Los directivos a menudo asumen que la velocidad en la toma de decisiones perjudica su calidad. Sin embargo, una encuesta realizada entre más de mil ejecutivos y publicada en McKinsey Quarterly desafía esta creencia tan popular. Los autores del estudio también ofrecen consejos para tomar decisiones más rápidamente y que eso no vaya en detrimento de su conveniencia y efectividad.

Puede que la compañía, la unidad de negocios o la función organizativa que diriges se enfrente a una decisión importante que requiera aportaciones de toda la organización. Piensas que es momento de hacer balance: una buena decisión significa involucrar a las personas adecuadas (a veces mucha gente) y sacrificar la velocidad; una decisión tomada más rápidamente podría no ser tan buena, pero sí quizá lo suficientemente buena. De cualquier manera, la experiencia te dice que, en la toma de decisiones, la velocidad va en detrimento de la calidad.

Salvo que no sea así. O, mejor dicho, no tiene por qué ser así.

Nuestra encuesta realizada entre más de 1.200 personas cuestiona esta y otras suposiciones acerca de la toma de decisiones, al tiempo que subraya las frustraciones que muchos ejecutivos sienten al respecto. Una de las conclusiones que hemos extraído ha sido que la toma de decisiones consume una gran cantidad de tiempo de los ejecutivos y, además, una parte importante del mismo se emplea de modo ineficaz.

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No obstante, los resultados de la encuesta nos han permitido identificar a un grupo de encuestados que consideran que sus empresas toman decisiones de alta calidad en poco tiempo, las ejecutan rápidamente y, gracias a ellas, experimentan un mayor crecimiento, consiguen un mejor rendimiento general -o ambas cosas al mismo tiempo- con respecto a sus competidores. ¿Cómo? Además de crear un enfoque propio para adaptarse al tipo de decisión que tomar, estas organizaciones de éxito parecen seguir las siguientes prácticas fundamentales:

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Explorar las dinámicas organizativas en torno a estos últimos resultados puede ayudar a disipar las nociones preconcebidas que muchos directivos tienen sobre el equilibrio entre la velocidad, la calidad y la ejecución de las decisiones. Es decir, las decisiones que implican una gran apuesta y que son más transversales se benefician de emplear el pensamiento diverso inherente a un grupo más grande, pero esto no significa necesariamente sacrificar la velocidad. El truco está en implicar a las personas, de manera sustancial, pero no necesariamente darles voto o el poder de veto. Con la combinación adecuada de procesos y prácticas, las personas que toman las decisiones pueden involucrar a las personas adecuadas, crear consensos y asegurar el compromiso necesario para garantizar una rápida ejecución.

 

          *Aminov, Iskandar; De Smet, Aaron; Lovallo, Dan. "Good decisions don’t have to be slow ones”. McKinsey Quarterly, 02/05/2019 (Artículo consultado online el 09/05/2019).

Acceso a la noticia: https://www.mckinsey.com/business-functions/organization/our-insights/good-decisions-dont-have-to-be-slow-ones

 

 

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