En España, la Formación Profesional está lejos de alcanzar las cifras de otros países. Así pues, el 28% del alumnado elige la FP en nuestro país, frente al 32% de la media de países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). ¿A qué se debe? Estos estudios en España son poco prácticos y dinámicos y, además, no suponen un catalizador hacia otros estudios superiores como los universitarios. 

La Formación Profesional (FP) intenta despegar en España con el objetivo de acercarse a las cifras que manejan otros países del entorno y convertirse así en un catalizador de empleo. En España, frente al 32% de la media de países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la FP es elegida por el 28% del alumnado. Del conjunto de estudiantes de la etapa de Secundaria superior de todas las regiones analizadas, además, un 42% optan por esta rama formativa, frente al 36% español. El país, aunque va acercándose poco a poco, sigue lejos.

El mayor problema, sin embargo, no es el que atañe únicamente a la matriculación, sino a “la organización y ejecución de los programas”, explica el Informe educativo anual de la OCDE, centrado este ejercicio en ramas como la FP y en el impacto de la crisis del coronavirus Covid-19 en la educación. Así, recalca el documento, los programas de la FP en Secundaria superior “varían considerablemente de un país a otro”.

En los programas combinados basados en la escuela y el trabajo, entre el 25% y el 90% del plan de estudios se enseña como aprendizaje basado en las prácticas, mientras que el resto se organiza dentro del entorno escolar. Y es aquí donde llegan las peores cifras: en España, únicamente el 3% de los estudiantes de FP superior están matriculados en programas combinados de educación y trabajo, muy por debajo de la media de la OCDE, donde el porcentaje llega al 34%.

Estos estudios en España son, por lo tanto, muy poco prácticos y dinámicos. Además, no actúan como catalizador o pasarela hacia otros estudios superiores como los universitarios. En España, solo un 59% de ellos permiten acceder a los campus, frente al 70% de la media de la OCDE.

Casi un tercio, sin Bachillerato

España también dobla al conjunto de los países de la OCDE en cuanto a la infracualificación de los jóvenes. Así, mientras que en el resto de regiones únicamente un 15% de los perfiles que oscilan entre los 25 y los 34 años no tienen ni Bachillerato ni estudios de FP equivalentes, la cifra en España llega al 30%. Es el peor dato de toda Europa con diferencia, parejo a los números de Colombia (28%) o Brasil (33%), y lejos del 25% portugués, el 24% italiano o el 13% francés, alemán o griego.

El problema, insisten desde la OCDE, es que el Bachillerato (o equivalentes) es hoy “el requisito mínimo para moverse en la economía moderna y en el mercado laboral”.

Hay más datos que sacan los colores a España. En 2019, casi uno de cada cinco jóvenes (el 19,7%) de entre 18 y 24 años ni estudiaba ni trabajaba, y de ellos el 43% tampoco estaba buscando un empleo, cifra que cae al 14,3% en el seno de la OCDE. Las cifras mejoran si el abanico se abre entre los 18 y 29 años, aunque los datos siguen siendo peores que en el resto de países: así, un 18,3% de los jóvenes de estas edades ni estudiaba ni trabajaba, frente a una media del 13% en la OCDE.

Consecuencias del Covid

El cierre de las escuelas por la epidemia del coronavirus Covid-19, equivalente a un tercio del año escolar, conducirá una pérdida de habilidades de las personas en su productividad, que podría provocar una caída del 1,5% del PIB en los países analizados por el organismo que dirige Ángel Gurría.

La razón se encuentra en el parón vivido en la actividad docente, que generará inevitablemente ciertas brechas formativas a largo plazo. En España, los cierres fueron localizados desde el 11 de marzo, y el 16 del mismo mes los cierres se convirtieron en masivos en todo el país. Las escuelas comenzaron a reabrir progresivamente el 2 de junio, por lo que a finales de mes “España había experimentado 16 semanas de cierres efectivos de escuelas, en comparación con las 14 semanas en promedio en todos los países de la OCDE”.

Cada semana de cierre de la escuela, dice la OCDE, representa unas 23 horas de tiempo de enseñanza obligatoria en el nivel primario y 30 horas de tiempo de instrucción obligatoria nivel secundario inferior durante el cual los estudiantes físicamente no han asistido a la escuela.

 

 

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