Son muchos los proyectos tecnológicos que han surgido para combatir el coronavirus. Sin embargo, la pandemia también ha puesto de manifiesto las carencias del sistema. El sector del I+D en España está tocado desde la anterior crisis financiera y se deberían potenciar algunas políticas innovadoras.

Centenares de makers (productores) llevan semanas imprimiendo viseras sanitarias desde sus hogares. Se organizaron por Telegram y ya son más de 13.000. En Martorell, Seat ha producido respiradores gracias a una alianza con la start­up Protofy. En Igualada, un grupo de pymes ha puesto en marcha una línea de fabricación de mascarillas. Varias administraciones han activado aplicaciones para la evaluación de síntomas en remoto.

Desde que estalló la pandemia, son innumerables los proyectos tecnológicos que han surgido para combatir al coronavirus. Ciudadanos y empresas se han movilizado a todos los niveles. El sector de la innovación tecnológica ha tomado un rol protagonista. La pandemia ha puesto en evidencia toda su importancia.

“Ha quedado demostrado que los países más innovadores, como Alemania o Corea del Sur, han podido afrontar mejor la emergencia. Bajo el liderazgo de la administración, la gran industria ha reaccionado rápido y ha sido capaz de adaptarse a las nuevas necesidades del mercado”, comenta Xavier Ferràs, profesor de Esade especialista en I+D.

En España, en cambio, la pequeña empresa ha tomado un “rol inesperadamente protagonista”, sostiene Jorge Barrero, director de la fundación Cotec. Un claro ejemplo de ello son las iniciativas impulsadas por 29 clústeres catalanes de distintos sectores como el textil, la industria de materiales avanzados o la ciberseguridad. “La cultura emprendedora, el conocimiento industrial y la voluntad de responder a la situación han hecho que estos proyectos surjan con facilidad bajo el paraguas del clúster”, sostiene Joan Romero, consejero delegado de Acció, la agencia para la competitividad de la empresa de la Generalitat. El organismo asegura haber recibido más de 2.000 iniciativas distintas en los últimos dos meses.

Sin embargo, los expertos consultados opinan que la movilización ha sido insuficiente: “Hemos visto como se ha levantado una gran oleada de pequeñas iniciativas pero que al mismo tiempo, ha faltado innovación por parte de la gran industria. No somos capaces de autoabastecernos”, lamenta Barrero. La situación se explica por dos motivos. Por un lado, las pymes tienen un importante peso en el tejido empresarial, especialmente en Catalunya, “donde su magnitud no se puede comprar con las empresas de la locomotora alemana”, defiende Romero. Por otro lado, la economía española depende excesivamente de los servicios (75% del PIB) y el turismo (12%), sectores que además, nunca han llevado una política fuerte en innovación.

Además de las carencias empresariales, el sector del I+D echa en falta una estrategia clara por parte de la administración. Durante la pandemia, el Gobierno central ha aprobado fondos para la investigación científica contra la Covid­19 y ha movilizado alrededor de 500 millones de euros en ayudas a la i+D+i empresarial. El sector acoge con los brazos abiertos los nuevos recursos pero los tacha de insuficientes. “Dos meses no arreglan veinte años de dejadez. Nunca ha habido una estrategia fuerte en innovación”, lamentan Ferràs y Barrero.

La partida en I+D de los presupuestos generales del Estado ha experimentado en diez años un recorte aproximado del 32%,hasta situarse en 7.003 millones de euros en el 2018. A parte de la reducción del presupuesto, el sector lleva años denunciando su escasa ejecución. “En el 2007, se ejecutaba el 90% pero en el 2018, el porcentaje apenas llegó al 48%. Antes, la mayoría de los fondos se otorgaban en forma de ayudas directas pero ahora, se articulan en forma de unos créditos que establecen unas condiciones muy difíciles de cumplir para la mayoría de empresas”, lamenta el director de Cotec.

La falta de estrategia pública, sumada a los años de post crisis financiera han llevado a España a la cola de la innovación europea. Los datos hablan por ellos mismos. Según el INE, la inversión global en I+D (que suma la inversión pública y privada) fue 14.052 millones de euros en el 2017 (últimos datos disponibles). Esta cifra se encuentra por debajo de los niveles de 2010 y lejos de la media europea. En relación al PIB, la inversión en I+D fue equivalente al 1,2%, casi la mitad de la media de la UE (2,07%) e inferior a países como Francia y Alemania. A nivel de patentes solicitadas, otro indicador en innovación, España tampoco saca buena nota. En el ranking de la Oficina Europea de Patentes, el Estado ocupó el año pasado la posición número 15, con 1.887 patentes solicitadas, el 1% del total . De nuevo, quedó lejos de la posición número 2 que ocupó Alemania, Francia (5) o Suiza (7).

