La eclosión del movimiento feminista y su importante empuje está transformando una sociedad que, pese a los incontestables avances alcanzados, aún penaliza a las mujeres. El ámbito del trabajo aparece como uno de los últimos espacios por conquistar plenamente, donde las desigualdades y las situaciones de desventaja persisten de forma clara.

La tasa de graduación entre las mujeres en España ya supera a la de los hombres. Ellas están, de media, más formadas y obtienen mejores calificaciones que ellos, pero en cuanto entran en el mercado laboral, la situación da un vuelco. Salarios más bajos que sus compañeros varones, empleos menos cualificados o puestos de menor responsabilidad. El trabajo se ha convertido en un termómetro de la posición que ocupan hombres y mujeres en la sociedad.

El impulso de la nueva ola feminista, que este 8-M volvió a citarse en las calles, ha hecho que el Gobierno rescate los planes de igualdad obligatorios para empresas que el ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero activó en el 2007. Una norma que quedó en el limbo durante más de una década y que hasta el año pasado no volvió a impulsarse.

A remolque de las multitudinarias manifestaciones del día de la Mujer, el gobierno de Sánchez aprobó en el 2019 un decreto ley para que todas las empresas de más de 250 trabajadores elaboren y apliquen un plan de igualdad con el que eliminar los desequilibrios que lastran la carrera profesional de las mujeres. A partir de este uno de marzo la norma se ha extendido a las compañías de más de 150 empleados –más de 29.000 en todo el país–; en el 2021, llegará a las de más de 100 trabajadores y para el 2022 a las de más de 50.

Los últimos datos recopilados por UGT señalan, no obstante, que sólo el 15% de las grandes empresas cumplen esta ley, que todavía no cuenta con un desarrollo normativo ni un registro público de planes en los que especificar las medidas adoptadas. “De momento, y pese a ser obligatorio para miles de firmas, la aplicación de los planes de igualdad es voluntarista y simbólica”, subraya Roser Xalabarder, presidenta del Observatorio Mujer, Empresa y Economía.

Con la ley en la mano, cada compañía de más de 150 empleados ha de negociar y acordar con los representantes de los trabajadores un diagnóstico de la situación de la empresa que evalúe las condiciones de acceso al empleo, la promoción profesional interna, las medidas de conciliación, las posibles diferencias salariales o los protocolos de prevención del acoso sexual. Con toda esta información, tienen que elaborar un plan para garantizar la igualdad de trato y de oportunidades entre hombres y mujeres en la empresa, así como crear un comité de igualdad que vele por su cumplimiento y actualización. El esfuerzo “vale la pena” y además repercute de forma positiva en toda la plantilla, sean hombres o mujeres, coinciden desde algunas de las compañías pioneras en fomentar la equidad de género, como HP, Covestro, Serunion o Seat.

“Tener a un grupo en situación de discriminación, en este caso a las mujeres, es una pérdida absurda de capacidad competitiva y de productividad. La evidencia científica nos dice que la diversidad en una empresa es positiva, que mejora la innovación y tiene ventajas productivas”, afirma Pedro Rey, profesor de Economía y Finanzas en Esade. El instituto McKinsey estima que si los países lograsen reducir la brecha de género laboral, el PIB mundial aumentaría
en más de 10 billones de euros para el 2025.

No tiene sentido, pues, que la participación global de las mujeres en la fuerza de trabajo esté 26 puntos por debajo de la masculina, que ellas realicen el 85% de las tareas no remuneradas –cuidados y faena del hogar– o que su presencia caiga en picado en los puestos de mayor responsabilidad profesional. Ni tiene sentido ni es justo, remarca Susana Sanchiz, directora del programa Promociona, una iniciativa de la CEOE y el Instituto de la Mujer para impulsar la carrera de mujeres en la alta dirección empresarial y fomentar el liderazgo compartido. “No se trata de sustituir a los hombres, sino de sumar fuerzas”, insiste.

La llegada de directivas a la cúspide empresarial adquiere una vital importancia, continúa Sanchiz, porque desde su posición pueden abrir el camino a otras compañeras y convertir el mundo del trabajo en un lugar más igualitario. La marea feminista continúa empujando para que así sea.

 

Subscriu-te gratuïtament als nostres butlletins

Rep notícies i idees en Recursos Humans.
Subscripció

Utilitzem cookies per oferir a les nostres visites una millor experiència de navegació pel nostre web.
Si continues navegant, considerem que acceptes la seva utilització.