El coronavirus cambió de la noche a la mañana hábitos y rutinas asumidos por todos. Los trabajadores pasaron de ir a la oficina a tener que teletrabajar. Los más pequeños dejaron de tener que ir al colegio y los más mayores, colectivo de riesgo, no podían salir (o mejor dicho no era deseable que salieran). Ante esta situación de confinamiento obligado, los cuidados a mayores y menores han sido en casa y las mujeres han sido las perjudicadas.

Los expertos coinciden en que el coronavirus está ampliando la brecha de género. El observatorio de Igualdad de Adecco señala tras realizar una encuesta a más de 20.000 empresas que antes de la pandemia, en el 68% de las compañías existían sistemas de flexibilidad horaria, en el 21% programas de teletrabajo y sólo en 1 de cada 10 compañías existía un Plan de promoción de la corresponsabilidad con respecto a las cargas familiares.

Es más, en un 56% de las empresas los planes de carrera contemplan la posibilidad de periodos de ausencia por causas personales/familiares como permisos o excedencias por razones de filiación. Pero cuando se pregunta a las empresas por el porcentaje de hombres que han pedido reducción de jornada por cuidado de hijos o familiares este es inferior al 5% en el 81% de las empresas, e inferior al 25% -si se amplía el rango- en el 97% de las mismas.

Carmen Mancheño, coordinadora de la Secretaría de Salud Laboral de CCOO, es uno de las autoras del observatorio de Adecco. Macheño lo tiene claro: “Lo que se ha hecho hasta ahora no ha sido teletrabajo, ha sido un intento porque se ha estado pendiente de más cosas, algo que se ha incrementado en las mujeres con el cuidado de niños y la preocupación por los mayores”.

Una afirmación con la que se ha mostrado de acuerdo Eva María Blázquez, viceconsejera de Empleo de la Comunidad de Madrid. "Los hombres en general han teletrabajado más tranquilos que las mujeres durante la pandemia", apunta. Blázquez lamenta que esta situación se haya dado porque el número de mujeres con la jornada reducida es mayor: "Es la pescadilla que se muerde la cola”.

María José Leguina, directora del Departamento Laboral de la Confederación Nacional de la Construcción (CNC), también alerta de un problema que se ha evidenciado con la pandemia: el colectivo de familias uniparentales. En España hay 1,8 millones de familiar monoparentales, de las que el 81,6% está encabezada por una mujer (1,5 millones) y solo 356.000 por hombres. “En este caso, las mujeres han tenido doble carga: el teletrabajo y los niños”, señala Leguina. Además, destaca que en muchos casos la custodia compartida no se ha podido hacer. “Hay que destacar la labor que han hecho las mujeres que han estado solas con toda la carga, familiar y laboral".

REPERCUSIÓN EN “LA NUEVA NORMALIDAD”

Por todo ello, las tres coinciden en que hay que tener cuidado con lo que pasa tras la pandemia y cuando se vuelva a “la nueva normalidad”, ya que el teletrabajo puede ser una trampa para la mujer: “Que nos quedemos en casa y además nos encarguemos de todas las cargas familiares”.

También consideran que la pandemia y el teletrabajo puede afectar a la carrera profesional de la mujer, ya que se tiende a penalizar el cuidado de menores y mayores. Según datos de Adecco, ya no solo preocupa la presencia de mujeres en altos cargos, sino también en cargos intermedios, la presencia de mujeres es inferior al 50% en el 70% de las empresas en cargos intermedios.

El informe de Adecco considera que la recesión económica producida probablemente golpeará más a las mujeres, en sectores de mayor riesgo para las empresas y el empleo, como el alojamiento y la restauración; las actividades inmobiliarias, comerciales y administrativas; la fabricación y el comercio.

Durante la pandemia, muchas mujeres en ocupaciones informales o con regulación deficiente han continuado trabajando, poniendo su salud en peligro en situaciones donde las medidas de higiene, el autoaislamiento y el uso de máscaras u otros equipos de protección personal no eran opciones realistas. Ello también se ha acentuado en las condiciones de trabajo de las mujeres que trabajan en los servicios esenciales, como la salud y el trabajo social, donde el 70% del empleo lo ocupan mujeres.

¿QUÉ HA PASADO DURANTE EL CONFINAMIENTO?

Según el informe “¿Por qué los retos de la conciliación en tiempos de COVID-19 son todavía mayores para las mujeres?” del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE), las mujeres han destinado 13 horas semanales más al trabajo no remunerado, es decir, a la atención a la familia y a las tareas domésticas.

También alertó de esta sobrecarga en el cuidado a familiares la IV Encuesta semanal sobre la opinión de lo españoles del coronavirus de Funcas. Esta encuesta se realizó entre el 30 de marzo y el 3 de abril (tercera semana bajo el estado de alarma) y reveló que las madres y los padres con menores en el hogar dedican 3,7 horas diarias a ayudar y entretener a los hijos. Las madres afirman dedicar a esta actividad 4,3 horas diarias, superando en más de una hora el tiempo medio que dedican los padres, que según la encuesta es de 3,1 horas.

Esta doble carga de las mujeres durante la cuarentena por la COVID-19 hizo que colectivos y asociaciones se pusieran manos a la obra con iniciativas. Una de las que más se ha oído ha sido la iniciada por el Club de Malasmadres y la Asociación Yo No Renuncio en la que exigían al Gobierno de España que se regulase el teletrabajo bajo el lema #Estonoesconciliar. En la campaña de change.org ya se ha llegado a las 194.000 firmas.

 

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