Cuestiones como la igualdad de género, los derechos raciales o el ecologismo preocupan cada vez más a la sociedad. Es por eso que el 94% de los empresarios ve como una oportunidad la asunción de responsabilidades sociales y el 46% se compromete con alguna causa. Sin embargo, es importante elegir bien la causa con la que se compromete la organización para que no se genere ningún tipo de conflicto.

Cada vez más la ciudadanía pone el foco en las desigualdades, y movimientos como el feminismo, el ecologismo o la lucha por los derechos raciales cogen fuerza y se hacen virales en redes sociales con fenómenos como el #MeToo, los viernes ecológicos liderados por la estudiante sueca Greta Thunberg o el movimiento black live matters en Estados Unidos. Las empresas no quieren quedarse al margen de esta nueva toma de conciencia social y así lo asegura el informe Approaching theFuture 2019: Tendencias en Reputación y Gestión de intangibles, realizado por Corporate Excellence, un laboratorio de ideas del que forman parte grandes empresas y que está presidido por Jaume Giró, director general de la Fundació La Caixa. Según el estudio, el 94% de los directivos ve como una oportunidad el posicionamiento social  y político, frente al 6% que lo percibe como un riesgo. Casi la mitad de los directivos consultados, un 46,5%, asegura que sus empresas se han comprometido con alguna causa social. 

“Cree en algo, aunque signifique sacrificarlo todo". Esto proclamaba Nike ante la lucha por los derechos raciales en Estados Unidos, e invirtió 43 millones en exposición publicitaria, y  provocó que sus ventas subieran hasta un 31%, según Bloomberg. Este aumento de las ventas no fue casual, recoge el estudio Marcas en valores: un 58% de los ciudadanos estaría dispuesto a pagar más por una marca ética y responsable, y un 60% prefiere elegir marcas que se preocupen por aspectos sociales. Pero aunque todo parezca positivo a la hora de practicar activismo corporativo, hay que saber elegir bien la causa, sino se puede correr el riesgo de caer en el branshaming. Es decir, que la sociedad valore negativamente el posicionamiento social tomado por la empresa, ya que considera que está apoyando políticas que perjudican el bien común. 

En esta nueva batalla por los derechos sociales, son los directivos los que deberían liderar el cambio, en lugar de esperar a que los gobiernos lo impongan, expone el estudio Trust Barometer 2019. Así lo cree el 76% de la población, sobre todo en temas como la igualdad salarial, los prejuicios, la discriminación y la formación necesaria para los trabajos del futuro. Pero los empleados aún ven con cierto temor que su empresa se implique políticamente. El 71% considera que "es crítico", es decir, inconveniente, que su director responda a cuestiones relacionadas con acontecimientos políticos, crisis nacionales y asuntos relacionados con su bienestar.

El Approaching the future 2019 pone el foco en cómo los directivos deben usar su gran influencia social y política para conseguir un impacto positivo en la sociedad. Así lo aseguró Chip Bergh, presidente de Levi Strauss&Co: "Como líderes empresariales con influencia en el ámbito público y social, simplemente no podemos quedarnos callados cuando se trata de problemas que amenazan la integridad de las comunidades en las que vivimos y trabajamos.

 

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