El final del estado de alarma motivado por la COVID-19 debe llevar a diferentes reflexiones, en especial por si se produce un gran rebrote, y una de las principales es cambiar el concepto que se tenía hace unos meses de la "conciliación" educativa y laboral.

Así lo han considerado, en declaraciones a Efe, los expertos de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) María Campo y Antonio Muñoz, especialistas en Orientación Familiar y Recursos Humanos, respectivamente. 

Poco antes de la mitad de marzo todos los niños dejaron el colegio y pasaron a estar confinados, y la vida cambió no solo para ellos sino también para sus padres.

"Hasta ese momento muchos padres deseaban el teletrabajo, pero al mezclarlo con las familias en casa se ha visto que no es lo ideal" porque "los niños no requieren que sus padres estén en casa, sino atención específica" y así "hemos aprendido que conciliar no es solo estar en casa", afirma Campo, profesora del Máster en Orientación Familiar de UNIR.

Así, aboga por un trabajo "interno" en las familias "para enseñar a los niños que hay unos horarios que respetar" aunque "hay que tener cuidado, porque tampoco se les puede exigir una responsabilidad a la que no pueden llegar".

En sistema educativo, cree que también se ha complicado el papel de los padres por "el exceso de preocupación que hemos visto por los contenidos" desde los colegios, en los que ha visto "casi una obsesión por cosas a las que los niños van a tener acceso inmediato gracias a la tecnología".

Campo lamenta que "se puede repetir el error" porque "se habla de la vuelta a las aulas en cuanto a cómo van a ser los espacios o los grupos" pero "no se ha formado a profesores y padres en cómo hacer las cosas si hay que volver a tomar medidas drásticas" y "tampoco se está enseñando a los niños a ser autónomos, a tener un papel activo en su propia educación".

En el otro lado está la conciliación marcada por el teletrabajo de los padres, que "no ha salido bien" tanto que "hay empresas en las que se les ha propuesto a los empleados quedarse en casa tras el estado de alarma y se han negado", asegura el especialista en Recursos Humanos, Antonio Muñoz.

Con un trabajo normalizado en las empresas "las personas tienen tiempos de amortiguación" de su actividad, explica en alusión a las pausas del café, para fumar o para el bocadillo "que en casa desaparecen".

Además considera que laboralmente "la nueva normalidad" va a incrementar "la brecha" entre "trabajadores ricos y pobres" ya que "los principales puestos de las empresas ya han vuelto a sus puestos, mientras que hay tareas más rutinarias o peor pagadas cuyo regreso se retrasa más", advierte Muñoz.

 

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