Si la primavera y el verano son los peores meses para los que sufren alergias, hay trabajos que cada día son un calvario para miles de empleados. Numerosas actividades relacionadas con las industrias del calzado, la química, la alimentaria, la construcción o el sector agrícola y ganadero son una fuente generadora de alérgenos que pueden causar desde pequeñas molestias a importantes daños a la salud e incluso comportar largos períodos de baja laboral.

De hecho las alergias en el ámbito del trabajo “son unas de las enfermedades laborales más frecuentes”, precisa un informe del sindicato CC.OO. de Castilla-La Mancha. Según este estudio, “se estima que pueden producirse unos 10.000 nuevos casos al año”, pero muy pocas se reconocen como bajas profesionales. Además, hay un elevado número de casos que “pueden agravarse hasta producir una incapacidad total”.

¿Qué es una alergia?

La alergia es un exceso de celo de nuestro cuerpo. Es una hipersensibilización, o sea una respuesta exagerada del sistema inmunitario cuando se toca, inhala o ingiere una sustancia que para la mayoría de las personas es inofensiva. Al agente causante se lo conoce como alérgeno, y hay unas 3.000 sustancias identificadas como tales.Actualmente las enfermedades alérgicas en España afectan a un 33% de la población, precisan las estadísticas de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Crónica (Seaic), o sea a unos 16 millones de personas. La mitad de ellas reaccionan de manera exagerada ante los pólenes de las plantas.

Y la cifra seguirá creciendo. Según el Ecarf (Centro Europeo de la Fundación para la Investigación de las Alergias), la sensibilidad alérgica en la población aumentará por la mejora en la higiene, el mayor consumo de medicinas, el incremento de la contaminación ambiental y el aumento de temperaturas. La Organización Mundial de la Salud calcula que el 50% de la población del planeta padecerá de alergias en la próxima década.

Cabe aclarar que las personas “no nacen con alergias, sino que las desarrollamos en la vida”, precisa Victoria Cardona, responsable de alergología del Hospital Vall D’Hebrón, de Barcelona, aunque señala que hay un importante componente genético que favorece el desarrollo de algunos casos.

Las alergias en el trabajo

Se han descrito unos 300 alérgenos ocupacionales, o sea que se encuentran sólo en el ambiente laboral. A grandes rasgos, las alergias que se originan por exposición a agentes propios de trabajo se dividen en dos tipos: “las alergias respiratorias, como la rinitis o el asma de tipo profesional y las cutáneas, como la dermatitis alérgica de contacto, la urticaria de contacto o aerotransportada”, precisa Pedro Ojeda, director de comunicación de la Seaic.

Los sectores más expuestos

Entre los sectores laborales más expuestos a las alergias se encuentran el de la peluquería (con dermatitis provocadas por tintes, permanentes y productos para teñir el cabello), la alimentación y restauración (con casos de rinitis y asma por la harina y sus contaminantes como los ácaros del polvo y el moho), los servicios sanitarios (con dermatitis causada por desinfectantes, detergentes, guantes de goma y ciertos medicamentos) y la construcción (la alergia más frecuente es la dermatitis causada por contacto con el cemento, así como resinas, adhesivos y barnices).

Hay más. En la metalurgia se producen dermatitis a causa del procesamiento de metales; en la industria de la madera hay casos de rinitis y asma por polvo de madera, maderas exóticas y componentes de barnices y adhesivos; en el sector químico hay riesgos por tratar con fármacos, barnices, pegamentos, pinturas y plásticos; y entre los trabajadores de la agricultura, la veterinaria y la ganadería se producen rinitis y asma por proteínas de origen vegetal o animal, así como plantas, goma o pesticidas.

“Hay un grupo de alergias respiratorias menos frecuente que se denomina alveolitis alérgica extrínseca, y que ocurre por inhalación de material orgánico o de moho en profesiones concretas como criadores de aves, manipuladores de esparto o trabajadores de la caña de azúcar”, agrega el portavoz de la Seaic.

¿Cómo actuar?

Las alergias de tipo profesional pueden ser complejas de diagnosticar. Muchas veces la aseguradora se niega a reconocer una causa laboral en las afectaciones en el organismo. Esto suele suceder si, por ejemplo, una dermatitis es causada por un agente que no se encuentra entre las sustancias que usa una empresa. Pero esta puede estar presente como resultado de un producto secundario o una impureza que acompaña a los materiales.

En los casos de asma, puede tener un desarrollo inmediato o mantener un periodo de latencia, que la lleva a surgir meses o incluso años más tarde.
El ritmo laboral es uno de los indicadores de la relación entre alergias y empleo. Los síntomas aparecen los días en que se concurre al trabajo y la salud mejora los fines de semana o durante las vacaciones.

La detección del agente alérgeno y su tratamiento puede llevar a largos periodos de baja laboral. Si bien la legislación establece un máximo de doce meses, “se puede prorrogar otros seis meses si no se alcanzó un diagnóstico y no se produjo el alta médica”, apunta Ojeda.

El plan correcto

Para evitar la aparición de alergias, las empresas deben realizar una gestión correcta del Plan de Prevención de Riesgos Laborales. En caso de surgir síntomas, este protocolo tiene que ayudar a detectar los riesgos de cada puesto, saber qué sustancias se manipulan y su potencial de inducir casos de sensibilización alérgica.En caso de detectarse sustancias de riesgo se deben adoptar medidas como controlar los tiempos de trabajo, rotar de puesto, reforzar los equipos de protección personal, etcétera.

En la oficina

Pero también cabe evitar que los puestos de trabajo más inofensivos, como las oficinas, sean un caldo de cultivo a las alergias más tradicionales, como la reacción contra el polen o el polvo.

Por ello se sugiere que haya una correcta ventilación para disminuir la presencia de la humedad, mejorar los procesos de limpieza y mantener limpio el puesto de trabajo, evitar tener alfombras (que acumulan polvo y ácaros) y realizar una limpieza periódica de los aires acondicionados (sobre todo en verano). El cuerpo lo agradecerá.

 

 

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