Un informe del Consell de Treball Economic i Social de Catalunya constata que las condiciones de trabajo en la indústria catalana se han recuperado del impacto de la crisis, pero el sector pierde peso dentro del global de la economía. La perdida de puestos de trabajo ha ido acompañada de un descenso del número de horas trabajadas de media por los ocupados que permanecen en el sector. 

Trabajar en la industria catalana era antes de la crisis sinónimo de mejores condiciones que hacerlo en otros sectores. Y una vez la economía catalana ha salido de la recesión, sigue siéndolo. Los salarios se han recuperado más rápido, la temporalidad es más reducida, el número de trabajadores pobres más bajo y la sindicación entre las plantillas sigue siendo sensiblemente más alta, tal como constata un informe del Consell de Treball Econòmic i Social de Catalunya (CTESC) presentado este viernes. No obstante, y pese a todas esas virtudes, el sector industrial cada vez es más pequeño en el conjunto de la economía. 

Una de las primeras consecuencias del estallido de la crisis fue la destrucción masiva de puestos de trabajo y el engorde de las colas del paro. Y la otra cara de la moneda en el actual escenario de crecimiento es que el empleo crece a niveles sensiblemente superiores a la media europea, lo que en economía se conoce como un comportamiento elástico. La industria catalana sufrió ese primer escenario, aunque no gozó del segundo, a diferencia de otros sectores. Una pérdida de ocupación especialmente acusada en las actividades vinculadas a la metalurgia y que en otras como las industrias extractivas tuvo menor afectación.

La perdida de puestos de trabajo ha ido acompañada de un descenso del número de horas trabajadas de media por los ocupados que permanecen en el sector. Un descenso que el CTESC ha cuantificado de las 40,1 horas que se trabajaban de media en el 2008 a las 39,7 del 2017 y que, no obstante, el organismo señala que ha sido menor que en otros sectores. Y la recuperación del sector no pasa por más horas por trabajador, sino por ampliar la actividad. Al menos así lo perciben los ocupados, pues no es voluntad de los trabajadores aumentar su jornada. Mientras el 14,4% de los ocupados en el conjunto de la economía querría sumar tiempo de trabajo a su jornada, en la industria dicho porcentaje baja hasta el 1,4%.

Ese languidecer del histórico sector industrial viene vinculado a muchos factores y tiene una serie de efectos sobre el conjunto de la economía, aunque el presidente del CTESC, Lluís Franco, ha destacado la cuestión de la productividad. Esta, dado la pérdida de peso de la industria en favor del sector servicios es una de las principales causas explicativas de que la productividad de Catalunya haya permanecido prácticamente estancada en lo que va de siglo XXI, tal como constató el mismo organismo en un informe reciente: solo ha aumentado el 0,3%.

"El Govern de la Generalitat quiere que Catalunya continúe siendo un país industrial", ha declarado la secretaria general de Industria de la ‘conselleria’ de empresa i coneixement, Matilde Villarroya, remarcando el compromiso de la administración catalana para revertir la situación. En este sentido, ha reivindicado el papel del Pacte Nacional per a la Industria, un plan estratégico elaborado conjuntamente con sindicatos y patronales y que está teniendo un grado de cumplimiento, al menos en lo que ha despliegue presupuestario se refiere, desigual.

Mejores salarios y menos maratones

Las nóminas en la industria eran y son mejores que las que cobran, medidos a través de la variable de remuneración por horas, se han recuperado desde el estallido de la crisis en la industria, a diferencia del conjunto de la población. Si en el 2008, cuando comienza la recesión, un obrero industrial cobraba de media algo menos de 17 euros la hora, en el 2016 (últimos datos disponibles), ganó 17,5 euros la hora; casi dos euros menos que la media de la población trabajadora catalana.

Tampoco se prodigan las jornadas dilatadas en el sector industrial, o al menos lo hacen con menor intensidad que en otros sectores. Según datos del 2015, el 24,2% de los trabajadores industriales superaban las 10 horas al día, una proporción cuatro puntos por debajo de la media de la economía catalana. Lo que sí ha empeorado tras la crisis es las medidas de conciliación y flexibilidad en esos horarios, pues si bien en el 2011 el 82,4% de los ocupados en la industria afirmaba que su horario se ajustaba a su vida familiar, dicho porcentaje bajó al 71,1% en el 2015.

Más temporalidad

Entrar a trabajar a una empresa y hacerlo con un contrato temporal es una constante actualmente en el sector industrial catalán. Según datos del 2014, el 43,6% de los ocupados con menos de tres años de experiencia en una misma compañía afirmaba estar con un contrato eventual; un status que bajaba hasta el 6,6% a partir de los tres años. En algunas industrias, como las extractivas, el primer porcentaje escala hasta el 62,4%.

 

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