La Covid-19 ha afectado emocionalmente a una parte importante de la población, especialmente a aquellas personas que viven solas y a las que han perdido a alguien cercano o han pasado el virus. El miedo, la tristeza y la ira se han convertido en sentimientos habituales y, por eso, algunas empresas ofrecen recursos psicológicos y emocionales a sus empleados. 

Desconfianza, miedo y preocupación. Son las emociones que acompañan a los españoles mientras la curva de afectados por el coronavirus se va aplanando y se avanza en el proceso de desescalada. Cerca de la mitad de los ciudadanos reconocen que su malestar emocional ha aumentado durante el confinamiento y casi ocho de cada diez viven en un estado de incertidumbre que les provoca un gran estrés. Son dos de las conclusiones de un estudio de la Universidad del País Vasco que indica además que el 43% de la población ha elevado sus sentimientos depresivos, el 44% tiene menos confianza y el 47% se muestra más irritable.

La covid-19 ha provocado malestar emocional, más agudo entre las mujeres, las personas que viven solas, y por supuesto los afectados por el virus y quienes han perdido a personas cercanas. El miedo ha generado ira y tristeza, que se ven a día de hoy en las organizaciones, explica Vivian Acosta, socia de Talengo. Igual que se detecta un sentimiento más crítico entre los empleados, ya que no han podido descargar su estrés por el aislamiento. “El entorno empresarial se ha vuelto inseguro para nuestra vida. Esto hace que la salud psicológica de las personas se haya convertido en una prioridad en las organizaciones”, apoya Isabel Aranda, vocal del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid.

De ahí que muchas empresas estén apostando por cuidar a sus empleados, según Marta Romo, consejera delegada de BeUp. Primero, preocupándose por su salud e introduciendo todas las medidas sanitarias pertinentes para ofrecer seguridad en sus instalaciones; pero también yendo más allá y ocupándose del bienestar emocional de las plantillas. La consultora centra actualmente su actividad en el entrenamiento de la actitud positiva, la resiliencia, la gestión de las emociones y en apoyar a los directivos y mandos intermedios a liderar en momentos de incertidumbre y en remoto. Formaciones semejantes a las que desarrolla Talengo, ya que la mayor preocupación de las empresas hoy es el bienestar emocional de sus trabajadores, según Acosta.

Comunicación y cercanía

Porque la clave para que las plantillas recuperen la confianza en las empresas se basa en la comunicación y en la proximidad desde la dirección, incluso reconociendo que se carece de información suficiente, aprecia Maite Aranzabal, consejera independiente de Adolfo Domínguez. Es la forma de involucrar a la gente, dice. “En esta fase de la desescalada, cuando se comienza a volver a los centros de trabajo, debemos hacer mucha escucha para saber qué le preocupa e implementar canales de comunicación de ayuda médica, psicológica y de recursos humanos”, continúa.

Son abundantes las compañías que han puesto en marcha este tipo de servicios para que el miedo no se vuelva patólogico, pues si no se tratan los síntomas hay peligro de cronificación, en opinión de Aranda, que alerta de la amenaza de que las alteraciones psicológicas incrementen los riesgos laborales psicosociales.

Mahou San Miguel es una de ellas. Sus 3.500 empleados tienen a su disposición un teléfono de asistencia médica y otro de asistencia emocional que han recibido 200 y 570 consultas, respectivamente. Con la plantilla regresando a la sede en turnos rotatorios y horarios flexibles (la jornada máxima es de cinco horas y se completa teletrabajando), Alberto Rodríguez-Toquero, director general de la cervecera, dice que “el gran aprendizaje de la pandemia se llama flexibilidad”. Mahou ampliará el teletrabajo de un día a la semana a dos cuando llegue la normalidad. Hoy las oficinas están ocupadas al 30%. Espera que en julio lo estén al 50% y en septiembre al 100%.

El directivo señala que para vencer la prevención de la gente al regreso, la compañía ha hecho formularios de salud, test de la covid-19, formación online sobre la dinámica de incorporación y dado el material de protección necesario. Cada semana, indica, Mahou hace cuestionarios a los trabajadores para valorar su situación y, si bien la primera semana había precaución, dice Rodríguez-Toquero, las medidas de seguridad y el apoyo psicológico para adaptarse a la vuelta “han generado mucha confianza y es contagiosa”.

También en Sodexo han abierto una línea de apoyo psicológico que se suma a las tres que tenía para atender a la plantilla que se va desfafectando del ERTE. En las tres semanas que lleva activa ha recibido 44 consultas, de las cuales 20 han requerido seguimiento, indica Carina Cabezas, presidenta de la compañía, que ha apreciado un cambio de actitud entre las primeras personas que se incorporaron “con mucho recelo y miedo” la semana pasada y las que lo han hecho esta: “Se ha corrido la voz de lo seguro que se estaba en la oficina y la gente empezó a llamar diciendo que quería volver”.

La cercanía y la empatía generan confianza, mantiene Smara Conde, directora de recursos humanos de Aegon Seguros, que ha preguntado a sus empleados en dos ocasiones durante la pandemia sobre su situación y sus necesidades laborales mientras trabajan en remoto y reciben comunicaciones diarias del consejero delegado. “Hemos gestionado el miedo con comunicación cercana y cuando notábamos que el ánimo estaba bajo, actuábamos”, añade. Aegon puso en marcha un servicio de apoyo psicológico que solo han utilizado 15 personas “porque no se han sentido solas”. En la última encuesta, ya pensando en la preocupación por la vuelta voluntaria a la oficina en la fase 3, solo el 11% de los empleados quería regresar. Conde ya no imagina un modelo laboral de cinco días en la oficina.


CLAVES PARA CULTIVAR LA RESILIENCIA

Silvia Fernández Campos, doctora en Psicología Social y experta del Instituto de Investigación y Formación en Ciencias Cognitivas Nirakara, aporta tres claves para que los trabajadores cultiven su resiliencia y manejen la adversidad que puede ocasionarles la vuelta al trabajo ante el enemigo invisible que es el coronavirus y la ansiedad que provoca precisamente por ello: Fomentar la mentalidad de crecimiento. Podemos cambiar de enfoque y ver que el retorno a la oficina puede ser una oportunidad para analizar las cosas que no funcionaban y mejorarlas; para impulsar un nuevo modelo laboral. Promover la flexibilidad mental y el autocuidado. Empresas como Google saben que la flexibilidad impacta en la motivación de los empleados, dice Fernández Campos, y que promover que se cuiden a sí mismos es beneficioso para la organización a largo plazo. La compañía ofrece cursos de meditación, ‘mindfulness’ y manejo del estrés, así como espacios donde los empleados puedan mostrar sus emociones y hablar de sus errores. Adoptar un rol activo. Los trabajadores deben sentir que tienen responsabilidad y control sobre su actividad. No pueden impedir ser despedidos, pero sí modular cómo encajan esa situación. “Para cultivar la resiliencia hay que fomentar un cierto optimismo. Y para ello es necesario fijarse unas metas de futuro y estructurar unos pasos para alcanzarlas”.

 

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