Cientos de miles de personas desplazadas de los centros de trabajo a sus domicilios se enfrentan ahora al problema de cómo mantener la productividad. Además de buenas conexiones y aplicaciones adaptadas, necesitan coordinarse y mantenerse motivados. 

No es la mejor manera de empezar pero tampoco había opción. El gran experimento del teletrabajo, la primera vez en la historia laboral española en la que centenares de miles de trabajadores, se llevan la oficina a casa durante toda la jornada, ha supuesto la migración masiva de los centros de trabajo a los domicilios. Trámites online, reuniones por videoconferencia, proyectos con firma digital, campañas comerciales... bajo la parálisis en las calles crece en las redes una actividad que hasta hace 15 días era una alternativa sin mayor seguimiento.

"La experiencia de estos días animará a unas empresas a proseguir el camino y aconsejará a otras no seguirlo pero será un antes y un después para todas", sostiene Pedro Moneo, CEO y fundador de la consultora Opinno.

Las herramientas tecnológicas llevan tiempo haciendo real el teletrabajo pero son minoría los casos de empresas que han orientado su actividad en este sentido. Ahora el cambio llega a la fuerza y de forma inesperada para grandes corporaciones y pequeñas empresas.

En España el teletrabajo alcanzó en el segundo trimestre de 2018 su nivel más elevado, con 1,43 millones de personas utilizando esta modalidad laboral, según el Monitor Adecco de Oportunidades y Satisfacción en el Empleo. La cifra representa casi el doble de lo que era en 2005 y tiene un gran potencial de crecimiento aunque no es aplicable al 100% de las actividades. Según una estimación de la consultora Randstad, sólo uno de cada cinco trabajadores puede migrar. En total, de los más de 19 millones de trabajadores afiliados 4,4 disponen de la posibilidad de teletrabajar.

Entre estos últimos hay diferencias. Del total de profesionales que disponen de la opción, el 49,8% corresponde a técnicos y profesionales científicos e intelectuales (2.194.300), seguidos con notable diferencia de contables, administrativos y otros empleados de oficina, que suman el 20% del total de profesionales que pueden optar a esta modalidad de trabajo (890.930).

Queda claro que en la primera semana de confinamiento muchas empresas y trabajadores han salvado el primer reto, que era la migración a casa para salvar la actividad y el empleo. Pero no termina ahí. "Habitualmente la implantación del teletrabajo se hace de manera gradual y aún así, la curva de productividad puede registrar pérdidas a corto plazo que después se recuperan con el tiempo y cuando empresas y empleados aprenden el nuevo sistema", explica Moneo.

Así, cientos de miles de nuevos teletrabajadores en España están apenas empezando su curva de aprendizaje. Pasada la primera prueba, se plantea el reto de que no decaiga la productividad, que las horas delante del ordenador puedan traducirse en resultados.

Empezando por el princiio: hay que dejar a un lado el método presencial de trabajo, que es la mayor dificultad a la que se enfrentarán las empresas, según Moneo. Se trata de aplicar nuevos métodos y herramientas para adaptarse a la nueva realidad.

El modelo es el de las redes de desarrolladores informáticos, un modelo que se puede aplicar ya sobre tareas que no están directamente ligadas al software y sí a la digitalización de documentos compartidos y reuniones online. En este modelo de sprint remoto se trabaja por proyectos o por retos y sobre esos proyectos se construyen equipos que se dividen las tareas y se marcan plazos.

Para que funcione, es imprescindible marcar "puntos de contacto" y "centros de control", es decir, un seguimiento disciplinado de la ejecución de las tareas de todos los miembros del equipo así como de las cuestiones que pueden bloquear la producción. Esta es la vía, según esta consultora, para que el teletrabajo acabe cobrando sentido como modelo que mejora la productividad al hacer más con menos y no como recurso de emergencia para contener la expansión de una enfermedad.

Moneo señala que la herramienta tiene sus límites, por supuesto. Uno de ellos, muy evidente, es la calidad de la plataforma tecnológica que se emplea. Las aplicaciones para gestionar equipos, realizar teleconferencias, simultanear la ejecución de tareas, coordinación de trabajos... son abundantes pero no sirven de nada si las plataformas que se emplean no lo soportan. El otro, menos claro, es la motivación de los empleados. Si en un principio puede parecer que la oportunidad de conciliar la vida laboral con la familiar o de tiempo libre es una ventaja que compensa el cambio de modelo, lo cierto es que uno de los riesgos a los que se enfrenta la productividad del modelo es que resulta más complicado de aplicar que de pensar porque la conciliación en tiempos de confinamiento familiar es menos practicable o porque resulta inevitable que los trabajadores que antes convivían en el mismo lugar tengan una sensación de aislamiento y decaiga la motivación.

"Ha habido compañías punteras como Yahoo o Google que han acabado corrigiendo o incluso dando marcha atrás en sus modelos de teletrabajo pero es cierto que han avanzado mucho", explica Moneo, que durante años trabajó en San Francisco teniendo como vecinas compañías sin un centro de trabajo tradicional, una plantilla escasísima y facturaciones millonarias.

"El futuro será híbrido, nos sorprenderemos de hasta dónde puede llegar lo digital porque hace las tareas computables y automatizables pero no cabe duda de que el modelo físico no puede desaparecer", concluye Moneo.

 

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