Según datos de un estudio, sólo el colectivo de trabajadores con estudios superiores supera hoy el nivel alcanzado en el 2008, periodo en el que ha sumado 1,7 millones de personas. Anna Fornés, Directora de la Fundació Factor Humà, y Carlos Royo, profesor del departamento de Organización y Personas de Esade, han participado en este artículo de La Vanguardia.

La economía española ha destruido 1,9 millones de empleos de personas con estudios primarios desde el inicio de la crisis económica, según los datos del Adecco Group Institut, que señala que supone una caída del 64,4%. “En parte vemos los efectos de la caída del empleo en la agricultura y en la construcción, pero hay un fenómeno más estructural que hace que el mercado de trabajo necesite cada vez más trabajadores cualificados”, señala Javier Blasco, director del Adecco Group Institut.

De hecho, según los datos del instituto, sólo el colectivo de trabajadores con estudios superiores supera hoy el nivel alcanzado en el 2008, periodo en el que ha sumado 1,7 millones de personas. De media, en España el 42,9% de los empleos los ocupan personas con estudios universitarios o superiores, pero en algunas comunidades como el País Vasco, Madrid, Navarra o Asturias se supera el 50%. “Este es un mensaje muy potente que hay que hacer llegar a los jóvenes: que en el mercado laboral ya no hay sitio para las personas poco cualificadas”, afirma Anna Fornés, directora de la Fundació Factor Humà. De hecho, en el 2018, en pleno crecimiento de la economía española, el empleo entre las personas con estudios primarios se redujo un 7,6%.

Carlos Royo, profesor del departamento de Organización y Personas de Esade, razona que la caída del empleo poco cualificado se explica también por la automatización de los trabajos más repetitivos, proceso que va en aumento, por lo que a su juicio en el futuro el empleo poco cualificado se concentrará en el cuidado de las personas, especialmente mayores, y en atención al público.

Carlos Royo asegura que en parte “existe un problema de sobrecualificación: se piden titulaciones universitarias para empleos que no lo requieren porque muchas empresas prefieren contratar a trabajadores con proyección, porque su actividad está creciendo”, y señala por ejemplo como muchas empresas buscan graduados en Economía para tareas de contabilidad que podrían ejercer titulados de formación de grado medio.

Blasco estima que la sobrecualificación puede llegar al 30% y el 37% de los trabajadores. “Las empresas aprovechan la sobreoferta de titulados y el hecho de que los convenios les permiten contratarlos con salarios bajos”, reconoce, pero advierte que cuando estas personas no promocionan en la organización, esta práctica conlleva problemas como la desmotivación o la alta rotación.

La sobrecualificación explica, a juicio de Blasco, el bajo salario medio que reciben en España los graduados universitarios: 25.445 en el 2018 (los últimos datos disponibles), frente a los 17.562 que gana de media una persona sin estudios. Los doctores ganan incluso menos que los licenciados (porque en muchos casos tienen empleos precarios en la enseñanza o la investigación), mientras que quienes han cursado másters o posgrados son los que tienen el salario medio más alto (29.706 euros brutos al año), por la alta presencia en este colectivo de directivos con un máster en gestión de empresas.

“Los salarios de las personas más formadas son escandalosamente bajos –asegura Fornés–, lo que lleva a que muchos profesionales (médicos, arquitectos o ingenieros...) se vayan a trabajar al extranjero”.

El director del Adecco Institut destaca que hay una falta de adecuación creciente entre el sistema educativo y el mercado laboral: no hay salidas laborales para muchas titulaciones profesionales, mientras que otras especialidades muy demandadas han de formarse fuera del sistema, como sucede con el éxito de los bootcamps que forman a programadores. “Las empresas no pueden esperar años a que se formen los profesionales que necesitan”, explica. A esto se añade “la necesidad de continuar estudiando toda la vida, debido al rápido cambio de muchas tecnologías –explica Fornés– y al autodidactismo con formación a través de internet”. “Las titulaciones tradicionales pasan página”, asegura Blasco, que recuerda que grandes tecnológicas como Apple, IBM y Google han empezado a contratar a empleados sin estudios universitarios.

“Muchas veces los estudios no se adecuan a lo que necesitan las empresas, por eso el salario de un recién licenciado es tan distinto al de un trabajador con experiencia”, asegura Royo. Este fenómeno está llevando también a buscar sistemas de certificación que valoren los conocimientos de las personas que han aprendido de manera autodidacta o a través del ejercicio profesional.

Fornés destaca que la mayoría de las empresas no utilizan los fondos públicos para la formación procedentes de las cotizaciones sociales, y en muchos casos la concentran en el 20% de la plantilla (los que ocupan cargos directivos) cuando por el contrario es más importante dar nuevas competencias a los trabajadores menos formados para que el mercado laboral no los expulse.

La construcción ha destruido 1,3 millones de empleos desde la crisis (una caída del empleo del 50%) y tiene 137.700 personas en situación de desempleo, según la EPA, pero las empresas no encuentran trabajadores porque la mayoría de los parados están poco cualificados.

Según un informe realizado por Adecco y la Fundación Laboral de la Construcción, el 70% de los empleos que crea el sector requiere una formación profesional de segundo grado, perfiles que las empresas no encuentran.“No estamos como hace una década, cuando cualquier peón ganaba 3.000 euros mensuales. Pero los oficiales de especialidades, como los caravisteros, cobran más que un licenciado”, señala Javier Blasco.

El sector destina 60 millones de euros al año a formación y da educación profesional a 8.000 alumnos al año, “pero se quedan muchas de las plazas sin cubrir: no consigue atraer a los jóvenes”. Así, el sector ha envejecido: el 47% de sus trabajadores cuenta con más de 45 años. El gran vivero de empleo es la inmigración: el 57% de los nuevos empleados son extranjeros, con una gran mayoría de extracomunitarios.

 

 

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