¿Por qué se promociona antes a los ineptos? La clave a menudo es la confianza en sí mismos. Es frecuente que la sobrevaloración de uno mismo coincida con la incapacidad de evaluar adecuadamente a los demás. ¿Cómo lidiar en el trabajo con personas que sufren el efecto Dunning-Kruger?

En 1999, David Dunning y Justin Kruger publicaron un estudio titulado Inexpertos y no conscientes de ello: cómo las dificultades para reconocer la propia incompetencia conducen a autoevaluaciones infladas. Fue inspirado por un ladrón que no salió de su asombro al ser detenido tras haber robado dos bancos a cara descubierta, creyéndose invisible ante las cámaras de seguridad gracias a zumo de limón. La suya fue una interpretación peculiar de la reacción química que permite la tinta invisible (escribir algo con ese jugo en papel y que solo se pueda leer cuando se le acerca una llama por debajo). Este singular atracador sobrevaloró sus conocimientos reales y se convirtió en el paciente cero del popular efecto Dunning-Kruger, que se basa en que alguien se siente más preparado o inteligente que otros, a pesar de que realmente no es así.

Hoy cualquier persona puede detectar con cierta facilidad en su entorno de trabajo a personas aquejadas de esta falta de perspectiva sobre sí mismas.“Veo todos los días a compañeros que defienden con aplomo sus capacidades en áreas de las que no tienen ni idea, pero ahí siguen, e incluso prosperan. Realmente es increíble”, cuenta Eduardo sobre su experiencia en una competitiva multinacional. Este sesgo conlleva múltiples problemas en cualquier empresa y sus
posibles consecuencias negativas son más importantes cuanto mejor ubicados estén quienes lo padecen.

Laura recuerda así su anterior etapa laboral en una consultoría digital: “Me colocaron un jefe al que el director apreciaba mucho, pero no sabía dónde ubicar, ya que no había puestos vacantes para él. Esa persona no tenía ni idea de la labor que hacía mi equipo y enredaba con decisiones absurdas, hasta el punto de empeorar nuestros resultados. Me peleé con él y logró que me echaran. Pero a él le despidieron nueve meses después, porque el dueño de la empresa se dio cuenta de que no sabía nada de lo que tenía entre manos”.

En casos así se mezclan las dos caras del efecto Dunning- Kruger, ya que es frecuente que la sobrevaloración de uno mismo coincida con la incapacidad de evaluar adecuadamente a los demás. El coste de una situación de este tipo puede ser la desmotivación o la salida de personas con potencial por la frustración de verse obligadas a trabajar bajo la gestión de quienes no lo tienen, con la consiguiente descapitalización de talento de la empresa.

¿Por qué se promocionan entonces antes a los ineptos? La clave a menudo es la confianza en sí mismos, que con frecuencia es una de las cualidades más vinculadas al liderazgo, o al menos a la noción de saber qué estás haciendo. Si demuestras seguridad en lo que haces y dices, incluso estando equivocado, en no pocos casos es probable que obtengas una proyección mayor que alguien que está más cualificado pero no es capaz de transmitirlo.

La autoevaluación de una persona provista de fe en sí misma es por naturaleza mayor que la de alguien mejor dotado intelectualmente pero más inseguro sobre sus propias capacidades. De ahí que en muchas empresas existan jefes carismáticos que no tienen conocimientos que justifiquen su posición, pero sí habilidades concretas que les permiten manejarse con soltura en las dinámicas internas, y avalar de paso ante inferiores y superiores su gestión sobre temas que no dominan.

En todo caso, cualquier persona es susceptible de sufrir este sesgo en un entorno laboral. Y por eso es importante ser crítico con uno mismo y pedir opiniones sinceras a los demás, en el proceso constante de mejorar como trabajador y como persona. La paradoja consiste en que, cuanto más sabes de algo, más consciente eres de todo lo que ignoras y eso te ofrece una visión más humilde de ti mismo.

Si reconoces en un compañero o un jefe una intolerancia real a aceptar los errores propios o a admitir los aciertos de los demás, es probable que estés ante una persona con un sesgo de este tipo. Si tienes una relación constante con él, especialmente si hay dependencia, debes actuar con cuidado para evitar un ambiente tóxico y perjudicial para ti.

Debes aplicar empatía en la medida de lo posible, para intentar entender por qué se comporta de esa manera. Si detectas inseguridades en el fondo de esa actitud, puedes exponer tú mismo tus carencias en primer lugar para intentar crear un clima de relativa confianza. A partir de ahí, puedes incidir en lo bueno que sería que esa persona completara su formación en determinados aspectos, de forma que pueda sentirse más satisfecha con su aportación y a su vez comprenda mejor la de los demás.

A nadie le gusta que se ponga de relieve lo que no sabe, pero a cualquiera puede suponerle un reto interesante aprender lo que aún no conoce. La diferencia entre ambas situaciones es un poco de tacto y psicología.

 

 

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