¿Cómo está incidiendo la crisis del coronavirus en las organizaciones de la denominada “economía gig”? Financial Times recuerda que la cuarentena y la necesidad de que los empleados trabajen desde casa, pone de relieve a todos aquellos que no pueden hacerlo y menos aún en entornos donde predominan los freelancers y los empleos temporales.  

La “gig economy” se tambalea. Las empresas se han confiado durante mucho tiempo de autónomos y de trabajadores temporales para reducir sus costes: minimizan así los gastos que suponen las ayudas y los beneficios a las redes gubernamentales de protección social. Sin embargo, jueces y reguladores en Francia, Reino Unido y del Estado de Nueva Jersey (EEUU) han rechazado que dichos trabajadores de la “economía colaborativa” sean considerados realmente autónomos. Por su parte, California aprobó el año pasado una innovadora ley para brindarles más protección.

Ahora el brote de coronavirus ha llevado el tema al primer lugar de las agendas, y no en el buen sentido. Una cuarentena nacional en Italia y las peticiones a los empleados para que trabajen desde sus hogares en muchos otros países han puesto de manifiesto la difícil situación de quienes no pueden hacerlo. A los clientes les preocupa que los conductores de vehículos de alquiler con conductor (VTC), los repartidores de comida y el personal de soporte de TI, que carecen de baja remunerada por enfermedad, propaguen el virus sin darse cuenta. Las empresas dicen que sus colaboradores están poniendo de manifiesto algunas preocupaciones en el mismo sentido.

Este no es un problema pequeño. Teniendo en cuenta únicamente Estados Unidos, los analistas del Deutsche Bank estiman que 15 millones de norteamericanos tienen acuerdos de trabajo alternativos, incluyendo contratistas independientes o freelancers, empleos de la “gig economy” y contratos temporales.

Y la carga por este brote de enfermedad no se distribuye de manera equitativa. Los trabajadores más jóvenes y con menos formación tienen muchas más probabilidades de verse afectados por la cuarentena. Según el Bureau of Labor Statistics, un tercio de los trabajadores estadounidenses de entre 25 y 65 años consideran que pueden hacer su trabajo desde casa, pero únicamente el 7% de los que tienen entre 15 y 24 años pueden hacerlo también. Por otra parte, la mitad de los trabajadores con educación universitaria afirman que pueden trabajar de forma remota, pero en el caso de los que cursaron hasta la educación secundaria solo el 13% puede hacerlo.

Las Smart companies están abordando el problema con la promesa de cuidar a sus trabajadores más vulnerables. Microsoft abrió el camino anunciando que los empleados contratados que trabajan en sus cafeterías, conducen sus autobuses lanzadera y realizan otros trabajos de apoyo en sus instalaciones por todo el mundo, recibirían el salario completo a pesar de que la necesidad de sus servicios haya disminuido debido a la extensión del teletrabajo. En Reino Unido, la empresa de reparto Hermes explica que está reservando un fondo de un millón de libras para compensar a sus 15.000 mensajeros autónomos si deben aislarse debido al Covid-19.

Ambas empresas ya tenían reputación en estas cuestiones. En 2015, Microsoft comenzó a insistir en que sus proveedores debían brindar a los empleados bajo esos regímenes alternativos al menos de 15 días de vacaciones pagadas y de baja por enfermedad. El año pasado Hermes otorgó el reconocimiento a su sindicato de mensajería y comenzó a ofrecer la opción de un nuevo tipo de contrato que incluye vacaciones pagadas y tarifas mínimas por hora.

Esta vez, los cambios a nivel de trato al personal impulsados por Microsoft fueron rápidamente igualados por Google, Facebook y Twitter. Y algunos de los grupos más grandes de servicios VTC y mensajería, como Uber, Lyft y DoorDash, están discutiendo la posibilidad de trabajar juntos para establecer un fondo de compensación más amplio para sus conductores y mensajeros. JPMorgan Chase ha declarado que planea pagar igualmente a los miles de empleados contratistas que trabajan en sus oficinas si se ven afectados por las políticas de teletrabajo o de cuarentena.

No es sorprendente que las empresas de tecnología y logística hayan actuado primero, explica Anna Triponel, experta en negocios y derechos humanos. "Donde los modelos de negocio se basan en la externalización extensiva, las empresas se están dando cuenta cada vez más de que las personas de las que dependen -pero que son menos visibles- también necesitan protección,” afirma.

Estas compañías en particular también podrían estar haciendo frente a un posible desastre de relaciones públicas. Un conductor de Uber en Nueva York ya ha dado positivo por el virus, por lo que el sector debe actuar rápidamente para evitar una pérdida de confianza del cliente. Y el comportamiento egoísta podría ser contraproducente en un momento en el que los trabajadores con este tipo de contratos del mundo de la tecnología están tratando de sindicalizarse, y Uber, Lyft y DoorDash están respaldando una campaña de 90 millones de dólares para impedir que salga adelante una nueva ley para los trabajadores de la gig economy con una iniciativa electoral para ser sometida a votación en noviembre.

La pregunta clave es si la generosidad corporativa en torno al brote es un suceso extraordinario o el comienzo de algo más grande. Torsten Bell, de la Resolution Foundation del Reino Unido, argumenta que se está llevando a cabo un cambio muy lento hacia un mejor trato para los trabajadores de la gig economy a medida que las empresas "ponen a prueba" lo que es socialmente aceptable.

Es la hora de todas aquellas compañías que han estado hablando sobre el capitalismo de los stakeholders y sobre la necesidad de servir tanto los empleados como a los inversores para hacer las cosas mejor -y no únicamente con la ayuda de esta emergencia excepcional. Microsoft explica que está tratando de liderar el camino hacia un cambio más permanente. “Espero que esto tenga implicaciones más amplias. En momentos de crisis, realizamos pasos que definen quiénes somos,” afirma Brad Smith, su Presidente.

Sin embargo, muchas empresas cuyos trabajadores están siendo perjudicados por esta crisis tendrán dificultades para seguir su ejemplo porque sus ingresos también se ven muy afectados. Necesitamos un escenario con igualdad de condiciones, establecido por los gobiernos y financiado por toda la sociedad, no solo por unas pocas empresas con la mentalidad correcta. Es en el interés de todos.

 

Masters, Brooke. "Coronavirus puts worker rights and protections top of the agenda". Financial Times, 10/03/2020 (Artículo consultado online el 20/03/2020).

Acceso a la noticia: https://www.ft.com/content/d883d41e-61e0-11ea-b3f3-fe4680ea68b5

 

 

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