Son muchos los cambios que se predicen en el ámbito laboral derivados del desarrollo tecnológico. En ese sentido, LinkedIn opina que en un futuro las habilidades blandas (soft-skills), como son la capacidad de adaptación, nuestra intuición sobre cómo gestionar el tiempo o el don de hablar en público, serán un reaseguro para las competencias técnicas.

Entre todas las redes sociales, LinkedIn es la única en la que un alto número de usuarios pagan 30 dólares al mes por disponer de ciertas funciones relevantes. Esta fue una de las razones por las que en el 2016 Microsoft se animó a pagar 26.200 millones de dólares para comprar una empresa que el año anterior había facturado 2.990 millones y tenía 467 millones de usuarios.Tres años más tarde, en el 2019, LinkedIn ha aportado a su matriz 6.754 millones de ingresos y el número de usuarios había subido a 630 millones (12 millones en España). Tal fue el interés de Microsoft que –tal vez aprendida la lección de Skype– optó por no integrarla en su estructura, respetar su organización y mantener a Jeff Weiner como presidente en la nueva etapa.

Bien por Weiner, pero ¿qué es LinkedIn? Sus directivos insisten en disuadir la creencia general de que es un sitio de empleo, aunque es un vehículo de reclutamiento para los agentes especializados. Cada año se publican en sus páginas 20 millones de ofertas de empleo. Los miembros de esta red son profesionales a los que LinkedIn proporciona visibilidad. Unos buscan empleo, claro, o quizás esperan una oportunidad de cambiar el que tienen; otros sólo pretenden notoriedad, compartir o estar en el ajo. Lo importante es que, por su extensión, muchas empresas rastrean continuamente la red.

Una de las utilidades “no monetizables” de LinkedIn reposa en el flujo de datos que generan sus usuarios. Debidamente analizados, respetando siempre la privacidad de la información, ese caudal es un barómetro sobre el mercado de empleo en ciertos sectores, particularmente el de las TI. Con esta premisa, la compañía produce periódicamente informes de interés público en cooperación con organismos como el Banco Mundial o entes nacionales y locales. El mes pasado ha publicado la décima edición de su Global Talent Report sobre el reclutamiento de profesionales.

Dinero ha tenido ocasión de conversar con el economista principal de LinkedIn, Guy Berger, sobre las últimas tendencias. De entrada, puso el acento en la existencia de tres conjuntos de habilidades. “Supongo que debería empezar por las competencias digitales de alto nivel”. Tienen demanda asegurada por muchos años –dijo– pero esto no quiere decir que sean inmutables, todo lo contrario: “no soy de los que creen que la tecnología se comerá todos los empleos, pero es incontestable que en algún momento, me temo que con frecuencia, la mayoría de los trabajos serán víctimas de la obsolescencia”.

A lo que el propio Bergera postilló que “ninguna tecnología será capaz de automatizar aquello que nos hace singulares como humanos, lo que solemos llamar softskills [habilidades blandas] como es la capacidad de adaptación, nuestra intuición sobre cómo gestionar el tiempo, el don de hablar en público, cosas así que pueden ser determinantes”.

Según Berger, su profesión de economista le permite profundizar en un espectro de tendencias. “Porque, personalmente, me interesan más las tendencias que una foto fija; una estadística vale si permite comprender lo inusual, aquello que indica hacia dónde va la evolución del empleo”.

Las cualidades que prevalecen entre los miembros de LinkedIn en el área de influencia de Barcelona son, según un estudio: un amplio rango de competencias digitales, el dominio de lenguas extranjeras, la gestión de proyectos y la familiaridad con los medios sociales.

 

 

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