Son muchos los empleados que denuncian estar trabajando en grandes auditorías y consultorías bajo una gran presión y realizando turnos de más de diez horas diarias de trabajo a cambio de la promesa de un ascenso rápido. Es cierto que, en caso de lograrlo, este ascenso se traduce en un sueldo muy alejado de la realidad mayoritaria. Sin embargo, muy pocas personas acaban alcanzando esta situación, puesto que hay una competencia voraz. 

Son las cinco de la madrugada de un martes y Tim por fin entra a la cama. Para otros jóvenes de su edad esa hora podría significar una buena fiesta, pero para él es casi una rutina de su trabajo. Con tan solo 28 años, Tim es el analista responsable del mercado español en un gran fondo de inversión británico, para el que trabaja entre 60 y 90 horas semanales. "Cuando entras en el sector financiero ya aceptas que no vas a cumplir la cláusula que te marca 40 horas a la semana", explica.

Hace dos semanas, empleados 'juniors' del banco de inversión estadounidense Goldman Sachs denunciaron unos horarios similares como algo "inhumano" y "abusivo". Tim sabe que su posición y su sueldo, que ronda los 200.000 euros anuales, es un "anzuelo" para los trabajadores más novatos. Aunque el sector financiero es otra liga, muchos otros trabajos replican esa lógica aspiracional para aplicar condiciones laborales muy exigentes.

Andreu salió de la firma Ernst & Young (EY) padeciendo ansiedad. "Te venden la filosofía de que darte más responsabilidades de las que te tocan es una gran oportunidad cuando lo que hacen realmente es explotarte y aprovecharse de tu buena voluntad”, señala. A los meses de llegar, le responsabilizaron junto a otro auditor de un proyecto que antes llevaban cuatro personas, lo que algunas semanas le llevó a trabajar más de 10 horas diarias. Con 27 años terminó “quemado” por la elevada presión, las horas extras y la poca compensación.

“La promesa de que si asciendes vas a alcanzar unos ingresos que de otra manera serían imposibles de alcanzar es lo que les hace aguantar. El problema es que en realidad muy pocos lo alcanzan, es una competencia voraz”, apunta el profesor de derecho del trabajo de la Universitat de València y doctor en economía, Adrián Todolí. 

Bajo eterna presión

Esa combinación de factores es algo habitual en el mundo de la consultoría y la auditoria, dominado por Deloitte, PricewaterhouseCoopers (PwC), EY y KPMG, conocidas como las "Big Four". Ahí, esa promesa de un ascenso rápido es el motor de muchos jóvenes. “Ya sabes que trabajarás más horas de las que tocan, pero aprendes mucho y creces más rápido que en otros sitios”, señala Simón, que trabaja actualmente en una de esas firmas.

Ese tipo de jornadas tan exigentes son una extensión del proceso de selección, en unos sectores donde pocas firmas se reparten el mercado. “Si quieres triunfar en una profesión así no te queda alternativa. Las empresas pueden plantearlo para ver quién lo aguanta. Y si no te gusta te vas, porque la competitividad es muy alta y a su vez los trabajadores son rápidamente sustituibles”, afirma Todolí.  

El modelo de negocio de estas empresas se basa en vender horas de trabajo a sus clientes. Así, ganan dinero intentando cargar el máximo de horas posibles en el máximo de proyectos posibles. En su primer año, los consultores o auditores ‘juniors’ cobran unos 23.000 euros anuales y trabajan más de 9 horas al día. Un salario que, pese a la exigencia y a la cualificación que precisa, se encuentra por debajo del salario medio que se percibe en España y que en el 2018 estaba en los 24.009 euros; según el INE. 

Su presión y ritmo de trabajo es discrecional, así que cada experiencia depende del jefe que gestione sus proyectos. Ese jefe evalúa a sus empleados y esa evaluación determina a final de año si se les sube el sueldo, que en el caso de los entrevistados creció hasta los 30.000 euros. “Es un círculo vicioso de presión”, explica Claudi, que también dejó su trabajo como auditor hace dos años.

Horas extras como rutina

Eso, explican, lleva a una "presión por la silla vacía". "Aunque hayas hecho tu trabajo si te vas a la hora que te toca te la juegas de que te pongan una mala evaluación", asegura Claudi. Simón remarca que a él "nunca le han dicho nada por irse a las siete", pero que aún así esas evaluaciones constantes fuerzan una "mayor competencia" entre trabajadores que les llevan a “trabajar más de lo que te toca”. 

¿Qué pasa, entonces, con esas horas extras? Aunque algunas de esas agencias permitían compensarlas con días de vacaciones o de sueldo, en algunos casos había presión para no recuperarlas. "A veces nos decían que lo evitásemos", explica Andreu, que solo facturó la mitad del tiempo extra que dedicó a la empresa.

Claudi apunta a que esos excesos laborales eran incentivados por los clientes de las consultorías. "Se aprovechan de ti y te mandan correos electrónicos a las siete para que soluciones su problema inmediatamente", asegura. 

¿Por qué no se organizan?

Una de las reacciones más habituales en las redes sociales a la noticia de los analistas junior de Goldman Sachs fue, "¿Por qué no se organizan?, ¿Por qué no montan un sindicato?". "En estas empresas de personal altamente cualificado siempre se ha entendido que no hacía falta un sindicato. Este mismo consultor, en los años 80, cuando empezaba cobraba el triple. Entre otras cosas porque eran pocos y difícilmente sustituibles. Y ahora muchos cobran menos que un trabajador poco cualificado. Objetivamente van a necesitar un sindicato o algún tipo de organización", afirma el profesor de derecho del Trabajo Todolí. 

La precarización de profesiones antaño soñadas por cualquier madre para sus hijos -"o médico o abogado"- ha provocado el surgimiento de organizaciones de este tipo. Como muestra, el Saico, "el primer y único sindicato creado en España en defensa de los intereses de los abogados", según se autodefinen. “Incluso los propios empresarios pueden acabar promocionando organizaciones de este tipo. Porque la alternativa es que, ante estas condiciones, acaben ganando presencia sindicatos combativos que le generen problemas a las empresas. Es algo que se está viendo en el sector de la informática, donde la CGT está ganando fuerza”, añade Todolí.   

Quemados de malos sueldos

Mientras que en el sector financiero esos horarios se traducen con sueldos muy alejados de la realidad mayoritaria, los auditores y consultores entrevistados remarcan el mal sueldo que perciben. “No es justo cobrar eso por lo que trabajo, pero ni para mí ni para nadie”, apunta Simón, que critica que hay “bastante opacidad” con los sueldos que pueden cobrar distintos auditores por la misma posición.

Para algunos, como él, el aprendizaje y la posibilidad de escalar compensan ese cansancio laboral. Para otros, como Andreu o Claudi, no merece la pena. “Aprendes mucho, sí, pero terminas harto de tan poco reconocimiento”, lamenta este último. Ese hastío se ha acentuado con la pandemia y la implantación del teletrabajo. “Estás más expuesto a trabajar y se hace difícil separar el trabajo de la vida personal”, lamenta Simón. “Esto ha hecho que se convierta un poco en una locura y que mucha gente se vaya”.

Su caso no es anecdótico. “He visto como las malas condiciones han quemado a los de mi promoción. En cinco años, de los 70 que empezamos a trabajar en consultorías ahora solo quedamos 15”, asegura Albert, que sigue trabajando en una de esas firmas mientras busca otro trabajo al que irse. “Te ponen la zanahoria en frente y cuando te das cuenta que está podrida te quedas sin motivación”.

 

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