El trabajo a tiempo parcial explica la práctica totalidad del aumento del empleo en 22 de las economías más desarrolladas del mundo, según la consultora McKinsey. Sin embargo, habitualmente la modalidad de trabajo a tiempo parcial es más precaria que el trabajo a tiempo completo, lo cual tiene como resultado un estancamiento persistente de los sueldos. 

En El capital en el siglo XXI, el libro que lanzó al estrellato a Thomas Piketty, el economista francés defendía con ahínco —y datos, muchos datos— una tesis: que los rendimientos del capital llevaban años creciendo más que el PIB y, por tanto, más que el factor trabajo. El resultado del cóctel era y es más desigualdad. Seis años después, la bibliografía Piketty se ha visto ampliada con Capital e ideología —esta vez, un alegato contra la propiedad privada—, pero los datos que van viendo la luz siguen reafirmando la validez de su idea fuerza: en lo que va de siglo, los salarios han crecido menos de la mitad que la economía en 22 de los países más ricos del mundo, según un estudio publicado este jueves por la consultora estadounidense McKinsey. Y el trabajo a tiempo parcial, una modalidad en claro auge y, por lo general, más precaria que la de tiempo completo, explica prácticamente todo el crecimiento del empleo acumulado.

En el momento de mayor prosperidad de la historia de la humanidad y a pesar de que la tasa de ocupación del bloque está en niveles nunca antes vistos —incluso Gran Recesión mediante, el 71% de quienes están en edad de trabajar tienen empleo—, el mercado de trabajo emite señales todo menos esperanzadoras, con un estancamiento "persistente" de los sueldos. Entre 2000 y 2018, el salario medio en este ramillete de economías —que abarca a prácticamente todos los países de la OCDE, entre ellos Estados Unidos y buena parte de Europa Occidental— creció a un ritmo anual de solo el 0,7%, frente a un alza del PIB del 1,6%. En dos países —Grecia y Portugal— los sueldos llegaron a disminuir (-0,2% en ambos casos) y en España avanzaron un mínimo 0,2% nominal, en buena medida por lo sucedido en el periodo precrisis: después del estallido de la burbuja, la devaluación salarial hizo de las suyas.

Las consecuencias de tan enjuta alza salarial han sido, fundamentalmente, dos. Casi siete de cada 10 hogares del bloque de países analizados han visto como sus ingresos se mantenían estables o disminuían en términos reales (inflación incluida). Y, en paralelo, la tasa de pobreza relativa crecía: si en el año 2000 el 11% de los trabajadores ingresaba menos de la mitad del ingreso mediano (el que está justo en la mitad de la distribución), en 2016 esa cifra ya había escalado hasta el 13%. Para entonces, 14 millones de personas estaban por debajo de ese umbral en el grupo de países analizados, que suman casi el 60% del PIB global.

¿Qué ha pasado? La respuesta es, en su versión más sintética, tecnología, automatización y globalización: los mismos factores que están cambiando la fisionomía misma del trabajo. "Son", explican los técnicos del McKinsey Global Institute, "un arma de doble filo: han traído resultados favorables a nivel agregado, han contribuido al crecimiento económico y, en algunos casos, han creado nuevos empleos y oportunidades, beneficiando directa e indirectamente a algunos. Pero, al mismo tiempo, han contribuido a la polarización del trabajo, con resultados mucho menos favorables para otros". Ahí llega el matiz: el objetivo del estudio, dicen, "no es sugerir una reversión en las ganancias y la creación de oportunidades derivadas del desarrollo tecnológico sino arrojar luz en los resultados que está teniendo para algunas personas y motivar la acción la que la prosperidad económica sea inclusiva y compartida por todos". Nada de teoría del decrecimiento, en otras palabras, pero sí mucho de socialización de los beneficios y no de las pérdidas.

Auge de la temporalidad en el empleo

En la era del autotrabajo y los contratos temporales y de cero horas, el empleo a tiempo parcial se ha convertido en una moneda común en el mercado laboral de las economías maduras. Entre 2000 y 2018, el empleo total creció un 2,7% en el bloque de países analizados, pero la distribución fue muy desigual: mientras los contratos a tiempo parcial subieron un 4,1%, los de tiempo completo cayeron un 1,4%. Dicho de otra forma: si se excluye el empleo creado a medio tiempo, el mercado de trabajo habría destruido empleo.

Estar en el grupo de quienes se han visto favorecidos por este nuevo entorno laboral o en el de quienes han sufrido en carne propia los cambios derivados de las nuevas tecnologías tiene mucho que ver con el nivel educativo. Y los mejor parados han sido los extremos. "Las nuevas oportunidades han beneficiado a los trabajadores con muchas habilidades y bien pagados, y a los que menos habilidades y peores salarios tienen, siempre respecto a la media", agregan los firmantes del estudio, titulado El contrato social en el siglo XXI. Los que estaban en ese término medio, tanto en sueldo como en capacidades, han sido los peor parados. "Se han visto exprimidos", apuntan de manera gráfica. Según sus cálculos, el número de ocupados en este segmento ha caído en siete millones de personas los países europeos y EE UU, "aunque la tendencia se ha ido ralentizando" en los últimos tiempos. La duda es hasta cuándo.

 

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