Ante este panorama, el sector confía en que la pandemia haya abierto definitivamente los ojos a la administración y a la empresa. “Para España y Catalunya, esta es la última oportunidad”, sostiene Ferràs. De momento, el Gobierno está priorizando otros recursos para hacer frente a la emergencia sanitaria y económica pero los expertos sostienen que no todo es cuestión de dinero. Entre las medidas que proponen para trazar una política fuerte en I+D, está la ejecución y el aumento del presupuesto, claro, pero también el diseño de una estrategia, la creación de un marco regulatorio favorable, la compra pública de productos innovadores y la mejora del contacto entre la universidad y la empresa. “No estamos ante una crisis de recursos naturales, ni de deuda, ni de falta de conocimiento o talento, sino ante una crisis de liderazgo público. En en estos momentos, la Administración es quien puede reconducir la situación”, claman desde el sector. Si nada cambia, alertan, el retroceso será inevitable.


En auge: La impresión 3D demuestra sus beneficios

La impresión 3D ha ganado popularidad durante las últimas semanas. Decenas de iniciativas industriales, a pequeña y gran escala, han recurrido a esta tecnología para producir material sanitario. “La emergencia ha visibilizado su potencial”, comenta Jaume Homs, responsable de ventas de la división 3D de HP en la Península. La impresión aditiva permite a las fábricas personalizar el diseño del producto, agilizar la producción y adaptarse a las necesidades cambiantes del mercado.

Además, evita dependencias de agentes externos o internacionales ya que todo el proceso de producción tiene lugar dentro de la misma organización. “Sus atributos permiten afrontar perfectamente la situación de emergencia.

Nos consta que la mayoría de los clientes que utilizan nuestras impresoras 3D han podido readaptar su producción y evitar el cierre temporal de las plantas”. Homs considera que la pandemia acelerará el crecimiento de las ventas de maquinaria industrial de impresión 3D.

“Todavía es pronto para concretar el aumento de la demanda pero vemos cómo crece el interés por adquirir esta tecnología”. Ernest Quingles, vicepresidente de ventas en Europa de la multinacional japonesa Epson, comenta que de momento, las ventas no han aumentado. “Una máquina de impresión 3D no se implanta en cuestión de días pero estamos convencidos de la importancia que adquirirá en el medio plazo porque evita dependencias del mercado exterior.” A nivel global, todavía no se han publicado estimaciones de cuánto podría crecer este mercado tras superar la pandemia, comenta Ángel Barbero, profesor especializado en tecnología de la escuela EAE. Un análisis anterior a la pandemia elaborado por la consultora MarketsandMarkets, pronosticaba un aumento del 27% en cinco años: de 1.330 millones de valor en el 2017 a 5.600 millones en el 2023. Para Barbero, la impresión 3D aun debe implantar mejoras significativas: reducir costes energéticos y escalar los niveles de producción.


Tendencia: Trabajo y asistencia, en remoto

En el ámbito laboral, el teletrabajo ha hecho un gran salto hacia adelante en cuestión de semanas. Si antes de la crisis el 4% de los trabajadores por cuenta ajena en España lo practicaba de forma habitual, ahora el porcentaje ha subido al 6%, igualando la media europea,
según un estudio de la multinacional de trabajo temporal Randstad. En este proceso súper acelerado, han tomado protagonismo las plataformas de trabajo en remoto y de videoconferencias en streaming, tecnologías que ya eran populares pero que ahora se han vuelto masivas. Este tipo de plataformas también se están empezando a usar en sectores que hasta la fecha eran más reticentes, como la educación o la medicina. Especialmente esta última está viviendo un boom con soluciones para asistir a los pacientes en remoto o detectar
los síntomas a distancia. Sin ir más lejos, tanto el gobierno central como el autonómico han puesto en marcha aplicaciones de asistencia sanitaria en remoto para la ciudadanía. Frederic Llordachs, cofundador del portal de citas médicas Doctoralia, comenta que las plataformas serán claves especialmente en este sector porque reducirán el riesgo de contagios entre los pacientes.

Otras tecnologías claves para la vuelta a la normalidad ya sea en el entorno de trabajo o en los espacios públicos serán las herramientas de controles de temperatura de los ciudadanos, aforos de espacio o control de movimientos. En este campo, Jorge Barrero, director general de Cotec, considera la inteligencia artificial y el big data claves para lograr su ejecución. Una de las iniciativas de mayor calado es la que están trabajando conjuntamente Apple y Google para el rastreo de contagios a través del móvil.


