El coronavirus ha producido cambios significativos en el entorno laboral. Entro ellos la llegada del teletrabajo masivo. Sin embargo, son muchas las organizaciones que poco a poco van volviendo a trabajar desde las oficinas. En este contexto es probable que los trabajadores se planteen algunas preguntas: ¿Cuál es el lugar más seguro de la planta? ¿Cómo le digo a alguien que prefiero que no me dé la mano? ¿Como solo o acompañado?

7.00 horas. Suena la alarma despertador en el primer día de oficina de la nueva normalidad. Toca cambiar las reuniones virtuales con el jefe y el despacho improvisado en el salón de casa por la antigua rutina laboral. O no. Porque, en realidad, la vieja oficina y sus costumbres ya no existen. Marcadores de distancia social, recipientes con geles hidroalcohólicos, aerosoles desinfectantes y carteles con normas para reducir el contacto entre empleados nos recuerdan que ese espacio al que acudíamos de lunes a viernes en horario laboral es un lugar muy distinto. El coronavirus lo ha cambiado por completo. Y en medio de esa nueva realidad aún por estrenar, el listado de dudas sobre cómo comportarse en el trabajo es largo.

Comienza nada más salir de casa. ¿Qué tipo de desplazamiento elegir? ¿Metro? ¿Bicicleta? ¿Autobús? ¿Coche? En la era precovid, el transporte público con el que evitar atascos y contaminación era, junto a y la bicicleta, la opción más sostenible y políticamente correcta. Ahora, nadie discute su sostenibilidad, pero las cosas no están tan claras en cuanto a lo políticamente correcto si se incluye en este concepto el respeto por los demás. Según un estudio de la Universidad de Southampton, que midió la posibilidad de contagio en un vagón de tren cuando en él viajaba una persona infectada con el coronavirus, esta varía entre una media de un 0,32% y un 1,5% dependiendo de si la persona contagiada viaja separada o en la misma fila que el resto de viajeros. Por eso los investigadores advierten de la necesidad de prestar atención a la distancia de seguridad. También es la recomendación del Gobierno en su “Guía de buenas prácticas en los centros de trabajo”, donde se aconseja priorizar las opciones de movilidad que garanticen la distancia interpersonal de dos metros. Y parece que contamos con más posibilidades de controlarla eligiendo el transporte individual.

A esta primera elección del día, si es que el trabajador verdaderamente puede elegir, le siguen muchas otras. Por ejemplo, ¿cuál es la mejor forma de traspasar la entrada de nuestra oficina? A no ser que pertenezcamos al reducido porcentaje de afortunados que cuentan con identificadores biométricos sin contacto (estos dispositivos leen la palma de la mano) o que usan el reconocimiento facial a distancia para abrir las puertas, toca hacerlo a la manera tradicional: o bien con un pañuelo con el que girar el pomo o bien usando el codo, esa parte de nuestro cuerpo que ha cobrado un protagonismo insospechado con la llegada del coronavirus. La razón es que, como recuerda Javier Blasco, director de The Adecco Group Institute, según el protocolo del Ministerio de Sanidad, las empresas ordinarias solo están obligadas a realizar la limpieza de todos los puntos de contacto una vez al día. “Salvo en instalaciones sanitarias y otras actividades, que podrán tener protocolos con una periodicidad menor, adecuadas a las características e intensidad de uso de los centros de trabajo”, apunta.

Luego ya podemos lavarnos las manos con gel hidroalcohólico, o agua y jabón, que las compañías están obligadas a facilitar a sus empleados, y dirigirnos a nuestro puesto de trabajo. En caso de que no tengamos un lugar fijo y podamos elegir dónde ubicarnos, siempre que mantengamos la distancia interpersonal, una nueva duda nos asaltará. ¿Dónde es mejor sentarnos? ¿En mitad de la sala? ¿En un rincón lo más alejado posible de los demás? ¿Junto a una ventana? La pregunta no es tan caprichosa como pueda parecer.

Hace unas semanas, la OMS dio la razón a la científica Lidia Morawska, quien afirmaba que el mayor riesgo de contagio se da en los espacios cerrados y abarrotados, salvo si la ventilación es eficiente. En la misma línea, un documento difundido por el Ministerio de Sanidad, el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía y el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, afirma que las instalaciones de climatización pueden actuar como una medida más de prevención contra el contagio, añadiendo que es necesario que el aporte de aire exterior sea siempre el máximo que permita el sistema. También la Asociación Española de Oficinas recomienda en una guía aportar aire por ventilación natural, a través de las ventanas cuando las condiciones térmicas lo permitan y la calidad del aire exterior sea satisfactoria. De ahí que parezca buena idea sentarse junto a una ventana en caso de que sea posible. Pero no vas a estar ahí sentado todo el día...

