Carlos Vivas Urieta, Ajuntament de Sant Cugat del Vallés: "Las Administraciones Públicas han de mejorar su forma de trabajar, definiendo objetivos estratégicos y de gestión de forma concreta y evaluable, exigiendo responsabilidades."

En estos momentos de recesión económica es cuando la mayoría de los políticos hablan de austeridad. ¡Sólo faltaría eso, que no hablaran de ella! ¡Los sufridos ciudadanos sin poder pagar sus hipotecas, y el sector público de espaldas a la eficiencia!

Casi el 50% de la riqueza de nuestro país está en manos públicas. Es decir, la mitad de todos los recursos económicos se gestionan desde la Administración Pública. Parece obvio, pues, que no tiene sentido que los responsables políticos de cualquier ideología pidan competitividad, productividad e innovación al sector privado, a las empresas, y no apliquen la misma receta en sus propias organizaciones.

En estos momentos duros -aunque deben hacerlo siempre, en realidad- las Administraciones Públicas han de mejorar internamente su forma de trabajar, definiendo objetivos estratégicos y de gestión de una forma concreta y evaluable, exigiendo responsabilidades a todos los empleados y directivos públicos, y dando información transparente a la ciudadanía sobre los proyectos y acciones a realizar y el grado de cumplimiento de los objetivos definidos.

Por todo ello, una medicina preventiva para crisis futuras es una buena planificación desde la Administración Pública, orientando toda la gestión a la creación de valor, a la optimización de los recursos (eficiencia), a la transparencia, a la equidad y a lo que los anglosajones expresan como accountability (rendición de cuentas).

En el Ayuntamiento de Sant Cugat del Vallés se está aplicando un modelo de presupuestación y gestión basado en mapas estratégicos a tres niveles (en una adaptación renovada del ya antiguo modelo Balanced Scorecard de Kaplan y Norton): Mapa de Ciudad, Mapa de Gestión y Mapas Funcionales.

En este sistema se han alineado todos los recursos económicos con los objetivos, nueve grandes finalidades políticas, 49 líneas estratégicas y 135 objetivos de gestión. Y todo ello con sus indicadores evaluados permanentemente. Este nuevo modelo establecido en Sant Cugat implica pasar definitivamente de la cultura del gasto a la del coste, y de la gestión de la rutina a la gestión por resultados.

El mejor gestor público no es aquel que gasta todo su presupuesto, sino aquel que saca el máximo provecho y el mayor rendimiento posible a los recursos que se le confían. Eficiencia, claro que sí, pero sobre todo dentro del sector público, donde lo que se debe dar es ejemplo de cómo se tiene que actuar.

La política sin ideología no es política; pero la política sin una gestión eficiente detrás es pura demagogia. Con toda humildad, pero también con toda contundencia: es el momento de acercar la política a la gestión, de eliminar la implicación necesariamente política de los directivos públicos y de actuar con la máxima transparencia con respecto a todos los ciudadanos. En síntesis, es necesario comenzar a hablar, y muy alto, de competitividad y productividad en el ámbito del sector público, y empezar a trabajar todos por alcanzarlas.

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