Oportunidad: ‘Blockchain’, una solución digital segura

La digitalización será una gran oportunidad para la blockchain. Especialmente para sus aplicaciones en la empresa y la administración pública. La también llamada cadena de bloques asegura la autenticidad de documentos digitales de una forma que no consigue la
red de internet convencional. El ejemplo de su potencial se puede ver en el reciente lanzamiento por parte del gobierno chino de una macroplataforma blockchain. De momento, 128 ciudades del país se han adherido a la red estatal china.

Podrán usar la administración, empresas y ciudadanos. Está pensada para un uso masivo, la gestión de servicios públicos y el control de los datos personales y sanitarios de los ciudadanos. “La blockchain permisionada, cuyo control está en manos de unos cuantos, como el gobierno en el caso de China, será la tecnología crítica para construir las ciudades inteligentes del futuro”, señala Montse Guàrdia, directora general de la asociación Alastria, que agrupa empresas del sector en España.

En Europa, no existen proyectos de esta magnitud si bien desde el año pasado está en marcha una estrategia para colaborar a nivel comunitario. En España, están en marcha proyectos pilotos, como el pasaporte sanitario digital de Social Pay, que permite garantizar la privacidad y la soberanía de los ciudadanos. “El blockchain encaja perfectamente en la situación que estamos viviendo, la necesidad de evitar el contacto y de realizar trámites digitales sin riesgo de falsificaciones”, comenta Xavier Foz, abogado especializado en blockchain del bufete Roca Junyent. Los expertos están convencidos de que la oportunidad surgirá en el ámbito de la administración pública y sus trámites con empresas y ciudadanos. También en la industria y su necesidad de verificar el funcionamiento de las cadenas de suministro. Guardia advierte de que “la tecnología está preparada para dar el salto de escala a un uso masivo pero que al final dependerá de la preferencia de los gobiernos, de si quieren seguir colaborando con grandes tecnológicas o cambiar”.


El sector tecnológico busca profesionales tras la pandemia

Los empleos del sector tecnológico ganarán peso en el mercado laboral español. La pandemia del coronavirus está creando un mundo más conectado y digital y por eso, será necesario potenciar la presencia de perfiles tecnológicos en todo tipo de sectores económicos.

Aunque todavía es pronto para pronosticar cuánto aumentará la demanda de estos trabajadores (el sector de las TIC (Tecnologías de la información y la comunicación) dio trabajo a 470.000 personas, el 2,5% de la fuerza laboral según los últimos datos del INE, del año 2017), un informe elaborado por el Instituto Innova de la Salle Technova ya señala los perfiles que cotizarán al alza.

Entre ellos, destacan todo tipo de ingenierías: la informática, para el desarrollo de programas en la nube y de aplicaciones, la atención en remoto y el desarrollo de plataformas digitales en sectores como la banca, el gran consumo o la farmacia; la ingeniería de telecomunicaciones, para el mantenimiento de la operativa de las comunicaciones y la ingeniería electrónica, para impulsar la automatización en la industria.

El estudio también pronostica un crecimiento de la demanda de especialistas en bigdata e inteligencia artificial, enfocados al análisis e interpretación de grandes volúmenes de datos para el desarrollo de instrumentos de toma de decisiones.

Asimismo, augura un crecimiento de la demanda de especialistas en ciberseguridad ante la digitalización de todo el mundo empresarial. Visto el aumento del comercio digital, también prevé un aumento de expertos en comercio electrónico y marketing digital. En último lugar, destaca la necesidad de contratar docentes con habilidades tecnológicas para impartir clases a distancia.

El estudio Flexibility at work, elaborado por la empresa de trabajo temporal Randstad, comparte una visión similar. Valentín Bote, director del servicio de estudios, explica que dos grandes grupos de empleos irán al alza: por un lado, los llamados empleos fronterizos, que permiten la implantación de nuevas tecnologías al mercado. “Son todos los relacionados con la robotización y automatización de tareas: ingenieros, informáticos, desarrolladores” detalla. Por otro lado, Bote pronostica el aumento de los empleos de la actividad logística y de la última milla. “La digitalización del consumo y la reducción de desplazamientos impulsará el sector de la logística, tanto a nivel de personal de almacén como de ingenieros especializados en robotización”.

A parte de los perfiles tecnológicos, el estudio señala que ganarán presencia los empleos de las plataformas de la gig economy. “La digitalización del trabajo y la menor necesidad de acudir al puesto de trabajo impulsarán las microtareas en remoto”, señala. “En el 2019, estos empleos ya representaban la principal fuente de ingresos del 2% de la población adulta en la Unión Europea”, añade.

En todo caso, la digitalización que ha traído consigo la pandemia dejará el mercado laboral cambiado. Nada será lo mismo. Según el mencionado estudio de Randstad, uno de cada tres trabajadores que conserve el empleo en España modificará su forma trabajar a partir de ahora.

 

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