Cómo poner distancias con los compañeros sin herir a nadie

No todo en el trabajo son mesas, ventanas y puertas. Obviamente. El contacto con los compañeros es fundamental, y la relación con ellos no va a desaparecer. Pero sí puede suscitar dudas importantes. La primera aflora en el momento del reencuentro con alguien a quien no veíamos desde que nos confinaron y nos tiende la mano: es un cordial gesto que puede ponernos en un compromiso. Es posible que sea un colega al que apreciamos y con quien tenemos confianza. Pero también que no se den ninguna de las dos circunstancias. ¿Qué hacer si parece tener la intención de evitar los saludos de codo impuestos desde la llegada del SARS-CoV-2 y vemos en ello un riesgo innecesario? Los expertos aconsejan sinceridad, incluso si se trata de un superior.

“Si sentimos inseguridad y cierto malestar en esas situaciones, lo más adecuado es comunicarlo haciendo ver que cada uno tenemos nuestras inseguridades y que deben ser respetadas en momentos tan inciertos como los que vivimos”, señala el psicólogo José Antonio Luengo, secretario de la Junta de Gobierno del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid. Pero conviene hacerlo sin acritud, “de manera empática, explicando tus razones con tono amable. En muchas ocasiones, las conductas de los demás que tanto nos alarman no son sino despistes”, afirma.

Para asegurarnos de que nuestra empatía sigue intacta a pesar de la situación de alarma, conviene ir preparado. Como explica la psicóloga Julia Vidal, directora del centro de psicología Área Humana, una buena estrategia es llevar pensado qué decir porque “transmitir nuestra incomodidad es muy difícil, y si no estamos preparados para hacerlo lo que nos va a salir es poner mala cara”. Por eso conviene elaborar previamente una pequeña “chuleta”. “Por ejemplo, si alguien se acerca demasiado podemos comentar: ’Entiendo que esto es complicado y que se nos olvida mantener las distancias, pero, ¿qué te parece si yo te lo recuerdo cuando tú te vayas a acercar o en caso de que yo me acerque demasiado tú me lo recuerdas?”, señala.

A la hora de comer, ¿mejor solos o acompañados?

La jornada continúa, y por fin llega la hora del almuerzo. De nuevo, la duda se apodera de nosotros. ¿Comemos en la oficina, en nuestro sitio? ¿O es preferible hacerlo en el comedor del edificio en caso de que lo tenga? ¿Salimos fuera? “La clave es mantener las medidas de higiene personal y de superficies en todo momento, junto con la distancia social”, afirma Víctor Canalda, técnico superior en Prevención de riesgos laborales, abogado y profesor de Derecho Laboral de la Universitat Oberta de Catalunya, quien recuerda que es recomendable evitar situaciones en que puedan inhalarse o ingerirse sustancias potencialmente infecciosas.

Si tenemos miedo a contagiarnos, optaremos por una comida en solitario. Según los psicólogos, se trataría de una respuesta natural y adaptativa, ya que el miedo “nos prepara para la acción y para protegernos. Por lo tanto, una dosis ‘razonable’ de temor a lo que está ocurriendo es hasta saludable”, explica José Antonio Luengo. Y es posible que volvamos a sentirlo cuando, después de comer, pensemos en lavarnos los dientes. ¿Deberíamos esperar a llegar a casa para hacerlo? “El razonamiento es el mismo que con la comida en espacios compartidos”, señala Canalda, quien recuerda que, si estamos solos, “con la desinfección de las superficies del baño con carácter previo debería ser suficiente”.

Llega la hora de volver a casa, respirando tranquilos por haber cumplido con todas las normas de prevención para evitar contagios. Pero, justo antes de salir por la puerta, el jefe nos comunica que un compañero ha dado positivo en una PCR, por lo que debemos someternos a la misma prueba. ¿Podemos negarnos? “La negativa, que supondría un riesgo para el potencial infectado y para el resto de la plantilla, podría suponer impedirle el acceso al centro de trabajo y, en su caso, la aplicación de medidas disciplinarias”, recuerda el director de The Adecco Group Institute, Javier Blasco. Y es que, como recuerda José María Álvarez, presidente de la Asociación Española de Oficinas (AEO), si se siguen todos los protocolos, el regreso a la oficina no tiene por qué implicar riesgos. “Creo que es más seguro estar trabajando en una oficina en la que se están cumpliendo todas las normas que en muchos lugares de convivencia social”, afirma.

 

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