buena parte de la información de la que se nutre la prensa salmón, empiezan a implantar este tipo de medidas, será bueno para todos.

No sólo redundará en beneficio de sus propias plantillas de empleados, sino que también afectará a la agenda y al modo de trabajar de los periodistas. Se dispondrá antes de la información y se podrá elaborarla bastante antes de las ocho de la tarde, con lo cual podríamos marcharnos antes de la redacción. Pero me temo que, desgraciadamente, eso no va a ocurrir.

Por dos razones. Una de ellas, porque estas medidas conciliadoras no se están aplicando a los equipos directivos. En el caso de Iberdrola, el nuevo plan de conciliación laboral no incluye a la clase ejecutiva, de la que parte la mayoría de las informaciones de las que se alimenta un diario económico. Y mientras que los ejecutivos no apliquen un plan de jornada continua o una mejor racionalización de sus jornadas laborales, poco va a cambiar en España. Es la cruda realidad. Este viernes entrevisté a un ejecutivo de una multinacional que me decía que él se lo pasaba en grande en el trabajo y que no veía motivos para irse antes a su casa, que a la familia ya le dedicaba el fin de semana. Se quedó tan ancho.

Pero otra de las razones por la que será difícil de implantar el orden horario en una redacción es por el desorden que se vive dentro de ella, algo muy arraigado al oficio de periodista, así como la costumbre de dejarlo todo para última hora. Y eso es lo difícil de cambiar.

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